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Palabras del Presidente Álvaro Uribe
en el Sexto Congreso Nacional de Infraestructura

Noviembre 27 de 2009 (Cartagena)
     
 

“Quiero dar un saludo muy respetuoso a todos ustedes. Agradecer su generosidad con el Gobierno, que tanto nos compromete a mis compañeros y a mí. Felicitarlos por el enorme progreso.

Creo yo que, sin intentar hacer comparaciones odiosas, es difícil encontrar un país del continente y un país del globo, en este momento tan difícil de la economía, que haga una reunión de la calidad y del tamaño de esta reunión que ustedes han integrado. Honra a Colombia.

Quiero agradecer inmensamente las palabras de su Presidente el ex ministro Juan Martín Caicedo Ferrer (Presidente de la Cámara Colombiana de la Infraestructura) en toda su estructura.

La generosidad con aspectos muy importantes de las políticas públicas, el balance del tema de infraestructura. En qué hemos avanzado, qué nos falta. Y lo que propone en nombre de ustedes para el futuro del país.

Es un país democrático, descentralizado. La descentralización es una institución fundamental de nuestra Constitución, importantísima para mantener la unidad nacional, pero que en algunos temas como los planteados, al tener que respetarla también se constituye en un obstáculo, por ejemplo para tener una sola matriz de contratación.

Bicentenario e infraestructura

Quiero reaccionar a esas propuestas futuristas tan importantes, de la siguiente manera: Nosotros en el año 2006, con el esfuerzo del doctor Santiago Montenegro, como Director Nacional de Planeación, propusimos al país la Visión 2019, una visión de largo plazo para que el país en todos estos años del Bicentenario (de la Gesta Libertadora) se esfuerce en lograr sus metas.

Me parecería de la mayor importancia que ustedes y el Gobierno discutieran toda esta propuesta futurista, para que el resultado de esa discusión sirva como elemento para actualizar el capítulo de infraestructura de la Visión Segundo Centenario.

Y también poner una fecha, que lo tengamos listo el 30 de marzo. Pero que además de integrarlo a la Visión Segundo Centenario, quede toda esta discusión sobre el futuro del sector –en todos los capítulos que ha presentado el doctor Juan Martín Caicedo–, quede en un documento Conpes que sirva de orientación a las futuras administraciones.

Yo pediría entonces que el doctor Esteban Piedrahita, Director de Planeación, con el apoyo de Mateo Restrepo, quien es el Alto Consejero Presidencial para la Política Anticíclica, para su seguimiento, asuman la responsabilidad de coordinar la interlocución del Gobierno con el gremio y entregar el 30 de marzo el Conpes debidamente aprobado y también la revisión de la política de infraestructura, con miras al 7 de agosto de 2019.

Quisiera invitarlos a tener un diálogo con ustedes sobre un menú temático que consideramos de bastante importancia.

Confianza en Colombia

El tema de la confianza en el país: Cómo hemos avanzando y cómo se debe proyectar. Sus tres pilares: la seguridad con valores democráticos, la inversión con responsabilidad social y la política social.

Invitarlos a pensar en esos temas, a tener un norte para el país, a avanzar mejorando esos temas, a mantener el país en una dinámica de mejoramiento continuo, sin estancamiento y sin bandazos.

Los pueblos tienen que tener un horizonte, saber cuáles son los caminitos, para aproximarse lo más cercanamente a ese horizonte, no quedarse en el estancamiento, pero tampoco dejarse atraer a los bandazos.

Quisiera invitarlos a ese menú temático.

En el tema de la seguridad: avances, retos, el reto de las bandas criminales, del narcoterrorismo en sus expresiones, de evitar que sea reversible esta política, el reto de la sostenibilidad financiera, el reto urbano, la razón histórica de esos retos.

En el tema de confianza e inversión, mirar las reformas estructurales logradas, las que faltan, mirar los avances no solo en el Foro Económico Mundial, que nos ha reconocido un avance de cinco puestos, sino también en el Doing Bussines del Banco Mundial. Mirar qué nos diferencia de América Latina en cuanto al tratamiento de la inversión.

Yo diría que América Latina tiene tres categorías de tratamiento a la inversión. Unos países totalmente hostiles a la inversión, que piensan que las revoluciones socialistas del pasado fracasaron porque no tenían la riqueza de los productos básicos y que las nuevas van a salir airosas por tener la riqueza de los productos básicos.

Pero al destruir toda la confianza inversionista, por más riqueza que haya en productos básicos, si no se cambian las lecciones de la historia, pueden conducir esos países al fracaso.

Una segunda categoría de países: aquellos países que no han afectado la confianza inversionista, pero que no la defienden. La toman como algo ganado, y lo que hemos visto en los últimos tiempos en nuestro continente, es que esa confianza inversionista se puede destruir muy fácilmente.

Y una tercera categoría de países, donde está Colombia, que la valora, lucha por ella, la defiende en lo domestico y en lo internacional.

Mirar el tema tributario, el ajuste. Por qué los incentivos, por qué la idea de darle un tratamiento diferente a aquellos que invierten, del tratamiento a aquellos que no invierten.

El tema de las deducciones, que creo que tienen que haber ayudado en el mejoramiento del equipamiento de la ingeniería colombiana, el tema de los pactos de estabilidad, el tema laboral, sus implicaciones domésticas e internacionales. Hoy es imposible obtener la aprobación de un tratado de comercio si los países signatarios no acreditan una normatividad y una práctica de total respeto a los derechos de los trabajadores.

Mirar el tema laboral en sus costos, pero asociado también, consolidado, con toda la tasa de contribución en Colombia. Uno no puede disociar los costos laborales de seguridad social, de parafiscales, del conjunto de la tributación. Mirar el tema laboral también en cuanto a las normas de contratación, de finalización de contratos de trabajo con el tema de los aprendices.

Yo ahora le preguntaba al doctor Balcázar (Guillermo Balcázar, Presidente de la Junta Directiva de la Cámara Colombiana de la Infraestructura) si la ingeniería está contratando aprendices. ¿Por qué? Porque Colombia en el Sena, en la institución del contrato de aprendizaje, ha dado un vuelco enorme. Yo creo que terminamos este año con no más de 150 mil aprendices; teníamos 30 mil. Pero hoy tenemos un techo, apreciados compatriotas, para llegar a millón 300 mil aprendices.

Es una oportunidad que no se está aprovechando lo suficiente, a favor de los jóvenes colombianos y a favor de las empresas. Yo creo que ahí hay un reto bien, bien interesante, para la ingeniería y para todos los sectores reales de la economía colombiana.

Tratados, mercados e inversión

Revisar el tema de los tratados internacionales. Una Patria que tenía tratados de comercio con cinco países, nuestros hermanos andinos y México, y que en julio del año entrante debe tener tratados de comercio con 47, y que ahora empieza a negociar los tratados de comercio con Singapur y con Corea, para tener más ingresos, a ese gran foco de prosperidad de la economía del mundo que es Asia. Y por razones políticas fundamentales.

Pensar en dos aspectos medulares. Si a mí me preguntaran qué requiere la prospección de la economía colombiana, yo no vacilaría en contestar, todo lo que requiere lo podemos agrupar en dos capítulos: una alta y sostenida tasa de inversión, en el largo plazo, altísima, ininterrumpida tasa de inversión, y acceso a mercados.

Mirar los temas de financiación a los cuales se refirió ampliamente el señor ministro de Hacienda. Examinar el tema social, la Revolución Educativa, sus grandes avances, los faltantes, los grandes retos. El tema de ciencia y tecnología, la nueva Ley, un gran salto en recursos; todavía una baja inversión ante el PIB. El tema de la salud. Un país con 41 millones de ciudadanos asegurados, una economía de 4 mil dólares de ingreso per cápita; los Estados Unidos con una economía de 43, 45 mil dólares de ingreso per cápita, con un enorme problema, 47 millones de trabajadores sin afiliación.

Nosotros con una economía pobre, con desequilibrios sociales, con 41 millones de colombianos asegurados. Pero los retos. ¿Cómo vamos a nivelar el régimen contributivo con el régimen subsidiado? ¿Cómo vamos a garantizar la financiación de la salud en el largo plazo, para que este gran logro del país, que se está aproximando a la cobertura universal, sea un logro irreversible.

El tema de infraestructura.

Con un tratamiento omnicomprensivo, de la mayor importancia en el discurso que acabamos de escucharle al doctor Juan Martín Caicedo. El tema del mejoramiento del ingreso, su distribución, la productividad del país, su competitividad.

Quiero invitarlos a que examinemos a criterio de ustedes un menú temático sobre el cual acabo de hacer un listado enunciativo. Permítanme que yo les pida inicialmente la palabra para referirme a uno solo de esos temas, a uno solo de esos temas, el por qué de la Seguridad.

Seguridad, buenos gobiernos y violencia histórica

Colombia ha tenido buenos gobiernos, buenos líderes, buenas políticas públicas, pero no ha tenido tan buenos resultados.

Ahora en la víspera del Bicentenario, es importante que historiadores, economistas, politólogos, nos digan por qué ese desbalance. Yo he querido aportar a mis compatriotas una reflexión: en 200 años de vida independiente, apenas hemos tenido 47 años de paz. Pienso que eso nos ha frustrado, que eso no ha permitido los logros que pudieron haberse obtenido de buenos gobernantes, buenos gobiernos, buenas políticas públicas.

Creo que el país tiene que hacer una reflexión sobre esa materia, mantener un compromiso público sólido, invulnerable para que este siglo sea el siglo del desquite, de la prosperidad colectiva que requiere muchos presupuestos, pero uno fundamental, cambiar la tendencia y lograr una tendencia sólida de seguridad y de paz.

Violenta la conquista, violenta la reconquista; violencia entre nosotros en las guerras de la Independencia. Da tristeza saber cómo terminó Miranda (Francisco de Miranda), después de que en Londres, en 1812, fue quien recibió a Bolívar y lo introdujo en la sociedad europea para empezar el proceso de búsqueda de apoyo de algunos países europeos a nuestra gesta emancipadora.

Es conmovedor el relato del fusilamiento de Piar, el final del héroe de Ayacucho (Sucre), de José María Córdova, del Almirante Padilla. Piensa uno –y es bueno llamar la atención de los historiadores–, que el Libertador finalmente gastó más energías en enfrentar las guerras intestinas que en derrotar a los españoles.

Yo me he preguntado por qué no tuvimos oportunidad de tener al Libertador al frente del Gobierno más tiempo. Cuando regresaba de la Campaña del Sur y dejaba a Sucre consolidando a la naciente Bolivia que se derivaba del Alto Perú, el Libertador, cuando todos proponían que se podía dedicar al buen gobierno, tuvo que gastar sus energías un día para evitar los amagos contra la Gran Colombia que provenían del general Paez en Venezuela. Y al otro día para enfrentar semejantes tentativas del General Juan José Flores en el Ecuador.

¡Qué momentos tan difíciles! Y esas violencias. Entonces uno podría hacer un recuento de frustraciones, en una obra magnífica del ex canciller, historiador, filósofo, el profesor López de Mesa (Luis López de Mesa), se refiere él a las grandes frustraciones nacionales.

Dijo que la primera fue la eliminación de la Cultura Agustiniana, que la segunda frustración fue la eliminación de la Cultura Chibcha, que la tercera fue la desintegración de la Gran Colombia, que la cuarta frustración fue la incapacidad de la Constitución del 63 (1863) de producir los mejores resultados, y la última en el análisis del profesor López de Mesa, la separación de Panamá. Signadas esas frustraciones por la violencia, es su elemento común.

Cuando muere el Libertador, regresa el General Santander, emprende una fabulosa política educativa. El Ministerio entrega periódicamente a las instituciones más destacadas de educación de Colombia la Medalla Francisco de Paula Santander.

Pero esa revolución educativa duró muy poco. Vino la Guerra de los Supremos, eso desembocó en aquellos gobiernos tan inestables de finales de los años de 1840, en toda la inestabilidad de los años 1850, todo ese proceso de violencia que antecedió a la constitución del 63.

Pero ya se había dado uno de los tantos magnicidios. Cuando regresaba el Mariscal Sucre de cumplir una misión en Venezuela, para tratar de salvar la integración de la Gran Colombia, se le ordenó por el Libertador que tenía que ir al sur del país. Obando gobernaba Nariño y había la angustia de que el proceso de desintegración que emprendió el General Flores desde Ecuador arrastrara a Nariño. Sucre tenía planeado viajar por Buenaventura.

Don Domingo Caicedo, quien era Vicepresidente del Libertador, por razones que todavía no ha esclarecido la historia, le recomendó irse por Popayán y Pasto. El primer atentado contra su vida fue cruzando el río Magdalena en el Tolima Grande, en el Huila. Y sorprende, porque era gobernador allí José Hilario López. Después que salva ese atentado llega a Popayán y cuando emprende el camino a Pasto, en Berruecos es asesinado.

Uno de los autores materiales del crimen fue finalmente sentenciado con pena de muerte, pero apenas los historiadores han enfocado algunos elementos para radicar la autoría intelectual del asesinato de Sucre en el General Obando.

Sucre murió el 4 de julio de 1830 y sin embargo, Obando fue uno de los presidentes de Colombia de la década de los años 1850.

El país recibió con alborozo la Constitución del 63. La sucedieron gobiernos de grandes líderes. La Patria periódicamente recuerda en la revolución de las comunicaciones a ese pionero que fue el Presidente (Manuel) Murillo Toro. En la defensa de las libertades públicas a ese baluarte del carácter santandereano que de quien fue Aquileo Parra.

Los gobiernos del bienio, que tuvieron grandes líderes, no pudieron salir adelante por la inestabilidad y la violencia. Apareció una figura sobresaliente, Núñez (Rafael Núñez), el mejor líder latinoamericano de la época en moneda, en banca, en intervención del Estado, en la dirección de la economía. Se anticipó 40 años a los desarrollos latinoamericanos en esa materia.

Primero elegido Presidente del Estado de Bolívar, porque él entendió que el desorden era el principal enemigo de las libertades. También comprendía plenamente el espíritu caribeño, sabía que esa alegría que trasciende en el espíritu caribeño, su espontaneidad, está fundada no en la anarquía sino en todo lo contrario, en el orden, como ocurrió después cuando se instaló en Barranquilla la Batalla de las Flores.

Siete años de paz

El Gobierno de Núñez nos dejó siete años de paz, de progreso. El historiador Rodolfo Segovia cuenta cómo en esos pocos años de paz de la administración Núñez florecieron las primeras industrias del Caribe y se dio un gran desarrollo en la economía cafetera en la Colombia Andina. Pero eso duró poco.

Vino la Guerra Civil de 1895 y no había terminado cuando estalló la Guerra Civil que conocemos con el nombre de la Guerra de los Mil Días; en realidad fue de mil 128 días, 100 mil muertos.

La paz se hizo en el trimestre final de 1902, no porque hubiera una seria vocación de paz, sino porque el país estaba destruido. Hubo tres acuerdos, uno en el buque Wisconsin en Panamá; allí acudió el General Alfredo Vásquez Cobo, en representación de las fuerzas gubernamentales y los delegados de las fuerzas insurgentes del General Benjamín Herrera.

El otro acuerdo en Chinácota, cerca de Cúcuta. Allá acudió el General Ramón González Valencia, quien años después sería Presidente en el momento en que sale del país el General Reyes (Rafael Reyes), y un acuerdo bien importante en la finca Neerlandia en el Magdalena. Lo pactaron el General Florentino Manjarrés en nombre de las fuerzas gubernamentales y el General Rafael Uribe Uribe en nombre de las fuerzas insurgentes.

En aquella memorable ocasión dijo el General Uribe Uribe: ‘el país está destruido, esta todo por reconstruir. Nuestros padres y nosotros mismos nos equivocamos cuando creímos hacer Patria con las armas, con los fusiles destructores de la violencia. El único camino es hacer Patria con las herramientas fecundas del trabajo’.

Panamá había intentado separarse. En alguna ocasión, cuando el incendio de Colón, que los panameños advirtieron la falta de autoridad en Colombia, estuvieron a punto de separarse. No lo hicieron porque llegó el General Rafael Reyes, enviado por el Gobierno de la época a reestablecer el orden y lo reestableció. Pero Panamá siguió con todas esas dudas y al año siguiente de los acuerdos que le pusieron punto final a la Guerra de los Mil 28 días, se separó Panamá.

Al medio día de aquel 3 de noviembre, el General Pedro Nel Ospina entró al Palacio de San Carlos y le dijo al Presidente Marroquín (José Manuel Marroquín) quien se encontraba leyendo una novela en francés: ‘Presidente, Panamá se está separando. Está firmando el acta de separación’. Un acta bellísima. Es un acta que no tiene una palabra de agresividad, no tiene una letra de agriedad, dicen los panameños que se separan como hermanos, que han llegado a la mayoría de edad y que quieren ejercer esos derechos.

Es importante que la historia nos esclarezca qué influyó más en la separación de Panamá. Nuestra falta de autoridad –el gran descuido para garantizarles seguridad a los panameños, para rodearlos de condiciones de prosperidad– o la política del gran garrote del Presidente Roosevelt (Teodoro Roosevelt) de los Estados Unidos.

Vinieron gobiernos muy importantes. Ese Gobierno realizador de Reyes, nunca bien comprendido que, en medio de la hostilidad del debate político, tuvo que abandonar el país.

Después, el Gobierno de Pedro Nel Ospina. Realizador. Invirtió los 25 millones de la indemnización de Panamá. Un Gobierno histórico de Alfonso López Pumarejo. Diría yo que es quien definitivamente insertó al país en la modernidad. Mal interpretado a pesar de ser muy estudiado.

Algunos, cuando destacan de López Pumarejo la defensa de los derechos de los trabajadores, quieren oponerlo a los intereses de las empresas. Pero él fue el gran constructor de la convergencia entre los intereses de una empresa moderna y la necesidad de defender los derechos de los trabajadores. Diría yo que es un gran precursor en la fraternidad que debe darse entre la empresa y el trabajador.

No había cosechado el país suficientemente los frutos de esa administración y empezaba la violencia partidista. Rosemary Thorp, la historiadora económica, en un libro sobre la historia económica del siglo XX, destaca que Colombia tuvo grandes logros, que es el único país que logró conservar una caficultura en pequeña propiedad, que es el único que logró una caficultura próspera con esa estructura propietaria. Y lo asigna a dos hechos: al nacimiento de la Federación Nacional de Cafeteros y a la decisión del Presidente Eduardo Santos de adquirir el manejo del Fondo del Café a la Federación. Un paso talentoso.

Estalla la violencia

Pero estalló la violencia entre los partidos. Fue anterior al 9 de abril (de 1948). Esos años entre 1940 y 1948 estuvieron signados de hechos de violencia. No se habían apagado las llamas a pesar de los pactos del Frente Nacional y entonces, en el entusiasmo de la Revolución Cubana triunfante, se escogían dos países para replicarla: Bolivia y Colombia.

Aparecían aquí las guerrillas marxistas. Su propósito era sustituir la argumentación en la lucha política por la lucha violenta de clases, sustituir el Estado democrático por la dictadura del proletariado.

¡Cuántos años de esa lucha! ¡Cuántas dificultades! ¡Cuántos atrasos! Hace una semana en Cartagena la Superintendencia de Industria y Turismo realizaba un foro para examinar una de nuestras reformas estructurales más importantes: la nueva Ley de Competencia, que da mucha tranquilidad a la inversión, que estimula la inversión, protege a los consumidores.

Para mí eso es algo que necesitaba el país. Lo más importante fue haber recordado que, 50 años antes, en la administración Lleras Camargo (Alberto Lleras Camargo), teniendo como Ministro de Hacienda a Hernando Agudelo, el país dictó la Ley 155, de gran importancia en esa materia.

Casi hoy bastaría con la Ley 155. Pero ¿que le tocó al Presidente Lleras Camargo? Primero, enfrentar ese derramamiento de sangre de la violencia entre los partidos, acordar con el ex Presidente Laureano Gómez el Pacto Nacional y, como Presidente de la República, asistir a ese nacimiento y crecimiento de las guerrillas destructoras del marxismo.

Vinieron otros gobiernos de gran importancia. Ese Gobierno de transparencia de Valencia (Guillermo León Valencia) de vigor. La administración realizadora del Presidente Lleras Restrepo (Carlos Lleras Restrepo); su capacidad de contradecir la teoría económica mundial, de enfrentar esa crisis cambiaria que teníamos encima.

En el momento en que el Presidente Lleras Restrepo enfrentó la crisis cambiaria, al país escasamente le quedaban 50, 55 millones de dólares de reservas. Y el contrarió toda la teoría económica y dictó el Decreto 444.

Las estrategias de desarrollo del Presidente Pastrana (Misael Pastrana Borrero), el Upac (Unidad de Poder Adquisitivo Constante) en los primeros años fue excelente.

El Gobierno de Alfonso López Michelsen tiene otro punto bien interesante para destacar ¿Por qué Colombia no cayó en la crisis de la deuda en que cayeron muchos países latinoamericanos?

Porque la administración López Michelsen, con gran sentido providente, impidió que le país se inundara de aquellas atractivas ofertas de crédito que venían del Medio Oriente, en aquella bonanza de petróleo del Medio Oriente, por esa época.

En esta idea de tener un retrovisor positivo y procurar llevar a las universidades de Colombia a las nuevas generaciones un punto positivo de cada uno de los que nos han gobernado, uno encuentra tantas cosas buenas, tantos liderazgos destacados, pero los logros reducidos por la violencia.

Y en lugar de derrotar esas guerrillas marxistas, aparece el paramilitarismo –reacción igualmente cruel– y los dos quedan cooptados por el narcotráfico.

Uno puede decir dos cosas: una más para la connotación histórica, otra que la sienten las presentes generaciones. Solamente hemos vivido 47 años de paz en dos siglos de existencia y las generaciones vivas desde principios de los años 1940 hasta la fecha no han vivido un solo día de paz.

La seguridad no se puede poner en riesgo

Por eso, este tema de la seguridad es fundamental, apreciados compatriotas, este tema de la seguridad es un tema que no se puede poner en riesgo.

Es un tema sobre el cual tiene que crearse un sólido consenso nacional, mejorarla, garantizarle la financiación, atender los nuevos clamores, pero ser muy concientes de que la seguridad es un valor fundamental para que el siglo XXI sea un siglo de desquite y de prosperidad.

Sobre los diferentes temas tratados esta tarde y también invitándolos a mirar ese menú temático que quise enumerarles, con la coordinación del doctor Juan Martín Caicedo, con el mayor gusto ofrezco atender inquietudes y preguntas de ustedes”.
 
     
 
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
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