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Palabras del Presidente Álvaro Uribe Vélez
en la Cátedra Colombia

7 de mayo de 2010 (Bogotá)
     
 

“Acudo, lleno de sentimientos de Patria, a esta ceremonia de conmemoración de un aniversario tan importante de la Escuela Superior de Guerra.

Es un inmenso honor para el general Freddy Padilla de León, Comandante General (de las Fuerzas Militares) y Ministro de Defensa encargado, y para mí, condecorar en el día de hoy con la Medalla Militar ‘Escuela Superior de Guerra’ a un héroe de la Patria, el señor general Alberto Ruiz Novoa, que con todos sus años de servicio, su heroísmo, es un faro para guiar la acción del Ejército de Colombia.

Es un inmenso honor entregar el reconocimiento de la Revista Fuerzas Armadas al señor general Álvaro Valencia Tovar, una de las mentes más lúcidas de las Fuerzas Armadas de Colombia en su historia, y uno de los compatriotas que en la vida de la reserva más ha iluminado el pensamiento nacional.

Al mayor general de la reserva activa, José Roberto Ibáñez Sánchez, Presidente de la Academia Colombiana de Historia Militar, quien ha ejercido la noble tarea de examinar, de compilar, de mantener viva la historia de nuestra institución armada.

Al brigadier general de la reserva activa, Gabriel Puyana García, por esa tarea tan importante de iluminar la acción de las Fuerzas Armadas como articulista permanente de la revista Fuerzas Armadas en el periodo 1960 al año 2010. Una tarea de la inteligencia, de la perseverancia y del amor a Colombia.

Es un exceso de generosidad de los soldados de mi Patria entregarme este doctorado (como Magíster en Defensa y Seguridad Nacional). Lo recibo por una razón de afecto a Colombia, por la generosidad de ustedes. Simplemente he tratado de apoyar su heroica lucha, necesaria para Colombia.

Esta ceremonia me trae una mezcla de reacciones: dolor por todos los caídos, al mismo tiempo gran admiración por nuestra Fuerza (Pública) y también esperanza en lo que habrá de ser el futuro de las nuevas generaciones.

Pertenezco, como muchos de ustedes, a una generación que hace parte de varias que no han tenido un día de paz. Mi generación nació en la violencia entre los partidos. Nuestra niñez se cruzó asistiendo un día a que unos ciudadanos asesinaban a otros por pertenecer al partido contrario.

Y cuando llegábamos a la adolescencia se había pactado el final de la violencia entre los partidos por los pactos del Frente Nacional, liderados por los ex presidentes Alberto Lleras y Laureano Gómez, inmediatamente empezaban a sonar los fusiles de las guerrillas marxistas que habían escogido a Colombia y a Bolivia como los objetivos para replicar la revolución cubana, como los nuevos teatros para sustituir el Estado democrático por la dictadura, el ejercicio argumental e intelectual de la política por la lucha violenta de clases.

Hubo en el país más violencia, más pobreza, más desempleo, más desconfianza. Generaron la reacción igualmente cruel del paramilitarismo. Con unos y otros avanzó el narcotráfico; quedaron ambos copados por este, y es la historia que ha vivido el país desde los años 40 hasta la fecha, la que tenemos que superar.

Hoy recordamos con dolor a todos los compatriotas asesinados en esta terrible y larga noche que tenemos que superar.

Y al recibir este inmenso honor de nuestra Escuela Superior de Guerra, desde aquí pienso en los soldados y policías de la Patria que a esta hora están en los pabellones de sanidad, están con los ortopedistas, con los cirujanos plásticos, tratando de hacer un enorme esfuerzo para superar sus mutilaciones, las mutilaciones que han encontrado en su entrega para devolverle a Colombia la generosidad.

Pero también tengo un sentimiento de alegría, de acariciar la posibilidad de que las nuevas generaciones de colombianos puedan vivir en una Patria segura, que les de mejores oportunidades de prosperidad.

Quiero agradecer a ustedes tanta generosidad y su esfuerzo patriótico de todos estos años. Podríamos hacer muchas evaluaciones de lo que ha sido la Seguridad Democrática, permítanme algunas.

El país ha recuperado unos monopolios que nunca debió perder.

La palabra paramilitar se escogió en Colombia para denominar bandas privadas criminales cuyo propósito era combatir a las guerrillas. El paramilitarismo ha sido desmantelado; el monopolio de las Fuerzas Armadas para combatir a todos los criminales ha sido recuperado. Esto honra a Colombia, no podemos permitir que lo distorsionen.

‘No permitamos las distorsiones de la Seguridad Democrática’

Muchos adversarios de la Seguridad Democrática  no la combaten de frente, sino que tratan de deslegitimarla y por eso desconocen el desmantelamiento del paramilitarismo, y tratan de crear confusiones en la opinión nacional e internacional, afirmando con total oposición a la evidencia que todavía en Colombia hay paramilitarismo.

No permitamos esas distorsiones.

Yo he entendido y compartido el carácter no deliberante de las Fuerzas Armadas, pero creo que sí hay una deliberación necesaria: la deliberación para defender su tarea, para defender sus resultados.

En nombre de la tesis de que las Fuerzas Armadas no son deliberantes, no se puede llegar al extremo de impedir a las Fuerzas Armadas la defensa de su acción y la defensa de sus resultados.

Está bien que en las Fuerzas Armadas no haya deliberación partidista. Es bastante útil para la Patria que en las Fuerzas Armadas no haya sesgos partidistas, que en las Fuerzas Armadas no haya inclinaciones de participar en el debate político, pero eso es diferente a la necesidad de que en las Fuerzas Armadas haya deliberación en el campo internacional y en el doméstico para defender a la institución, para defender sus acciones, es necesario.

Recuperación del monopolio de la justicia

Hemos recuperado el monopolio de la justicia.

La justicia en Colombia es autónoma y es independiente, pero en muchas regiones de Colombia había sido desplazada e intentaba ser reemplazada por cabecillas de los grupos terroristas. En muchas regiones de Colombia, los campesinos afirmaban cómo eran los cabecillas terroristas los que querían imponer justicia, resolver los pleitos de familia, los pleitos de vecinos. Hoy, gracias a la Seguridad Democrática, jueces y fiscales pueden ejercer sus funciones en todo el país.

Las víctimas no reclamaban, no reclamaban por temor o porque lo encontraban inútil. La Seguridad Democrática ha dado confianza. Hoy hay más de 280 mil víctimas registradas, hemos avanzado en un proceso de reparación administrativa, hemos invertido ya 700 millones de dólares, y el país tendrá que seguir haciendo un enorme esfuerzo en esa materia.

Reparación total no hay, pero quiero hacer sobre esto dos comentarios.

El primero: todo esfuerzo de reparación elimina sentimientos de venganza, anula semillas de odio.

Y un segundo comentario: la reparación más importante es el derecho a la no repetición.

Nada ganamos con crear confianza entre las víctimas para denunciar y reclamar, nada ganamos con reparar a las víctimas que hasta hoy se han registrado, si no frenamos esta violencia.

Por eso la mejor reparación es la continuidad, el mejoramiento permanente de la Seguridad Democrática, para garantizar a los colombianos el derecho a la no repetición.

Seguridad Democrática, garantía para la descentralización

Otro intangible de gran importancia: la Seguridad Democrática ha salvado la descentralización.

El país ha tenido una lucha histórica por la descentralización. Diría yo que hay hitos de avance de la descentralización en el siglo XX.

La administración del Presidente Carlos Lleras, en la reforma constitucional de 1968, introdujo el situado fiscal  para darle una garantía de participación en las rentas nacionales a las regiones.

El país había discutido durante largos años la elección popular de alcaldes, no se logró en los estados que hicieron parte de la Constitución de 1863,  tampoco se logró en la Constitución del 86.

El liberalismo, bajo la presidencia del general Benjamin Herrera, reunido en Ibagué en 1923, encabezó un memorando de reivindicaciones políticas con la propuesta de la elección popular de alcaldes. No se lograba. Fue el entonces senador Álvaro Gómez Hurtado, quien en la administración del Presidente Belisario Betancur propuso el Acto Legislativo que se aprobó, un gran paso.

La administración del Presidente Betancur introdujo las leyes descentralistas 11, 12; y la Constitución del 91 el Sistema General de Participaciones y la elección popular de gobernadores.

¿Pero qué había pasado con la descentralización?

El 8 de agosto de 2002, antes de que aparecieran los primeros rayos del sol, al este, asomándose entre los picos de la Sierra Nevada, aterrizamos en Valledupar para empezar ese día la Política de Seguridad Democrática; y en la tarde en Florencia, para empezar la Política de Revolución Educativa.

Los alcaldes del Caquetá estaban todos asilados, no podían desempeñarse por las presiones del terrorismo.

¿Para qué elección popular de alcaldes y gobernadores, si el terrorismo no les permitía desempeñar sus funciones?

El terrorismo había maltratado esa institución de la descentralización.

¿Y cómo nos había traicionado el terrorismo?

Era yo estudiante de la universidad pública, y las guerrillas hacían llegar comunicaciones en las cuales anunciaban que de aprobarse en Colombia la elección popular de alcaldes y la elección popular de gobernadores, ellos de inmediato harían la paz.

Nos engañaron.

Y es bueno recordar los engaños de la historia para evitar nuevos engaños en el presente y en el futuro.

Los mismos que pidieron la elección popular de alcaldes y gobernadores como condición para hacer la paz, al día siguiente de la aprobación de la elección popular de alcaldes y gobernadores se convirtieron en sicarios de la descentralización, presionando con sus acciones terroristas a los mandatarios locales.

Pero ese no fue el único atentado contra la descentralización.

Las guerrillas abrieron el camino de la corrupción a sangre y fuego, para robarse las regalías de los departamentos petroleros, carboneros, y para robarse las transferencias que las Nación hacía llegar a esas regiones.

Primero el Eln y las Farc, y después compitiendo con ellos los mal llamados grupos paramilitares.

La Seguridad Democrática ha rodeado de garantías a todos los alcaldes y gobernadores de Colombia, sin detenernos en el origen político de su elección.

Se ha recuperado la vigencia de la descentralización, con reveses y dificultades.

Mantenemos el corazón enlutecido por el secuestro y el asesinato en diciembre del Gobernador del Caquetá (Luis Francisco Cuellar).

Pero qué bueno poder decir hoy que los soldados y policías de la Patria, en nombre de la Seguridad Democrática, rodean de garantías la descentralización.

Y el avance para derrotar a los grupos terroristas, es el avance para proteger las finanzas de las entidades territoriales contra el avance de corrupción del terrorismo.

Creo que la Patria está en mejores condiciones hoy para que cese ese asalto sobre las regalías de petróleo, regalías de carbón, regalías mineras en general, y sobre los recursos del sistema general de participaciones.

Ahí se ve cómo la Seguridad Democrática es un gran camino para luchar contra la corrupción, para luchar por la legalidad.

¿Por qué? Porque la arrogancia de los criminales había construido en la Patria desprecio por la ley; la arrogancia de los criminales había construido en la Patria todas las posibilidades para asaltar el erario público; es la arrogancia de los criminales la que además dio el ejemplo de conducir la contratación, para privilegiar ilegítimamente algunos proponentes.

La lucha de la Seguridad Democrática contra estas prácticas es el gran principio para restablecer la vigencia de la legalidad, el respeto de todos los ciudadanos a la legalidad, y para restablecer el camino de la transparencia.

Creo que allí hay un gran logro.

Seguridad para todos, sin distingos políticos

Otro: se ha restablecido la libertad política. No porque los gobierno anteriores la hubieran coartado –que nunca lo hicieron- sino porque el avance del terrorismo afectaba esa libertad.

La Corte Suprema ha adelantado juicios sobre conductas individuales, pero el país, institución ninguna, han adelantado el juicio sobre las realidades que se impusieron en la Nación entera.

Los terroristas afectaron las libertades políticas.

En muchas regiones de Colombia no se podía hacer política sin el permiso del narcotráfico, sin el permiso de la narcoguerrilla, sin el permiso del narcoparamilitarismo.

Ese juicio no se ha hecho, esa realidad no ha sido examinada en los estrados judiciales.

Es muy importante que la memoria nacional no permita que esa situación que se le creó a Colombia quede en la impunidad. Es mayor el deber de los dirigentes de la política, que el deber de los ciudadanos del común, pero no se puede ignorar ese estado de cosas que impuso el terrorismo y que coartó las libertades del ejercicio de la política.

Hoy, gracias a la Seguridad Democrática, candidatos de todas las tendencias, amigos del Gobierno hasta aquellos de la más radical oposición, agitan sus tesis y se desplazan con libertad por los caminos y carreteras de Colombia, acuden libremente a todos los auditorios y escenarios de la Patria.

Diría yo que los procesos electorales de 2003, 2006 y 2007, y este de 2010, muestran en Colombia un gran avance en materia de recuperación de libertades efectivas, gracias a la Seguridad Democrática.

Bien importante.

Apreciados comandantes, alumnos y compatriotas: este proceso de seguridad lo ha adelantado el heroísmo de los soldados y policías de la Patria en el marco de la legislación ordinaria, no de la legislación marcial; en el marco del respeto a las garantías individuales, a los derechos políticos. Eso honra a Colombia.

Hace poco unos interlocutores europeos no afectos a este Gobierno me reconocían en una charla relativamente privada, que ellos, dada la situación que vivía Colombia, nunca aceptaron que Colombia pudiera superar ese poder del terrorismo, manteniendo al mismo tiempo incólume el respeto a las garantías civiles, a los derechos políticos, y que reconocen que eso que ellos pensaron que nunca se podía lograr, se ha logrado en Colombia.

Muy apreciados generales y comandantes: en algún momento se pensó que era fundamental un marco jurídico restrictivo para poder avanzar en materia de seguridad; los hechos han demostrado que aquello que más legitima la seguridad es avanzar en un marco jurídico de legislación ordinaria, sin el más leve asomo de restricción de libertades.

Eso honra infinitamente a las Fuerzas Armadas de la Patria.

Permítame entrar en lo que podían ser pequeños logros de la Seguridad Democrática, pero es importante que el país reflexione sobre ellos.

Seguridad, fundamental en el crecimiento económico

Esta Patria ha logrado una trayectoria de inflación baja. Eso es muy bueno para la economía, esa es una gran defensa de la capacidad adquisitiva de los sectores más pobres; eso da señales claras a los empresarios, da señales claras a lo que puede ser una política de salarios en el largo plazo, da señales claras para mantener tasas de interés relativamente bajas, que permitan, con el endeudamiento, construir valor, no destruir la economía.

Todos los colombianos reconocemos el esfuerzo del Banco de República, muchos colombianos reconocen el esfuerzo de la política fiscal del Gobierno, pero hay un actor fundamental en el éxito de Colombia en la lucha contra la inflación: las Fuerzas Armadas.

La seguridad, derivada del heroísmo de los soldados y policías de la Patria, ha permitido un gran aumento de la oferta productiva, y ese aumento de la oferta productiva es fundamental para tener una inflación baja.

En estos años de Gobierno, el país ha pasado de cuatro millones de hectáreas en agricultura a casi cinco millones.

No es el día para hablar de lo que se ha hecho desde el área económica y social  para hacer factible ese crecimiento de las áreas sembradas, es el día para reconocer que esa expansión del área agropecuaria ha tenido una causa eficiente, determinante: el heroísmo de los soldados y policías de la Patria, la Seguridad Democrática.

Permítanme reconocer otro tema sobre el cual hace falta reflexión nacional, sobre el cual hace falta reconocimiento internacional.

Quien quiera de ustedes que recorra los caminos de la Patria, puede preguntarles a interlocutores de confianza si el narcotráfico ha seguido apropiando la tierra rural colombiana.

En el Valle del Cauca, en el Quindío, en mi comarca antioqueña, en la Costa Caribe, por donde quiera que yo converso con mis compatriotas, con interlocutores de confianza, me dicen: ‘Presidente, gracias a la Seguridad Democrática se acabó ese asalto del narcotráfico sobre la propiedad rural’.

Ya en la Patria no se observa ese fenómeno tan dañino del narcotráfico apropiándose de la tierra rural. Eso se le debe a la acción de los soldados y policías de la Patria. Y eso hay que profundizarlo.

Reflexionar sobre estos logros no es para bañarse en aguas de laureles, es para ver que es posible, y para mantener un norte, un rumbo todos los días, sin estancamiento y sin abandonar ese rumbo, en mejoramiento continuo.

Los retos son muchos.

Fuerzas Armadas, las primeras en denunciar errores

Hay enemigos ideológicos de la Seguridad Democrática que procuran deslegitimarla.

Hay factores de criminalidad y hay más exigencia de la comunidad colombiana.

Muy apreciados soldados y policías de mi Patria: la mejor defensa contra aquellos que pretenden deslegitimar la acción de la Fuerza Pública, es la capacidad de la Fuerza Pública de denunciar, primero que cualquiera otra persona, cualquier error de la propia Fuerza Pública.

Quiero insistir en una recomendación: no esperemos, no esperen las Fuerzas Armadas que tenga que venir la denuncia formulada por el enemigo de las Fuerzas Armadas.

Que cuando haya un error, que cuando un integrante de las Fuerzas Armadas cometa un delito, sea la propia Fuerza Armada la que denuncie ese delito ante la opinión pública y ante la justicia.

Que la opinión pública, que la ciudadanía, sienta que las Fuerzas Armadas no necesitan que lleguen unidades de investigación del extranjero a escudriñarlas, que las Fuerzas Armadas tienen la capacidad, el coraje, el compromiso de Patria de detectar por su propia acción cualquier anomalía, cualquier delito imputable a uno de sus integrantes, de comunicarlo con incurable buena fe a la opinión pública, y de sancionarlo con todo el rigor.

Creo que esto es fundamental para la legitimidad.

Creo que es fundamental para la legitimidad mostrar una acción permanente de corregir dificultades.

Esto es: así como hay que defender lo bueno hay que reconocer dónde tenemos dificultades, y con humildad, recorrer el camino para superar esas dificultades.

Es muy importante que la deliberación de las Fuerzas Armadas –nunca, nunca en materia partidista, siempre, siempre en materia institucional- que la deliberación de las Fuerzas Armadas defienda su proceder.

Hoy en Colombia los ciudadanos denuncian, sin el temor de antes, cualquier dificultad. Y entonces se llama falso positivo cualquier denuncia sobre violación de derechos humanos.

Un aspecto bueno: los ciudadanos hoy no tienen temor en denunciar.

Un aspecto bueno: las Fuerzas Armadas han tomado las decisiones para sancionar desde el punto de venta administrativo, aquellas personas que con omisiones pudieran a ver dado lugar a conductas violatorias de los derechos humanos.

Un aspecto bueno: las Fuerzas Armadas no han obstaculizado a la justicia ordinaria para examinar lo que pudieran ser violaciones de derechos humanos.

El imperativo de defender a las Fuerzas Armadas

Pero un aspecto que tenemos que corregir: hoy, y lo hemos visto a lo largo de este Gobierno, para desacreditar a la Política de Seguridad Democrática, se señala como violación de derechos humanos u homicidio extrajudicial, toda acción legítima de las Fuerzas Armadas.

Dan de baja a un terrorista, e inmediatamente hay organizaciones profesionales para el descrédito de las Fuerzas Armadas, que acuden a decir que era un humilde campesino, que no tenía que ver nada con los grupos terroristas, que lo asesinaron, que no hubo combate, que estaba en condiciones de indefensión.

Así como hay que tener el valor para reconocer violaciones de derechos humanos y corregirlas, y sancionarlas, hay que tener el vigor para defender a las Fuerzas Armadas contra las acusaciones injustas.

A mí me parece preocupante que mientras las Fuerzas Armadas con humildad aceptan y corrigen errores, no haya una gran fortaleza deliberativa para defenderse frente a las falsas acusaciones.

El mundo tiene que saber todos los casos de falsas acusaciones, porque hay hipocresía.

Muchas personas que quisieron el triunfo de los narcoguerrilleros en Colombia, y que hoy se sienten derrotados por el avance de las Fuerzas Armadas, no se atreven a oponerse a la Política de Seguridad Democrática de manera abierta, sino que lo hacen de manera hipócrita, a toda hora arropados en la bandera de los derechos humanos, tratando de desacreditar a las Fuerzas Armadas.

Por eso se necesita deliberación, nunca en materia partidista, siempre en materia de defensa de la institucionalidad.

Hace dos días sentí tristeza en la Universidad del Norte de Barranquilla, porque un niño de 17 años trajo una serie de insucesos que se han presentado en miembros aislados de las Fuerzas Armadas, y dijo que eran iguales a la guerrilla.

Le dije: ‘¿Cuántos años tienes?’.

Me dijo: ‘Diecisiete’.

Le dije: ‘Cuando empezó este Gobierno tenías nueve añitos, por qué no le pides a tus padres, a tus tíos que te cuenten cómo vivía el país’.

Le dije: ‘Mira, cuando hemos tenido un país tan afectado, tan afectado por los grupos terroristas, la salvación de la generación de ustedes es la eficacia y la transparencia de las Fuerzas Armadas.

‘Tú no puedes –por errores que se reconocen, que en las dictaduras se ocultan y la democracia colombiana se publicitan, y además se sancionan- tú no puedes maltratar el decoro de las Fuerzas Armadas, no puedes confundir errores individuales de algunas personas de las Fuerzas Armadas, con la institución. Y además, son errores sancionados.

‘Pero además tú estas más tranquilo hoy, porque las Fuerzas Armadas han hecho un gran esfuerzo. Tú pasaste de tus nueve añitos, a tus 17 años, con unas Fuerzas Armadas haciendo un gran sacrificio para que tú puedas estar seguro y vivir feliz en Colombia.

‘Y la garantía para ti, para tú generación, son estas Fuerzas Armadas, la Constitución y el pueblo, y si tú como integrante del pueblo colombiano no las apoyas y las maltratas, entonces quién va a garantizarnos la tranquilidad’.

Creo que se necesita deliberación para defender la institución.

Así como se ha tenido el valor de reconocer errores y de sancionarlos, no podemos seguir con complejos que nos silencian y acallan frente al imperativo de defender la institución.

Yo siento mucho vigor en la crítica, pero siento mucha mudez en la defensa.

Si hay vigor en la crítica, no tiene por qué haber esos complejos que nos impiden adelantar la defensa de las Fuerzas Armadas.

Y tenemos retos.

Unas guerrillas debilitadas pero aún con mucha capacidad de hace daño; las bandas criminales; todavía lo que queda de narcotráfico, que aún es grande; y el reto más importante: una ciudadanía más exigente.

Hay que enfrentar todos esos retos.

Me voy a referir de esos retos al último: una ciudadanía más exigente.

La seguridad ha hecho que la ciudadanía sea más exigente

En un hábito durante mucha parte de este Gobierno, de conversar con la ciudadanía todos los días, directamente o a través de emisoras de los diferentes sitios de Colombia, advierto que el pueblo colombiano reclama hoy por unos delitos que en el pasado no lo conmovían.

Si no conmovía ya el asesinato o el secuestro o la destrucción del municipio o el carro bomba, ¿qué iba a conmover el hurto callejero?

Una Nación que estaba anonadada por el carro bomba, no tenía energías ni disposición mental para reclamar por el robo de la moto.

Pero en materia de seguridad se aplica lo mismo que lo dice (Abraham) Maslow en materia de satisfacción de necesidades básicas: se resuelve una necesidad y aparece la exigencia de que se resuelva la otra.

El país, por el heroísmo los soldados y policías, ha recuperado derechos de movilidad. Uno siente que los niños de ayer, jóvenes de hoy, están contentos en la Patria, ven los problemas presentes y las necesidades hacia el futuro, deliberan en medio de una gran libertad y ya no le temen a esos factores terroristas que se daban en el país cuando ellos nacieron.

Muchos parece que no lo registraron en su memoria, y es bueno recordar de  dónde venimos, qué vivíamos, porque cuando los pueblos pierden la memoria del pasado, de su historia, se puede perder el presente, y hay todo el riesgo de no triunfar en el futuro.

El país de los carro bombas, el país de los secuestros de docenas de personas, era el país donde no se reclamaba por esos delitos que afectan la vida cotidiana. Hoy sí, y está bien para Colombia.

Hoy a la ciudadanía la atormenta el robo de un carro, el robo de una moto, un hurto callejero.

Nosotros tenemos que hacer un esfuerzo enorme para acelerar la disminución de esos delitos, con un reto: estamos ante el imperativo constitucional del Régimen Acusatorio.

La evolución ha sido difícil.

Al amparo de las normas de estado de sitio las Fuerzas Militares tuvieron en algún momento la competencia para capturar, después eso se eliminó, se radicó exclusivamente en los fiscales. Hoy necesita que el fiscal presente la solicitud y que el juez de garantías la apruebe.

No creo que el camino sea regresar esos procedimientos.

Si se presentase al Congreso de la República una propuesta para revertir esos procedimientos, seguramente esa propuesta sería allí archivada con el argumento de que estamos ante el imperativo de un sistema garantista.

Sé las dificultades de operar con el Sistema Penal Acusatorio, pero tenemos que hacer un esfuerzo de integración operativa más funcional con fiscales y jueces, y también denunciar al fiscal o al juez que no ayuda, al fiscal o al juez que se pone del lado del terrorista, y en la medida que en las Fuerzas (Armadas) todos los días haya ese vigor para reconocer su error y esa falta de complejo para denunciar la agresión, se gana autoridad moral para exigirle más al juez y al fiscal.

Nosotros tenemos buenos ejemplos de integraciones con jueces y fiscales, pero eso hay que generalizarlo en todo el país.

Ojala en estos 90 días que nos faltan en este Gobierno, avancemos en esa materia. Es fundamental para enfrentar eficazmente los nuevos retos que nos propone la comunidad.

Hemos avanzado en la lucha contra el narcotráfico, las cifras lo indican.

La extradición también es un tema de orden público

Yo tengo preocupaciones, tengo preocupaciones sobre el tema de la extradición.

Me parece que la Corte Suprema de Justicia debe examinar con el Gobierno y con las Fuerzas Armadas el tema, porque ese no es un tema solamente de justicia, ese es un tema de orden público que corresponde también a las competencias del Gobierno y de las Fuerzas Armadas, y ese es un tema de relaciones internacionales.

No creo que le convenga al país que la Corte Suprema de Justicia, sola, sin escuchar al Gobierno y sin escuchar a las Fuerzas Armadas, vaya introduciéndole crecientes limitaciones a la extradición.

Es muy dañino.

Y tampoco creo que se pueda presentar el delito del narcotráfico como un delito menor, que no de lesa humanidad.

Es bueno discutir tranquilamente el tema.

La mayor cantidad, el mayor porcentaje de delitos de lesa humanidad en Colombia, ese porcentaje ha tenido que ver con el narcotráfico.

El narcotráfico es el inductor de los delitos de lesa humanidad en la historia de Colombia y debería ser considerado un delito de lesa humanidad.

¿Cómo no vamos a considerar en Colombia el narcotráfico delito de lesa humanidad si es el que destruyó la Corte Suprema de Justicia, el que produjo el holocausto de la justicia?

Yo tengo esa enorme preocupación

Ilegalización del consumo de droga

Hemos empezado a superar otra preocupación.

Yo no entendí nunca que los soldados y policías de Colombia fueran sacrificados en la lucha contra el narcotráfico, mientras aquí se legalizaba la dosis personal.

Me horrorizaba ver el Policía asesinado, el juez herido, el soldado mutilado y al mismo tiempo constatar la permisividad frente a la dosis personal. Eso no tiene relación, no tiene equilibrio.

Después de muchos intentos, el Congreso de la República aprobó el Acto Legislativo para eliminar la permisividad con la dosis personal.

Ahora hay un proyecto de ley para desarrollar ese Acto Legislativo, un proyecto de ley con penas severas al jíbaro, con penas que se duplican cuando el distribuidor de la dosis involucra niños, y con procedimientos que se abrevian para la extinción del dominio sobre bienes dedicados a la distribución de narcóticos.

Yo creo que allí hemos dado unos pasos importantes.

Mientras se aprueba el proyecto de ley, es muy importante que en todo el país se decomise la dosis personal.

Y yo creo que en las Fuerzas Armadas tiene que haber una reflexión, que darse, y una deliberación sobre el tema. Que no hay deliberación partidista, pero que sí haya deliberación sobre estos temas.

Se ha hablado de la necesidad de legalizar la droga. Pero si estaba legalizada

¿Cuando se legaliza el consumo qué más hay que legalizar?

Yo creo que el camino es ilegalizar la droga, por eso hay que ilegalizar el consumo. No para llevar los enfermos a la cárcel, pero sí para evitar que nuestros niños a través del encanto del dinero, de la impunidad que se deriva de la dosis personal, los sigan llevando a la criminalidad.

Esa reflexión es bien importante.

Lucha internacional contra el terrorismo es un imperativo ético

Y otra en política internacional.

Mientras los terroristas puedan ubicarse en otro territorio nunca tendrán interés de someterse a la justicia colombiana. Siempre el escondite foráneo les alimenta la ilusión de poder regresar a Colombia para imponer su acción sangrienta.

Esto amerita unas reflexiones sobre política internacional.

Como lo ha dicho el señor general Óscar Naranjo: ‘La lucha internacional contra el terrorismo es un imperativo ético, moral’.

En estos años de Gobierno hemos tenido dificultades internacionales con el propósito de hacer respetar el derecho de los colombianos de vivir sin terroristas.

Yo reconozco que yo no soy un Presidente ajustado a los formatos protocolarios de los cócteles de la diplomacia internacional, pero por lo menos en estos años hemos reorientado el rumbo, para que se respete a Colombia.

A mí me parece que era un irrespeto a Colombia decir: ‘No, un país de muy buenos juristas y de muy buenos poetas, y pobrecitos, cómo sufren el narcotráfico’; y llamaditas y palmaditas en los hombros para darnos el pésame, pero al mismo tiempo con esos bandidos escondidos en otros territorios.

Aquí lo que hemos hecho es cambiar la política de la hipocresía formal por la política del respeto real.

Yo celebro, por ejemplo, que ahora haya un buen camino de restablecimiento de relaciones con Ecuador, y que los dos países estén cooperando para superar el terrorismo. Y confío que ese proceso de diálogo nos lleve a que se supere lo que se ha pretendido hacer allí con la judicialización de nuestro ex Ministro (de Defensa) y con el propósito de judicialización de nuestros altos mandos.

El país no puede abandonar a quienes han hecho esta lucha por la Patria y que pretenden ser juzgados, injustamente, en otro país. Confío que eso lo podamos superar con Ecuador, en un trabajo franco, paciente, de diálogo constructivo.

La dignidad por encima de los negocios

Y algunos me reclaman: ‘Presidente se está acabando el comercio’, cuando hablan de otros países. Y yo les digo: Pongamos el comercio y la seguridad. Si nosotros en aras de permitir el comercio no defendemos la seguridad, nos vamos a quedar sin comercio y sin seguridad.

Sin seguridad se acaba la economía, no hay nada que vender en el extranjero.

Y cuando uno mira ese punto desde el ángulo de la dignidad, puede plantear otra cosa: si en aras del comercio sacrificamos la dignidad, nos quedamos sin dignidad y sin comercio.

Yo creo que Colombia allí ha dado un gran ejemplo.

A mí me ha golpeado mucho ver que países ricos, para que no les expropien empresas entregan su dignidad. Pero también me ha dado admiración por mis compatriotas, con tanta pobreza y dificultades, de ver que han preferido la dignidad y el futuro, en lugar de claudicar por la salvación transitoria del comercio.

Ojala haya deliberación para explicarles esto al mundo.

Qué vergüenza. Países todopoderosos arrodillados, para que les salven empresas. Y qué buen ejemplo, un país pobre y con dificultades como Colombia, que ha preferido la dignidad y la seguridad –que es una fuente de recursos- en lugar de sacrificar sus principios so pretexto de la salvación transitoria del comercio.

Hay que hacer deliberación sobre eso, porque es fundamental que toda la comunidad internacional se comprometa en la lucha contra el terrorismo.

Nosotros ayudamos, ese es un gran logro de la Seguridad Democrática. A nuestras Fuerzas Armadas las llaman para que ayuden en México, formen policías, en Guatemala, en Costa Rica, en Haití, en Panamá, en República Dominicana; hay un secuestro en Paraguay, inmediatamente llaman a nuestra Fuerzas Armadas.

Nosotros cooperamos, pero asimismo necesitamos la cooperación de toda la comunidad internacional.

Este es un tema muy delicado, que si no se maneja con firmeza vuelve a incubar un enorme riesgo para la Patria.

Defensa judicial de integrantes de la Fuerza Pública

Tenemos unos temas pendientes.

A mí me preocupa mucho la defensa judicial de los integrantes de las Fuerzas Armadas. No hay sueldo ni pensión que alcance para pagar abogados.

Quisiera que no llegara el 7 de agosto con la frustración de no haber dejado un mecanismo, para que con recursos públicos se apoye a los integrantes de las Fuerzas Armadas en su servicio activo y en sus años en la reserva, en el tema de los costos judiciales.

El sector privado está haciendo esfuerzos, pero no los hay en el sector público.

Dado que no hemos tenido la ley que nos autorice, he propuesto desde hace meses que haya un convenio con la Defensoría del Pueblo, y que le entreguemos a la Defensoría unos recursos a través de ese convenio, para que con esos recursos se contrate servicios de defensa judicial para los integrantes de nuestras Fuerzas Armadas.

El informe que tengo es que ese convenio puede sacarse adelante una vez concluya la vigencia de la Ley de Garantías.

Y queda pendiente otro tema: hay que tramitar un proyecto de ley que tiene muchos enemigos.

Cuando uno propone que el Estado tiene que defender a sus soldados y policías, inmediatamente llegan los enemigos de la Seguridad Democrática, de Europa, a decir que cómo vamos a gastar plata de los contribuyentes para defender a los violadores de derechos humanos.

Esa objeción hay que superarla, y creo que es absolutamente necesario disponer de todas las autorizaciones legales para que podamos asumir con recursos públicos la defensa objetiva, la defensa veraz, la defensa transparente de los integrantes de nuestras Fuerzas Armadas.

Integración de las Fuerzas Armadas con la comunidad

Permítanme sugerir algo a futuro: es absolutamente necesario mantener la integración de las Fuerzas Armadas con las comunidades.

Y voy a hablar solamente de dos aspectos: la integración de las Fuerzas Armadas con la comunidad para evaluar las políticas de seguridad, y la segunda integración, para que la comunidad le ayude a las Fuerzas Armadas con información oportuna.

Para evaluar las políticas públicas generalmente hay unos esquemas al interior de los gobiernos, de las oficinas de Planeación, son los esquemas internos de los gobiernos.

Yo creo que eso hay que complementarlo con la evaluación de opinión.

Durante todos estos años, los comandantes nacionales, los ministros de Defensa, los comandantes regionales en presencia de gobernadores y alcaldes, hemos hecho los consejos de seguridad en las regiones.

Generalmente han tenido dos instancias: una para oír a la comunidad y otra para ajustar las políticas.

Y ha sido útil oír a la comunidad. Digamos la verdad: la comunidad al principio del Gobierno era muy temerosa, muy tímida, hoy habla con gran tranquilidad y con mucha objetividad, reconocen y aplauden a las Fuerzas Armadas, pero muchas veces nos cuentan padecimientos y dificultades que nosotros en las Fuerzas Armadas no alcanzamos a detectar.

Permitir que la comunidad en todas las regiones de la Patria, en toda la geografía, nos esté evaluando, es muy importante, porque nos muestra a nosotros dificultades que seguramente no apreciamos en nuestras evaluaciones internas.

Y esto obliga a hacer un gran esfuerzo, un gran esfuerzo de presencia en toda la geografía, de conocimiento de toda la geografía.

Yo quisiera que cada soldado y policía de la Patria pudiera actuar como profesor de excelencia en materia de geografía.

La geografía de la Patria es muy compleja, y todavía hay la queja en muchas regiones de que muchos de nosotros, y aún en el nivel de comandancia, no conocemos bien las regiones.

No podemos ir a las regiones de paso, hay que ir a las regiones conociéndolas profundamente, integrándose profundamente con sus ciudadanos, y en eso tiene que dar ejemplo el Presidente de la República, y eso tiene que llegar hasta el más joven de los soldados y policías.

Y las regiones empiezan en nuestra capital.

La capital históricamente ha tenido unos sitios bien protegidos y otros sitios aislados. El conocimiento en detalle con todas las regiones empieza en Bogotá, donde hemos tenido sectores de la ciudad bastante abandonados.

La integración con los ciudadanos empieza con la ciudadanía de Bogotá y tiene que llegar a la ciudadanía de los sitios geográficos más lejanos de la capital.

Seguridad y prosperidad nacional

En estos días uno oye muchas cosas: que para la prosperidad nacional y crear empleo hay que eliminar los parafiscales.

Eso a mi juicio sería un error. Nosotros hemos podido llegar con policías y soldados de la Patria a muchas regiones, acompañados del Sena, Bienestar Familiar, Familias en Acción, todos esos programas sociales, porque hay unos impuestos que obligan a que sean pagados para defender esas instituciones.

¿Qué tal que no hubiéramos derramado el impuesto al patrimonio?

El impuesto al patrimonio nos ha permitido adelantar la Política de Seguridad Democrática sin sacrificar la política social.

Si eliminamos los parafiscales se crean 200 mil empleos y nos quedamos con el mismo nivel de desempleo, y sin esa herramienta de política y social.

Otros dicen que hay que quitar los incentivos a la inversión ¿Por qué los vamos a quitar si apenas están empezando a producir resultados?

Yo creo que esos temas que hoy se agitan no son soluciones.

Entonces uno se pregunta: ‘¿Bueno,  cuál es el camino de la prosperidad, del empleo, el camino de la superación de la pobreza, de la construcción de equidad?

Yo diría que es un camino de seis elementos: el primero la seguridad, el segundo la promoción de inversiones, el tercero el acceso a mercados, el cuarto la innovación productiva, el quinto una revolución educativa permanente y el sexto infraestructura. Y en todos está presente la seguridad.

Qué importante conectar la seguridad con ese conjunto integral que es la prosperidad nacional.

Gracias a la seguridad ha habido más inversión.

El año pasado, en medio de estas dos crisis que nosotros sufrimos, la de Venezuela y la internacional, gracias a la seguridad Colombia tuvo la tasa de inversión más alta de América Latina.

Y miren cómo se va conectando esto.

En las crisis anteriores aumentó mucho la pobreza en Colombia, en esta crisis aumentó en América Latina y disminuyó en Colombia.

Yo creo que es una proeza, en esta crisis, que no haya aumentado la pobreza en Colombia, que haya disminuido así sea levemente, y mejoró algo el coeficiente Gini de distribución del ingreso, y disminuyó más, disminuyó más la pobreza absoluta.

En crisis anteriores los colombianos se desafiliaban masivamente del Régimen Contributivo de salud, de las cajas de compensación, había más deserción escolar y universitaria.

Gracias a la seguridad el país ha cambiado de condiciones, y en esta crisis continuó la afiliación creciente de los colombianos a la seguridad social, a pesar de todo lo que falta, y continuó el crecimiento de la escolaridad y el crecimiento de la población universitaria.

Gracias a la seguridad, en muy buena parte, en medio de la caída de los recursos del Gobierno Central no le tuvimos que disminuir las transferencias a las regiones. La seguridad es muy importante.

Por bueno que sea el manejo de la economía, por acertado el discurso de la economía si no hay seguridad no hay prosperidad.

Y ese segundo elemento: la tasa de inversión.

Seguridad, inversión y comercio

Los ciudadanos se preguntan inmediatamente por la seguridad. Donde no hay seguridad no llega la inversión.

Y ese tercer elemento, el acceso a mercados. La inseguridad la utilizan para negarnos el acceso a mercados. Cuando el país es seguro, con eficacia y con transparencia, no tienen por qué negarnos el acceso a mercados.

Vea todavía esa dificultad con los Estados Unidos, y lo que han alegado es que aquí asesinan a los trabajadores y en eso hay impunidad, en algo que venimos superando con tanto esfuerzo. Algo que se incubó aquí históricamente, porque ahí también se necesita una deliberación.

¿Por qué el asesinato de trabajadores?

Las guerrillas marxistas en Colombia implantaron la tesis de la combinación de todas las formas de lucha. Asesinaban y penetraban sectores del movimiento obrero, del movimiento estudiantil, del movimiento campesino.

Llegaron los paramilitares y empezaron a matar líderes de los trabajadores, acusándolos de ser colaboradores de la guerrilla.

Y la guerrilla en venganza, a asesinar líderes de los trabajadores acusándolos de ser traidores, de haberse pasado al bando de los paramilitares.

Y nosotros encontramos eso, pero hemos hecho un gran esfuerzo.

No estamos contentos, todavía el año pasado nos asesinaron 28 trabajadores, pero hubo años de 256. Había una sentencia, hoy hay casi 200 sentencias gracias a los esfuerzos de Colombia, nuestro aumento del presupuesto de la Fiscalía, nuestra voluntad política.

Es que el presupuesto de la Fiscalía en estos años ha pasado de 600 mil millones a un billón 400 (mil millones de pesos).

No había personas en la cárcel, hoy hay más de 200 en la cárcel.

Este país entre el año 89 y el año 2003 hizo una apertura unilateral.

Abrimos nuestro mercado para que llegaran bienes extranjeros, pero no buscamos acceso a mercados, nos quedamos simplemente con el mercado Andino y un acuerdo que finalmente resultó ser insuficiente con México.

Todos estos años hemos hecho un esfuerzo para acceder a mercados, y el tema de la seguridad es crucial.

Ahora por ejemplo para que en el Parlamento Europeo ratifiquen el Tratado de Comercio con Colombia, tenemos que acreditar todo lo que ha hecho el país en materia de seguridad integralmente; esa seguridad que da la credibilidad, que es la seguridad que reposa en la eficacia y la transparencia, son inseparables la eficacia y la transparencia

A mí me preocupa mucho cuando escuchaba en el pasado a mis compatriotas quejándose de que no había eficacia o de que había corrupción con un grupo u omisión frente a otro.

La eficacia no puede ser razón para violar derechos humanos, y el respeto a los derechos humanos no es obstáculo para ser eficaz. Creo que podemos tener esa gran combinación de eficacia y transparencia.

Más aún, mientras más fuerte sea la institución armada de la Patria, menor es la posibilidad de violar derechos humanos.

Los periodos históricos muestran que la debilidad se compensa con violación de derechos humanos.

Hay que tener fortaleza, más designio de eficacia, y esos son caminos para proteger derechos humanos.

Y mostrar esa ecuación equilibrada entre eficacia y derechos humanos es fundamental para los acuerdos de comercio hoy. Sin eso no lo logramos.

La gente dice: ‘bueno, voy a invertir en Colombia porque hay seguridad’. Pero enseguida también dice: ‘si yo desde Colombia no tengo acceso a mercados, ¿para qué invierto allá, a quién le vendo?’.

Y entonces enseguida hay otro tema: ‘bueno, tenemos acceso a mercados, ¿y qué vamos a vender?’.

Hay que agregarle valor a lo que producimos, y tener nuevos productos.

Anoche aquí la Corporación Colombia Internacional nos mostraba todo lo que puede hacer la agricultura de precisión en Colombia.

¿Cómo la relaciono con la seguridad?

Ya hay proyectos de 40 mil hectáreas en los Llanos Orientales, donde están haciendo una revolución agropecuaria. Tierras que no eran filtrantes, y con ciencias las están convirtiendo en tierras filtrantes. Tierras ácidas, y con ciencias las están convirtiendo en tierras neutras. Suelos que no producían sabanas, y ya van a ser campeones en producción de soya y de maíz.

Y yo pregunto: ‘¿Y por qué pudieron llegar aquí?’, cuando voy a esos proyectos de la llanura, a esta innovación productiva, y me dicen: ‘Presidente, por las Fuerzas Armadas’.

Si no hay seguridad no hay innovación productiva.

La seguridad ha ayudado a que haya más recursos y a que avancemos en educación.

Seguridad e infraestructura

Y ese tema de infraestructura.

¿Qué firma de ingeniería nacional se le somete a las grandes carreteras del país o de ingeniería extranjera, si la inseguridad no deja avanzar en los contratos?

Yo recuerdo cuando empezó el Gobierno, todas las concesiones viales estaban en pleito, y yo pregunté por qué están en pleito, empezando por las de Antioquia, que las había conocido muy bien hasta el 2 de enero de 98, cuando terminó el periodo de esa gobernación.

Y me dijeron: ‘Porque tenemos el 35 por ciento de tráfico por los peajes, del que deberíamos tener’.

¿Cómo así?

‘No, es que el crecimiento de la violencia no dejó que se cumplieran los tráficos por los peajes. Entonces no se han dado los ingresos que estas concesiones aspiraban tener, no se han dado los ingresos garantizados en los contratos, y por eso estamos en pleito’.

Todas las concesiones en pleito por inseguridad.

Hoy están todas las concesiones marchando, en muy buena parte por la seguridad,

El país necesita la seguridad para su desarrollo de infraestructura.

Muchas firmas se habían ido de Colombia, extranjeras.

¿Por qué no van a Colombia? ‘No, porque nos secuestran nos matan’.

Qué dificultad lograr que los japoneses volvieran a Colombia, y apenas hoy medio se asoman no han regresado definitivamente, una fuente de inversión tan importante como el Japón, por temor.

Colombia necesita estos cuatro millones de nuevos kilovatios de energía que deja contratados este Gobierno, Colombia necesita tenerlos operando para el año 2019, y si no hay seguridad eso no se da.

Por ejemplo yo tengo hoy un gran temor por esa invasión en lo que ha de ser Porce 4. Allí tiene que trabajar la Fuerza Pública, porque si la inseguridad frustra esos proyectos, el país se queda sin energía.

Los colombianos sabemos por el espejo propio y por el ajeno, que son esos periodos de suspensión del fluido eléctrico.

En petróleo, cuando empezó el Gobierno a mí me dijeron en el empalme, cifras oficiales, ‘prepárense, porque en el 2008 se va a perder la autosuficiencia’.

Entonces yo me pregunté, y me pregunto: ‘¿Cuánto requiere el país para el consumo interno, para ser autosuficiente?’ Doscientos veinte, 234 mil barriles al día, incierto.

Si íbamos a perder la autosuficiencia en el 2008, eso significa que en el 2008 deberíamos producir por día menos de 220 (mil), menos de 234 mil barriles de petróleo, sin embargo estamos produciendo 785 mil.

Y Colombia se acerca a producir un millón, y viene el camino de producir millón y medio de barriles de petróleo.

Yo voy allá a Campo Rubiales, ahí ya muy al este del Meta, cerquitica de la frontera con el Vichada, donde se está haciendo una maravilla a favor de este país, y digo ¿por qué? Me dicen: ‘No, por la seguridad’.

Esto es: yo creo que nosotros tenemos que aclimatar una revolución cultural en Colombia.

Revolución cultural de la seguridad

Cuando mi generación estaba en las bancas de la universidad, se nos incitaba a tener un desprecio por la seguridad, nos decían: ‘eso es fachista’.

Yo creo que hoy es muy importante reconocer que la seguridad es un valor democrático y una fuente de recursos; un elemento transversal en todos los aspectos de la vida colombiana para la prosperidad.

Esta revolución cultural hay que aclimatarla en la mente de los compatriotas.

Cuando yo estaba en las bancas de la universidad se extremaba la interpretación de la teoría positiva del derecho penal, todo delito se interpretaba como una derivación de problemas sociales. Y se creía que los problemas sociales había que resolverlos sin seguridad, lo cual era imposible, y sin confianza de inversión, lo cual era imposible.

Yo creo que hoy se acepta que la inseguridad permite un avance del crimen que agrava la pobreza, que agrava el desempleo, que expatria inversión y no permite que llegue inversión foránea.

Hoy se acepta que la seguridad es una fuente de recursos para poder resolver los problemas sociales, los problemas de infraestructura, para poder construir prosperidad.

Una revolución cultural bien importante.

Cuando empezó este Gobierno decían: ‘No, es que Uribe no es sino guerra’, y mucha gente pedía en las regiones solamente soluciones sociales, y les daba miedo pedir policía o ejército.

Hoy abiertamente, en todas las regiones le piden a uno educación y más policía y más ejército. Eso es muy bueno.

Yo sí prefiero la Colombia de hoy, donde mis compatriotas reclaman por igual política social que política de seguridad, que la Colombia que viví hasta hace unos años, en la cual mis compatriotas, unos por convicción, otros porque no los habían orientado bien y otros por temor, no reclamaban seguridad.

Qué bueno, ustedes lo han escuchado, apreciados comandantes, el alcalde del municipio más humilde de Colombia, el concejal del municipio más humilde de Colombia, reclamando por igual el mejoramiento de la vía, la política educativa y la seguridad.

Es el momento de poner en la mente colombiana que la seguridad es un camino para la prosperidad.

Este país tendría mucha más prosperidad de no haber sufrido tanta violencia.

En estos 200 años –apreciado General Ibáñez- de vida independiente, escasamente hemos tenido 47 años de paz, cuando podríamos tener más prosperidad.

Por eso para la prosperidad de las nuevas generaciones es muy importante la seguridad.

¿Qué nos ha dejado la violencia? El país destruido.

El general Rafael Uribe Uribe, cuando firmó el acta de paz de la Guerra de los Mil Días en la finca Neerlandia, en el departamento del Magdalena, con el general Florentino Manjarrés, dijo Uribe Uribe: ‘Hemos hecho la paz, porque dejamos el país destruido. Nuestros padres y nosotros mismos creíamos que hacíamos Patria con los fusiles destructores de la violencia. La única manera de hacer Patria es con las herramientas fecundas del trabajo’.

Para poder utilizar las herramientas fecundas del trabajo se necesita la seguridad.

¿Por qué perdimos a Panamá? Otra buena reflexión de estos 200 años. Solamente hay una tesis, pero no la otra. Solamente hay la tesis de que la perdimos por el gran garrote del Presidente Teddy Roseevelt, de que la perdimos por el interés económico norteamericano en el canal.

Pero hay otra tesis, y están todos los elementos para esa hipótesis: también la perdimos por la política del gran descuido nuestro, porque por la violencia interna destruimos el país, porque despreciamos la seguridad, porque nunca le dimos seguridad a Panamá. Los panameños vivían cansados de nuestro desprecio por la seguridad.

Años antes de esa independencia, en varias ocasiones trataron de independizarse, en una de ellas porque incendiaron a Colón, destruyeron la ciudad de Colón, quebraron las compañías de seguros.

¿Saben quién nos salvó de esa independencia? Un hombre de autoridad que posteriormente sería Presidente de la República, el general Rafael Reyes.

El Gobierno de entonces lo mandó como enviado a enfrentar eso de Colón, y él ejerció autoridad y restableció la tranquilidad de los panameños.

Nosotros por la violencia hemos perdido muchas oportunidades.

Seguridad en medio de libertades, sin represión

Deliberen, apreciados estudiantes, comandantes, díganle al país que esta es una Seguridad Democrática, no represión.

Cuando uno examina el Movimiento Comunero, sobre él se dio una gran represión por una reivindicación social

¿Qué pedía el Movimiento Comunero? Lo mismo que pedía el movimiento de Juan Sin Tierra en Inglaterra, a principios de los años mil.

El movimiento de Juan Sin Tierra en Inglaterra, que produjo la Carta Magna, y que se considera como el punto fundacional del Estado de Derecho, lo que exigió era que se tuviera en cuenta la opinión pública, la opinión popular para el derrame de tributos.

La rebelión comunera era contra la imposición monárquica de los tributos, y allí hubo una violencia represiva del Estado que acabó con esa ilusión de patria con el Movimiento Comunero.

¿Qué ha pasado en estos años de Gobierno?, se ha ejercido autoridad.

¿Qué ha pasado en estos años de Gobierno? Se ha ejercido autoridad sin represión.

Es bien importante también aclimatar esa noción en la mente de los colombianos.

Una cosa es la autoridad, otra cosa es la represión.

Hace pocos días conmemoramos los 50 años de la muerte del expresidente Alfonso López Pumarejo. Se reconoce en él y al General Santos Acosta cómo padre de la Universidad Nacional.

En la época de López el país entregó unas reformas bien importantes.

Alberto Lleras, expresidente bien importante la Nación, refiriéndose a López Pumarejo dice bellamente: ‘Era una era de reformas, no de violencia; una época de agitación, no de demagogia’. Agrega: ‘Esas reformas las presidió Alfonso López, el más implacable adversario del caos’.

Eso nos da un buen ejemplo de ese balance.

Conversando con muchos jóvenes, que no recuerdan el país de hace ocho años, les he dicho: ‘Yo he entrado a la Universidad Nacional, con las Fuerzas Armadas, a rescatar un Rector secuestrado, no a suprimir la libertad de cátedra’.

Yo creo que hay que acabar esos prejuicios.

¿Ah, entonces pueden destruir las universidades si no entra la Fuerza Pública?

Desde el día cero de este Gobierno digo: A la Universidad se le respeta en su tarea científica, en su tarea de libertades, en su tarea crítica, pero no se les permite violencia.

Ese prejuicio de que: ‘No, ellos pobrecitos. Esos muchachos tienen el derecho de quemar la Universidad y secuestrar al Rector y nada les pasa’.

Eso no se puede permitir. Además eso es contrario a la ciencia. El pirómano no hace ciencia, el secuestrador no le agrega a la ciencia, la ciencia se hace con orden y libertades.

Ustedes muy generosamente han ayudado a la Patria en estos años. Yo no tengo sino motivos de gratitud y de afecto por las Fuerzas Armadas de la Patria.

A las nuevas generaciones de colombianos les digo esto:

Cuando yo era niño, sentía la necesidad de los soldados y los policías, para que frenara la violencia entre los partidos, que me llevó a ver tendidos en el suelo a amigos y a familiares y a vecinos.

Cuando yo era adolescente y joven, añoraba a los soldados y los policías que evitaran el crecimiento de las narcoguerrillas.

Cuando yo era adulto, añoraba a los soldados y policías para que evitaran el crecimiento del narcoparamilitarismo.

Hoy, en las puertas de dejar la Presidencia de Colombia, quiero que las nuevas generaciones añoren a los soldados y policías, los quieran, los apoyen todos los días, todos sean cooperantes de la Fuerza Pública, para garantizar una Patria segura, una Patria de libertades, una Patria de progreso.

Al agradecerles inmensamente este honoris causa, que lo merecen los soldados y los policías de la Patria –yo simplemente he sido una especie de  estímulo a la política de seguridad- les pido que me permitan a partir del 7 de agosto ingresar a los organismos de reserva de la Fuerzas Armadas de Colombia.

Muchas gracias”.
 
     
 
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
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