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CONVERSATORIO SOBRE DESPLAZAMIENTO Y REINSERCIÓN
Abril 04 de 2006 (Bogotá – Cundinamarca)

Compatriotas:

Quiero saludarlos a todos muy afectuosamente. Me complace mucho acudir hoy a la Universidad para hablar de dos temas fundamentales de la vida nacional: el desplazamiento y la reinserción.

Un Gobierno que está culminando a esta altura tiene el deber fundamental de hacer rendición de cuentas. Y qué bueno que sea aquí, en el auditorio del Colegio Mayor de Cundinamarca, donde yo deba, como Presidente que ha ejercido desde agosto del 2002, dar rendición de cuentas sobre dos temas trascendentales de la vida nacional.

Me acompaña un conjunto de compañeros del Gobierno Nacional que han tenido las responsabilidades en ambos temas, y oportunamente les pediré a ellos unas precisiones para que esta sea una buena oportunidad de rendición de cuentas.

Permítanme, en primer lugar, felicitar a la Universidad por estos 60 años, por una tarea encomiable, abnegada, en momentos mejor entendida, en momentos con serias dificultades.

Decirles a ustedes que creo en una universidad colombiana masiva, crítica, científica, fraterna. Que creo en una universidad colombiana masiva y crítica, porque son elementos de la ciencia fundamentales.

Las sociedades democráticas no pueden excluir de la oportunidad de la ciencia a sus ciudadanos. Para una sociedad incluyente, que es elemento fundamental de la democracia, las oportunidades educativas no se pueden negar. Sin ellas no se da un principio esencial de la democracia, que es abrir los caminos de la movilidad social.

Creo en una universidad crítica, porque la ciencia tiene que ser crítica, porque la ciencia es un proceso ininterrumpido de avance, de construcción de verdad. La verdad relativa, la única que está al alcance del ser humano, no es una verdad que se estanque, es una verdad que hay que enriquecer día a día, a través del trabajo científico.

Creo en una universidad crítica, porque en cualquier sociedad del mundo, aún más en sociedades con serias dificultades de orden público, de empleo, de equidad social, de pobreza, como la sociedad colombiana, la universidad tiene que ser la caja que reciba todos los problemas nacionales, que los estudie, que haga una réplica frente a la sociedad, proponiendo críticamente qué es lo que se debe hacer.

Esa interrelación entre sociedad y universidad, para que la universidad sea el laboratorio que estudie la problemática social, y el laboratorio del cual salgan las recomendaciones a la sociedad, tiene que ser una interrelación dinámica, una interrelación analítica, crítica, profunda.

Pero la universidad, para construir una sociedad incluyente, crítica, no puede ser ni dogmática, ni puede ser violenta. Para que la crítica y la ciencia permitan avances sociales, se necesita despojarse del dogmatismo y avanzar por los caminos de la no violencia, por los caminos de la fraternidad.

Cuando la ciencia está acompañada del odio de clases, el odio de clases bloquea el avance científico, lo niega, simplemente estanca el proceso de creatividad, que es fundamental en la ciencia.

Cuando la ciencia y la crítica están acompañadas de antagonismos insuperables, la ciencia y la crítica no producen lo que siempre se espera de ellas: un debate creativo, sino simplemente un antagonismo de posiciones.

Y cuando las posiciones se vuelven, llegan a un punto de antagonismo insuperable, entonces dejan de aportarles a las soluciones que entre todos se tienen que crear.

Una sociedad para ser incluyente no puede ser de odios. En ese momento, por ser concluyente, termina en una sociedad fraccionada.

Una sociedad para ser incluyente tiene que ser crítica, tiene que tener valores sociales, tiene que ser solidaria y fraterna. La fraternidad, en el propósito de que todo el mundo contribuya a entender la necesidad del prójimo y a sacar adelante las reivindicaciones que el prójimo demanda, es un camino para hacer práctica la solidaridad.

Es menos difícil construir solidaridad a través de la fraternidad, que construir solidaridad a través del odio.

Con esta introducción permítanme decir: estos dos temas, el desplazamiento y la reinserción, son inseparables de la Seguridad Democrática.

Tienen una relación íntima, profunda, en cada momento de la vida nacional con la Seguridad Democrática.

¿Por qué el proyecto de Seguridad de este Gobierno se ha llamado Democrático? Para distinguirlo de proyectos de seguridad dictatoriales en el continente, para distinguirlo de una época que fue la época de la doctrina de la Seguridad Nacional, cuando se invocaba la seguridad para cercenar las libertades, para cerrar los medios de comunicación, para proscribir la oposición.

Nosotros hemos buscado una Seguridad Democrática que proteja por igual a quienes defienden las tesis de Gobierno, que a quienes se oponen a las tesis de Gobierno. Una seguridad que proteja por igual al líder sindical, que al líder empresarial. Una sociedad que proteja por igual al periodista amigo del orden establecido, que al periodista crítico.

Si ustedes miran, encontrarán lo siguiente: el Referendo de 2003 le dio plenas garantías a la oposición y a la abstención, se adelantó bajo la regencia de la Seguridad Democrática.

Ocurrió un sábado. Al otro día, domingo, se llevaron a cabo en el país elecciones de alcaldes, gobernadores, diputados y concejales. De nuevo se puso a prueba la Seguridad Democrática. Por primera vez fueron elegidos para los más altos cargos del Estado candidatos de oposición de verdad, que venían promovidos por partidos alternativos a los tradicionales, apoyados por partidos en los cuales participaban antiguas guerrillas, etcétera.

Ellos tuvieron todas las garantías de la Seguridad Democrática, toda la protección de la Seguridad Democrática. Durante la campaña, en el proceso de elección y cuando ganaron esas posiciones, se les han reconocido, en la práctica, todos sus derechos.

Hemos buscado construir un ambiente de gobernabilidad a partir de reconocer los derechos ganados en lides democráticas por todos los gobernadores y alcaldes de Colombia.

Cuando este Gobierno empezó había casi 400 alcaldes que no podían ejercer en sus municipios, amenazados por el terrorismo. La Seguridad Democrática ha permitido que hoy todos ejerzan en sus municipios.

Antes de este Gobierno, hubo años cuando fueron asesinados en Colombia 165 líderes sindicales. Todavía asesinan. El año pasado fueron asesinados 12. Quisiera decirle al mundo que ya no asesinan líderes sindicales. No lo hemos logrado. Pero hay un trecho muy importante, al pasar de 165 a 12.

Cuando este Gobierno empezó, encontrábamos un periodismo bastante condicionado en regiones, o por la guerrilla o por los paramilitares. 12–15 periodistas asesinados por año. Todavía asesinan. El año pasado nos asesinaron dos, pero encontramos hoy un periodismo en todas las regiones más libre. Un periodismo más confiado para denunciar.

Las recientes elecciones de parlamentarios, pusieron de nuevo a prueba la Seguridad Democrática. El terrorismo quiso interferirlas y no pudo. Los candidatos opositores y amigos de las tesis del Gobierno, rodeados de Seguridad Democrática, visitaron todos los lugares de la Patria, lanzaron todas las consignas que quisieron.

Cuando comparo esto que se vive en Colombia con proyectos de seguridad que se aplicaron en otras partes del continente, veo que ya la diferencia no hay que hacerla en la teoría, pues la práctica permite subrayar la diferencia.

Aquí la Seguridad es Democrática porque con casi cuatro años de haberla practicado, faltando mucho por recorrer, todavía con reveses, deficiencias, dificultades, ha permitido que se profundice la democracia colombiana.

Colombia ha tenido siempre garantías constitucionales y retóricas para todas las expresiones del pluralismo democrático. En los cuatro años, lo diferente es que esas garantías han pasado del texto constitucional, de la proclamación retórica, a la práctica. Yo creo que esto es bien importante.

La violencia, no enfrentada con contundencia en Colombia, produjo un desplazamiento al exterior de 4 millones de ciudadanos, y un desplazamiento interno de cerca de 3 millones.

Cuando llegó este Gobierno, encontramos más de 50 mil personas vinculadas a los diferentes grupos terroristas.

Hemos utilizado la Seguridad Democrática para proteger los ciudadanos en todas las partes del país, a fin de que no los sigan desplazando. Para proteger a los colombianos, a fin de que no tengan que irse forzosamente al extranjero.

No hemos frenado el desplazamiento interno, pero hay una gran reducción que se ha venido presentando año tras año. En el 2002 Colombia tuvo 424 mil desplazados. En el 2003, 220 mil. En el 2004, 162 mil. En el 2005, 159 mil.

Entre enero y marzo del 2002, hubo 126 mil. Entre enero y marzo del año en curso, 20.004 desplazados.

Siempre hay una diferencia muy grande en el trimestre primero del año cuando empezó el Gobierno, de 126.398 desplazados, a 20.004 en este trimestre.

Estas cifras no son cifras caprichosas del Gobierno. Si algo caracteriza a la democracia colombiana, es independencia institucional que no permite mentir con las cifras.

Estas cifras son unas cifras que permanentemente la Alta Consejería para la Acción Social, tiene que homologar con organismos internacionales como Naciones Unidas y como la Cruz Roja Internacional.

Quisiera poder decirles hoy a los colombianos, desde esta Universidad Colegio Mayor de Cundinamarca, que está frenado el desplazamiento. No está frenado, pero sí sustancialmente disminuido. La lucha tiene que ser hasta frenarlo.

En cuanto al problema del desplazamiento al exterior, vemos hoy más confianza de los colombianos, vemos hoy una tendencia decreciente de esa diáspora en que nos encontrábamos, de esa Colombia en estampida en que nos encontrábamos.

En mis conversaciones con los colombianos hace cuatro años, encontraba que grandes mayorías, especialmente de jóvenes, querían irse del país definitivamente. Hoy veo que ha disminuido muchísimo ese porcentaje, que la ciudadanía tiene más confianza en Colombia, más confianza para permanecer en Colombia.

No teníamos la política de relaciones internacionales ajustada para atender cuatro millones de colombianos en el extranjero. Apenas la estamos ajustando, falta mucho.

Procuramos tener el TPS con los Estados Unidos, que es un tratamiento especial que en ese país le han dado a desplazados de otras Naciones. No lo hemos podido conseguir, pero hemos avanzado con lo que se llama la matrícula consular, que la estamos entregando en varias ciudades de los Estados Unidos y que ayuda a los colombianos que allí residen a defenderse en algunos campos.

Logramos con el Gobierno de España un gran acuerdo para legalizar muchos de los colombianos que allí llegaron, despavoridos por la violencia de nuestro país. En España hemos mejorado sustancialmente.

Cito yo esos dos casos como casos de lo que tiene que ser una política estructurada para algo para lo cual no estaba preparada Colombia: atender con su política internacional un universo tan grande de ciudadanos colombianos que viven por fuera del país.

Le voy a pedir, después de esta introducción en el tema del desplazamiento, al doctor Luis Alfonso Hoyos, que nos cuente no solamente estas cifras que yo les he narrado, sino qué hemos hecho para la atención temporal de desplazados, qué ha ocurrido en la evolución del presupuesto de la Nación.

Si la memoria no me falla, cuando llegué Colombia destinaba 80 mil millones al año, 88 mil millones al año, a atender desplazados. El año pasado, más de 440 mil millones. Este año alrededor de 880 mil millones.

Y el documento Conpes, entregado a la Corte Constitucional, compromete al Estado colombiano a invertir en la atención de desplazados alrededor de un billón al año en los próximos años.

Le voy a pedir al doctor Luis Alfonso Hoyos que nos explique qué ha pasado en subsidios de vivienda para desplazados. Unas cifras totalmente objetivas donde se muestran avances, pero todavía insuficientes frente a las necesidades de este drama.

En un Gobierno democrático la rendición de cuentas tiene que tener la menor subjetividad posible. Nosotros tenemos que presentar los avances, pero también reconocer todo lo que falta frente a un drama de esta magnitud.

Quiero, como no es tema de él, hacer referencia a otra causa del desplazamiento. El desplazamiento no solamente da por violencia. El desplazamiento se da por falta de oportunidades en muchas regiones colombianas.

Nosotros hemos venido adelantando una política, por ejemplo en pavimentación de carreteras, que muchos analistas económicos no aceptan.

Hoy estamos pavimentando en las regiones colombianas 3.200 kilómetros. Se llama el Plan 2.500. Está en plena ejecución.

Aquí mismo en Cundinamarca hay un gran kilometraje rural en plena ejecución. Analistas económicos dicen: ¿por qué se están gastando ese platal en esas vías para los municipios? ¿Por qué no se concentran solamente en las grandes vías de competitividad?

Porque este país hay que unirlo. Las gentes de las regiones no se pueden seguir sintiendo unas gentes totalmente aisladas, menospreciadas, sin infraestructura.

Porque a los colombianos que viven en las regiones hay que darle oportunidad de tener mejor infraestructura. Eso evita desplazamiento.

Colombia en los próximos años tendrá que dedicar el presupuesto de la Nación para obras públicas, a construir las vías de competitividad, que le permitan a nuestra economía ser más competitiva.

No creo que haya manera de seguir con un programa masivo de vías departamentales. Antes de que termine este Gobierno, el 7 de agosto, seguiremos adelantando una tarea: contratar un empréstito de mil millones de dólares con la banca internacional, gestionado por el Gobierno, avalado por el Gobierno, para entregarlo a los departamentos, a fin de que ellos lo ejecuten y lo paguen.

Lo ejecuten en el mejoramiento de vías departamentales. Y a medida que lo vayan cancelando, la Nación les ayude a conseguir un crédito por la suma igual a la que cancelen, para tratar de mantener un fondo rotatorio financiero para vías departamentales, contratado por la Nación, avalado por la Nación, ejecutado y pagado por los departamentos, para el mejoramiento de esas vías.

Para adelantar programas sociales que frenen el desplazamiento, quiero mencionarles algunas acciones.

Primero, estamos creando en este Gobierno 80 centros educativos universitarios regionales. El primero fue en Aracataca. En municipios de esa naturaleza, para ir acercando las oportunidades universitarias a las personas que viven en las regiones y frenar el desplazamiento.

Segundo, el Sena esta hoy en todos los municipios de Colombia, no con edificios sino con programas. Cuando yo era candidato a la Presidencia hace cuatro años, decían: ‘no voten por Uribe que cierra el Sena’. Lo cerramos a la politiquería, lo masificamos para el pueblo colombiano.

En ese momento el Sena atendía millón 100 mil estudiantes por año, el año pasado atendió tres millones 600 mil. Pasó de cinco 700 mil horas de enseñanza, a 13 millones.

Tiene un programa muy bello para bachilleres rurales, que se llama Jóvenes Rurales, iniciado en este Gobierno. En los últimos dos años ha atendido por año 110 mil – 127 mil jóvenes rurales, jóvenes campesinos, bachilleres, sin preparación laboral y sin posibilidades de ingreso a la universidad.

Por supuesto falta mucho, porque lo que ahora están pidiendo es crédito, para poder emprender proyectos. Pero hemos dado un gran paso con la masificación del Sena. Eso ayuda a evitar desplazamiento.

Este país incorporó en la administración presidencial un programa muy importante para las regiones. Se llama Familias en Acción. Este Gobierno lo ha financiado y lo ha crecido.

Hoy estamos llegando a 600 mil familias. Familias de los estratos de menores ingresos. Reciben un subsidio, lo recibe la mamá de la casa para la educación y la nutrición de los hijos. Ese programa en las grandes ciudades no se le conoce porque apenas está llegando.

Ese programa ha estado en 741 municipios de Colombia. Es en lo que está hoy.

El país empezó con 100 municipios, 200. Este Gobierno tiene hoy 741 y en el mes de mayo estará llegando a 850 municipios.

En la medida que una familia, en una región de los sectores más pobres, tenga subsidio para la educación y la nutrición de sus hijos, eso ayuda a evitar desplazamiento.

Hemos hecho las provisiones presupuestales para que este año podamos tener 650 mil Familias en Acción y para que el país quede preparado para llegar a un millón de Familias en Acción y empezar a llegar a los sectores más pobres de las grandes ciudades. Ya estamos completando 100 mil familias desplazadas, incluidas en el programa Familias en Acción.

Para la seguridad alimentaria se ha impulsado un programa muy importante por parte del doctor Luis Alfonso Hoyos. Se llama el programa Resa, el programa de seguridad alimentaria.

El Estado da asistencia técnica, gestiona recursos de crédito, semillas e incipiente maquinaria agrícola, para que el campesinado pueda tener mejor producción, mejor productividad y tener mejor seguridad alimentaria.

¿Luis Alfonso, cuantas familias han sido atendidas hasta ahora con el programa Resa? Cerca de 350 mil familias. En un país con tanta pobreza, ese es un principio muy grande pero totalmente insuficiente.

Lo importante es que todos estos programas vienen concibiéndose seriamente, aplicándose seriamente, y todos apuntan a fortalecer las regiones para frenar el desplazamiento.

El tema de la reinserción. ¿De donde surge la reinserción?

La reinserción surge de la aplicación de la Seguridad Democrática. La Seguridad Democrática conlleva un mensaje de autoridad en frente de quienes quieran persistir en la violencia, y al mismo tiempo una oportunidad de reconciliación para aquellos que quieran abandonar la violencia.

El proceso de paz con los paramilitares no ha surgido de la espontaneidad de los paramilitares. Ha habido facilitadores como la Iglesia Católica, pero fundamentalmente una acción de autoridad del Estado, con transparencia democrática.

En este Gobierno han sido dados de baja alrededor de 1.640 integrantes de organismos paramilitares. Antes se hablaba de paramilitarismo en cócteles, en foros muy exclusivos de la intelectualidad política, pero las regiones sentían ausencia del Estado en la lucha contra el paramilitarismo.

Contra la guerrilla que lo originó, las regiones sentían total ausencia del Estado. Hace cuatro años, con las milicias Antonio Nariño, llegó un momento en que tuve que hacer mi campaña en Bogotá encerrado, en un estudio de televisión blindado. Creo que la manera como se han realizado las últimas elecciones en Bogotá, las de 2003, las parlamentarias de ahora, la libertad de que están gozando los candidatos muestra un avance importante en esta materia.

La Seguridad Democrática en este Gobierno conlleva una decisión totalmente firme para enfrentar el terrorismo, sin claudicaciones, pero también una disposición total para abrir los caminos de negociación. Firmeza frente al terrorismo, generosidad en la negociación.

El Eln, que como todos estos grupos, es muy duro con este Gobierno, ya ha entrado en lo que llamamos una fase exploratoria de acuerdos de paz. Se han hecho dos reuniones en Cuba de esa fase exploratoria. Y el Gobierno, que ha tenido toda la firmeza para combatir las acciones violentas, también ha tenido toda la decisión para facilitar la paz.

Yo firmé hace pocos días el decreto que les permite a los líderes del Eln salir de la clandestinidad, gozar la libertad, en la confianza de que al percibir ellos en su propio ser lo amable que es el ejercicio de la libertad, en sus reflexiones interiores relacionen la libertad con la paz y reafirmen su decisión de construir la paz.

Todo esto nos ha llevado a tener hoy alrededor de 35 mil reinsertados, alrededor de 28 mil paramilitares y 7 mil individuales de guerrillas. Eso cuesta mucho atenderlo, es muy difícil. Imaginen ustedes un municipio grande de la ladera cundinamarquesa, de 35 mil personas, todos reinsertados.

La identificación, el proceso judicial, el pago de un estipendio mensual, la depuración, este sí es, aquel no es, darles estudio, oportunidades de empleo, emprendimiento es una tarea muy difícil. Es uno de los grandes retos que tiene Colombia.

Y es un universo llamado a crecer, porque el país está hoy en las vísperas del desmonte del paramilitarismo. Faltan dos grupos reconocidos: un grupo en el norte del Chocó que aún no se ha desmovilizado, que está ya definiendo la desmovilización con el Alto Comisionado, el doctor Luis Carlos Restrepo. Al mando ha estado de ese un grupo un señor a quien conocen con el remoquete de ‘El alemán’. Y otros grupos de los Llanos Orientales, que las Fuerzas Militares han combatido con toda decisión.

En Bogotá hemos avanzado bastante en el desmonte de las milicias Antonio Nariño de la Farc y de los grupos paramilitares, no obstante todo lo que falta en seguridad ciudadana.

Entonces esa creciente desmovilización implica crecientes esfuerzos de reinserción.

Guarden esta cifra en su mente: este año la atención a los desplazados, la atención en la reinserción y el pago de Familias Guardabosques, un programa nuevo que ha sido traído por este Gobierno, que tiene 33 mil familias campesinas que antes se dedicaban a las drogas ilícitas, ahora trabajando como Familias Guardabosques.

Programa muy bello porque esas familias se han comprometido a mantener un área libre de drogas. Eso lo supervisa y lo certifica Naciones Unidas. Y el Gobierno Nacional, cuando Naciones Unidas da el certificado de que están cumpliendo, les paga.

Esos tres programas: desmovilizados, desplazados y Familias Guardabosques, este año cuestan billón y medio. Programas muy costosos.

Cuando se desmovilizó el M-19 se desmovilizaron 960 personas y entregaron 205 armas. Cuando se desmovilizó el Epl, se desmovilizaron 2.556 personas y entregaron 850 armas. Los 28.357 desmovilizados de estos grupos mal llamados paramilitares, han entregado 16.077 armas.

Las desmovilizaciones han contribuido a mejorar indicadores de seguridad. Cuando este Gobierno empezó, en Colombia asesinaban 66 ciudadanos por cada 100 mil habitantes. El año pasado 38. Este año en lo acumulado llevamos otra disminución de homicidios del 15 por ciento.

Entre el 2002 y el 2005, el número de homicidios atribuibles a los paramilitares que han estado en procesos de paz, disminuyó en un 72 por ciento. Este año eso cayó en un 88 por ciento.

Entre 2002 y 2005 las masacres atribuibles a estos grupos disminuyeron en un 77 por ciento. Entre enero y febrero de este año (no sé marzo), no ha habido masacres de estos grupos.

O sea que esa combinación de Seguridad Democrática, ejercicio de autoridad, oportunidades de desmovilización y de reinserción, con todos los costos, retos, dificultades de la reinserción, va produciendo unos buenos alivios en Colombia. Retos, muchos.

El sábado estuve varias horas en la mañana en los hogares Don Bosco, de Ciudad Bolívar, donde tenemos un programa entre el Sena y la Comunidad Salesiana.

Estuve mirando los proyectos de microempresa de reinsertados, tanto de los paramilitares como de la guerrilla. Proyectos muy bellos, unos ya produciendo confecciones, otros produciendo derivados lácteos, otros trabajando en el sector metalmecánica, otros produciendo dibujo, con miras a convertirse en productores de dibujo industrial de gran importancia.

¿Qué me reclamaban todos ellos? Créditos de emprendimiento. ¿Con quién vamos a trabajar?

Entonces ese día allí cosechamos frutos y recibimos desafíos. El sábado cosechamos el fruto del esfuerzo para capacitar estos grupos, pero recibimos el desafío de que les tenemos que garantizar emprendimiento, empleos, ingresos permanentes. Es un desafío muy grande, que no lo puedo ocultar.

Y también hay quejas. Muchos campesinos dicen: bueno, pero, ¿por qué les dan oportunidades a estos que han estado en la violencia, y no a nosotros?

Anoche daba a mis compañeros en el Consejo de Ministros una razón. Les decía: miren, el presupuesto en favor de los reinsertados es bajo, frente al presupuesto total social en Colombia. Yo les dije: reconozcamos.

Cuando un campesino me dice a mí o un obrero urbano: ¿por qué les dan la oportunidad a los violentos y no se las dan a los pacíficos?, yo les digo: tienen toda la razón. Tienen toda la razón en la queja. Es el costo de una situación que, porque no se le puso freno a tiempo, casi derrota la democracia colombiana.

Yo no conozco un país, en época reciente, con una población semejante a Colombia, con más de 50 mil integrantes de grupos terroristas, ni conozco un país que tenga un programa de desmovilización de esta magnitud.

Cuando hablaban de la guerrilla irlandesa, eran unas docenas. Allá un problema religioso, democrático, de más de 100 años. Cuando se ha hablado de la Eta, la guerrilla española, se hablaba de docenas. Aquí de varios, de muchos miles.

Es un tema mucho más desafiante en Colombia que en otros países que han merecido toda la atención y todo el apoyo del mundo.

Me acompaña el doctor Luis Alfonso Hoyos, quien ha tenido su responsabilidad sobre el tema de desplazados. Y el doctor Juan David Ángel, quien tiene su responsabilidad sobre el tema de reinsertados, y la doctora Julia Gutiérrez de Piñeres, subdirectora del Sena, quien tiene su responsabilidad para los proyectos de empleo y los proyectos de emprendimiento de los reinsertados.

Para agradecerle nuevamente a la Universidad, en cabeza del Rector, del Decano, y a todos ustedes.

Pasaría, señor Rector y señor Decano, si ustedes lo tienen a bien, a escuchar personas del auditorio que quieran formular interrogantes, comentarios, quejas, sobre este problema. El debate tiene que ser con absoluta franqueza, con total respeto a las personas, y tiene que ser puntual.

Yo rogaría omitir discursos generales, porque nos convocaron aquí, en estos 60 años de la Universidad, a dos temas específicos: reinserción y desplazamiento.

El señor Rector ofrece la palabra, yo tomo nota, acumulo cinco intervenciones de cinco estudiantes o profesores de la comunidad universitaria, y enseguida las respondo. ¿Quiénes quieren hacer uso de la palabra?

Muchas gracias.

 
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