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Palabras del Presidente Álvaro Uribe Vélez al instalar
conversatorio con empresarios de la Costa Caribe

7 de mayo de 2010 (Cartagena)
     
 

“El Capitán Alfonso Salas (Gerente General de la Sociedad Portuaria de Cartagena) es inseparable del progreso portuario de Colombia. Me contaba hace poco que en estos últimos años, la actividad que está directamente bajo su cargo ha pasado de movilizar 400 mil contenedores por año y este año puede ser un año de millón y medio, millón 600 mil. Un luchador infatigable por el progreso portuario de la Patria, por el progreso general de la Patria.

Además lo hace con un civismo que se expresa en todas sus actitudes, en todas sus palabras, en todos los hechos de su vida. Por eso para mis compañeros de Gobierno y para mí es muy honroso imponer hoy al Capitán Alfonso Salas las Medalla al Mérito Industrial.

Los países destruyen muy fácilmente la dirección empresarial, construirla es muy difícil, y cuando tenemos dirigentes empresariales de trabajo, de vocación cívica, de creatividad, como el Capitán Alfonso Salas, hay que referenciarlos para que las nuevas generaciones sigan su ejemplo. Queremos hoy simplemente, al otorgarle la Cruz al Mérito Industrial, que las nuevas generaciones vean en él a alguien cuyo ejemplo es valioso seguir para construir Patria.

Muy apreciados compatriotas asistentes: en la mañana de hoy acudí a la Escuela Superior de Guerra a la última Cátedra Colombia que me corresponde como Presidente de la República. Seguramente por esa situación, me fue imposible llegar a tiempo para el recorrido que se tenía previsto en algunas instalaciones industriales, pero es bien importante escucharlos a ustedes.

He estado con preocupaciones porque algunas personas piensan que la solución del problema nacional de empleo, de crecimiento, es una solución laboral. Para unos pasa por la eliminación de los parafiscales, para otros por la eliminación de la reforma laboral de 2002, y otros compatriotas creen que la solución de los problemas fiscales del país pasa por la eliminación de los incentivos a la inversión introducidos por este Gobierno.

Empleo, reforma laboral y parafiscales

En lo laboral creo que Colombia ha hecho unos esfuerzos bien grandes plasmados en la reforma laboral de 1990. Los aquí presentes, los mayores aquí presentes, recordamos que si no hubiéramos transformado el sistema de retroactividad de cesantías por el sistema de la liquidación anual, que se hace liquidando cada 31 de diciembre y consignando cada 16 de febrero, la situación sería dramática para la empresa colombiana y también para los trabajadores.

En 2002, bajo las orientaciones del Ministro Juan Luis Londoño, hicimos otra reforma laboral, todavía cuestionada, todavía se hace política proponiendo desmontar una reforma laboral que ayuda bastante.

Este país en estos años ha construido 17 mil habitaciones hoteleras, de una base de 80 mil. Porcentualmente es alto.

Este país en estos años ha tenido que crecer enormemente los servicios de salud para pasar de 23 millones de afiliados a 43 millones de asegurados.

Este país en estos años ha crecido enormemente todos esos sectores que tienen que trabajar sábado, domingo, lunes festivo; que tienen que trabajar hasta altas horas de la noche, muchas veces las 24 horas o desde las primeras horas de la madrugada.

La reforma laboral de 2002 lo que hizo fue racionalizar, pero también hizo cosas bien importantes como fue redefinir el contrato de aprendizaje, era un contrato laboral inflexible, que había causado temor en Colombia, ya no se aplicaba; teníamos escasos 300 mil aprendices, hoy tenemos más de 200 mil.

Creó también la cuota de aprendizaje. Eso ha permitido tener un Fondo Emprender, que cada año ha venido ayudando mucho a la pequeña empresa.

El año pasado los congresistas me decían: ‘Presidente, están proponiendo, con el tema de las horas extras, eliminar en el Congreso la Ley 789, reforma laboral de 2002. Y a nosotros nos da miedo el proceso electoral si no la eliminamos’.

Y les dije todos los beneficios de esa ley. Ellos responsablemente, por mayoría, rechazaron la proposición para rechazar la reforma laboral de 2002.

Así como nosotros pensamos que ese tipo de reformas laborales fueron muy útiles para el país, que se deben mantener vigentes, como creemos que no se pueden crear más obstáculos a los empresarios para generar empleo, también pensamos que no se pueden quitar más beneficios, como los parafiscales.

Estudios económicos como los del profesor Jesús Botero, de la Escuela de Administración de Negocios de Medellín, la Universidad Eafit, demuestran que si se suprimieran los parafiscales, el país generaría 200 mil empleos por una sola vez.

Nos quedamos sin los parafiscales, sin los recursos que a través de los parafiscales van a la salud, a la nutrición infantil, a la capacitación, a la recreación, al aprendizaje, a la vivienda, y no resolveríamos el problema del empleo. Creo que eso le haría mucho daño al país.

Además pondríamos en riesgo no solamente recursos sino instituciones. Para el país es muy importante tener instituciones como las cajas de compensación, donde reconozco que todavía falta un espacio de mejoramiento; instituciones como el Sena, que ha hecho una gran revolución; instituciones como Bienestar Familiar, que permiten decir que Colombia está llegando a cobertura en nutrición para todos los niños pobres del país, menores de cinco años.

Hay que cuidar no solamente los recursos sino la institucionalidad social. Y por supuesto, eso ayuda a construir fraternidad en un país con tanta pobreza, con tanta inequidad.

Además tenemos que hacer otras observaciones: hace pocos días una consultora internacional, la firma Ernst & Young, nos presentó un estudio sobre la competitividad del régimen laboral colombiano. En ese estudio esta firma dice que la seguridad social en Colombia es cara, pero que en el resto de la normatividad laboral el país es bien competitivo.

Lo que me llama la atención a mí es que hay otros elementos de flexibilidad que no se tienen en cuenta en estos estudios. Cuando los menciono, muchos de mis amigos me dicen: ‘Presidente, no los mencione, que eso le da impopularidad al Gobierno’. Pero en aras de la objetividad hay que mencionarlos porque no los examinan en los estudios de competitividad laboral.

Este país tiene unas carestías, lo reconocemos, en seguridad social, pero este país también tiene unas flexibilidades bien importantes; tiene las empresas de servicios temporales que vinculan unos 900 mil colombianos; las cooperativas de trabajo asociado, que vinculan unos 600 mil colombianos; a esas cooperativas en este Gobierno las hemos obligado a cumplir con las obligaciones de remuneración y de afiliación a la seguridad social, pero no las hemos eliminado.

El pasado primero de mayo dictamos un decreto que les permite, facilita a las empresas contratar la tercerización con sus propios trabajadores. Es un decreto reglamentario de la figura del contrato sindical, donde se aclara que ese contrato no puede ser impuesto al valor agregado.

Y el contrato de aprendizaje que, como ya lo dije, quedó bastante flexibilizado con la Ley 789 de 2002, también le introdujimos ahora otro elemento que hace más favorable la creación de empleo: hoy las empresas pueden vincular el número de aprendices que quieran, por encima del mínimo legal. Antes se entendía que solamente uno por 20 trabajadores. El año pasado eliminamos el techo. Eso apenas está empezando, pero eso debe coger mucha fuerza en Colombia. Nosotros creemos que hay ahí un potencial para llegar a tres millones de aprendices en el país. Eso haría una enorme revolución en Colombia.

El año pasado reglamentamos la Ley 590, que es la ley sobre los parafiscales, y se dispuso lo siguiente: las pequeñas empresas el primer año solamente pagan el 25 por ciento de parafiscales, el segundo año pagan el 50, el tercer año el 75, y solamente el cuarto año el ciento por ciento.

Me informaba el Ministro Luis Guillermo Plata (de Comercio, Industria y Turismo) que ya se han acogido a ese régimen más de 33 mil pequeñas empresas. Creo que eso es bueno.

Entonces pienso, apreciados compatriotas, que la solución hoy no pasa por el tema laboral.
Estímulos a la inversión

Y algunos manifiestan preocupaciones por el tema impositivo. Dicen que el Gobierno ha introducido una serie de beneficios a los empresarios. Esos beneficios son al empleo, son estímulos a la inversión, que bastante han ayudado.

En efecto, nosotros hemos introducido la figura de las zonas francas. Con las aprobadas ayer se completan 70. Cuando empezó el Gobierno, el país tenía once zonas francas, las viejas no pagaban impuesto de renta, las nuevas pagan un 15 por ciento.

Es bien importante mirar la experiencia de Cartagena, enseguida la experiencia caso por caso de ustedes con las zonas francas, la deducción tributaria del 30 por ciento a las nuevas inversiones, estímulos al turismo, a la reforestación, a los cultivos de tardío rendimiento, al software, etcétera. Esos estímulos son recientes.

Hace pocos meses un empresario chino nos decía al Ministro Plata y a mí que él tiene la fábrica de confites más grande del mundo en China y que quiere poner una sucursal en América. Nos dijo: ‘Nunca habíamos pensado en Colombia, pero ya estamos pensando en Colombia’.

Tomar decisiones de invertir en Colombia exige tiempo, no se toman de la noche a la mañana. El país apenas está entrando en lo que llamaríamos la pantalla de destinos atractivos de inversión, y eso hay que permitir que madure. Por eso nosotros hemos venido defendiendo los incentivos.

Que también hay que tener en cuenta lo siguiente: en este Gobierno se ha creado un impuesto al patrimonio oneroso para la Seguridad Democrática. Ese impuesto ha permitido que la seguridad avance en armonía con la política social. En ausencia de ese impuesto, para haber adelantado un programa de Seguridad Democrática seguramente habría sido necesario sacrificar la inversión.

Los municipios en este Gobierno han triplicado sus ingresos, y ha habido una gran incidencia en los reavalúos catastrales. Son caros en Colombia. La tierra rural –y es importante decirlo como parte del debate social en este final de Gobierno–, en lo que es el catastro administrado por el Gobierno Nacional, estaba avaluada en 31 billones, hoy en 71 billones. O sea que el país tiene unas cargas, por un lado, significativas para construir equidad.

Y a mí siempre me preocupa que por un lado digan que hay que eliminar los estímulos, y por el otro lado digan que hay que eliminar los parafiscales.

Por un lado les parece muy caro generar empleo por los parafiscales, y por el otro lado les parece muy grave estimular la inversión por los estímulos.

Dicen: ‘Pero es que hay que trasladarle esos estímulos es al empleo’. Apreciados compatriotas: yo he preguntado a muchos economistas si en una economía abierta, que se está integrando a la economía mundial, es posible separar los estímulos a la inversión de los estímulos al empleo, y no he encontrado una respuesta. Definitivamente los mejores estímulos al empleo son los estímulos a la inversión.

Anoche veíamos en la Corporación Colombia Internacional lo que se está haciendo gracias a la seguridad y a los estímulos a la inversión en la altillanura: unos proyectos revolucionarios de agricultura de precisión.

Entonces hacía esta reflexión: si quitamos los estímulos a la inversión, le vamos a decir a esos empresarios: sí, produzcan aquí cuatro toneladas de soya por hectárea, produzcan siete toneladas de maíz por hectárea, pero, eso sí, para generar empleo aren con bueyes. No se puede.

Los mismos modelos matemáticos han demostrado que si no hay estímulos a la inversión, puede haber un estancamiento en la generación de empleo. Porque para generar empleo en una economía integrada a la economía internacional, se necesita poder estar adquiriendo la oferta tecnológica del momento, avanzar en un proceso en el que no haya rezago tecnológico. Es la única manera de crear empleo.

Entonces nosotros miramos con mucha ilusión el impacto que en Colombia pueden tener todos estos estímulos, y con mucha preocupación que se eliminen.

Cifras macroeconómicas y reestructuración del Estado

Y sí, que hay preocupación por el déficit fiscal. Es más manejable. Nosotros lo habíamos bajado del seis y medio al 2,3, queda en el 4,5.

Pero hay que entender esto: cuando estaba en el seis y medio, Ecopetrol e Isagen, para citar dos ejemplos, se contabilizaban dentro de los ingresos del Gobierno Nacional Central. Entonces como ambas arrojaban superávit, se mostraba un déficit mucho menor. Hoy el déficit es menor, a pesar de que ya no incluimos a Ecopetro e Isagen, porque son entidades independientes. Si nosotros incluyéramos a Ecopetrol y a Isagen, seguramente el déficit del Gobierno Nacional Central no sería del cuatro y medio, sino que sería un déficit del dos por ciento. Si fuéramos a comparar con Ecopetrol e Isagen, la situación sería muy, muy, muy diferente.

También hay que tener en cuenta el endeudamiento: ha bajado del 48 por ciento, lo vamos a dejar en el 26 – 27. Pero con otro elemento: antes el 70 por ciento del endeudamiento público estaba en moneda extranjera, hoy en moneda nacional. Entonces la vulnerabilidad de la economía colombiana frente a los choques internacionales de la economía, es una vulnerabilidad que se ha reducido, porque el mayor peso del endeudamiento, el 70 por ciento, está en moneda nacional.

Creo que hay unas contribuciones bien importantes al déficit. Nosotros hemos eliminado el subsidio a los combustibles. ¿Qué sería de esta Patria si el pueblo colombiano no hubiera soportado estoicamente este aumento del precio interno del combustible en estos años? Solamente este año ese subsidio costaría cinco billones.

Y hemos reformado 465 entidades del Estado. Si no hubiéramos hecho esa reforma, algunos números, los que primero vienen a la mente, tendríamos unas pensiones a pagar por la caja nacional en Telecom de 500 mil millones al año. La capacidad de inversión de Ecopetrol era de 600 millones de dólares, ahora de 7 mil. Las clínicas del Seguro Social, gracias a toda esta reforma, son equilibradas: nos estarían costando un billón de subsidio del presupuesto nacional.

Creo que hay unos pasos bien importantes en materia fiscal, como haber desmontado el subsidio a los combustibles, como la reforma administrativa. Y por eso a uno le preocupa que la solución fiscal que se proponga sea la solución de eliminar los estímulos. Y por eso bien importante este conversatorio por oír a ustedes su apreciación sobre el impacto de los estímulos en la instalación de capacidad productiva.

Este país tenía una tasa de inversión del 12 – 14 – 15 por ciento, picos del 16. Escasos. El año pasado, en medio de la crisis, fue la tasa de inversión más alta de América Latina: el 25,8. En Brasil estuvo entre el 16 y el 17.

La inversión extranjera era de 400 millones de dólares, picos de 2.100. Llevamos varios años con 8.500 – 10.700, el año pasado 9.530, la bruta, este año un crecimiento en los primeros cuatro meses del 23 por ciento.

Reducción de la pobreza

Y muchos compatriotas preguntan: ‘¿Pero qué ganamos con altas tasas de inversión, si todavía hay mucho desempleo, mucha pobreza?’.

Eso no se resuelve de la noche a la mañana. China, con más de 20 años de inversiones superiores al 30 por ciento, apenas se ha reivindicado de la pobreza a 400 millones de chinos, de mil 300 millones. En eso hay que persistir, hay que dar tiempo.

Y hay que anotar otras cosas. Me pregunto qué le hubiera pasado al país si no tuviera este ritmo de inversión, con las dos crisis que hoy vivimos: la crisis de Venezuela y la crisis de la economía internacional.

Por ejemplo, nosotros en los primeros años de Gobierno, del 2003 al 2007, redujimos drásticamente el desempleo. Eso se nos estancó en el último año y medio. ¿Por qué? Por la crisis de la economía, pero no destruimos empleo, seguimos construyendo empleo. Lo que pasa es que se creó empleo en mucha menor proporción a lo que se necesitaba.

En América Latina el año pasado creció la pobreza, en Colombia disminuyó.

Me decía un estudiante hace dos días en la Universidad del Norte en Barranquilla: ‘Presidente, pero es que disminuyó muy poquito’. Le dije: ‘En todas las crisis anteriores aumentó mucho la pobreza. Aquí fue muy importante, en medio de esta crisis, lograr disminuir un poquito la pobreza, por primera vez mejorar el coeficiente Gini de distribución del ingreso, y todavía disminuir mucho más, mucho más la miseria absoluta’.

Las comisiones independientes de medición de pobreza ignoran esto, lo desconocen, no le asignan valor, pero ellos mismos han hecho la cifra que les voy a decir: si a una cifra de pobreza se le descuenta la política social, la pobreza queda reducida en 14 puntos. Cuando empezó este Gobierno, la pobreza en Colombia, cuando se deflactaba con la política social, se reducía en 10 puntos. Ahora el aumento en la política social ha permitido que se reduzca no en 10 sino en 14 puntos.

Veo que el año pasado, a diferencia de las crisis anteriores, no aumentó la deserción escolar ni universitaria; continuó creciendo la escolaridad y la población universitaria, en medio de semejante crisis.

Otros elementos para la reflexión

Creo que en todo esto el entusiasmo para invertir en Colombia, ha tenido muchísimo, muchísimo que ver.

Pienso, apreciados compatriotas, que el país tiene seis elementos importantes para todas las reflexiones: la seguridad es un elemento transversal en todos los aspectos de la economía; la promoción de inversiones, en donde esto que hemos hablado es bien importante.

El inversionista dice: ‘¿Y yo qué voy a hacer allá? ¿Lo que produzca allá a qué mercados lo voy a enviar?’. El acceso a mercados. Creo que en estos años hemos pasado a una apertura unilateral, que se hizo en Colombia en 1989 y que hasta el 2003 fue unilateral, a un programa de acceso a mercados, con todos los TLC que se han venido adelantando, los acuerdos de desmonte de doble tributación, de promoción de inversión.

Y el acceso a mercados reclama otro punto: bueno, ¿y qué le vamos a vender a esos mercados? Ahí es donde el país tiene que ser muy competitivo en innovación productiva, y eso se sustenta en una revolución educativa permanente.

Infraestructura

Viene este tema de infraestructura, tan difícil, pero creo que hay una serie de proyectos en marcha, más grandes de lo que el país se imagina, honorablemente contratados. Y creo que al próximo gobierno le quedan dos oportunidades: continuar estos proyectos en la tranquilidad de que hayan sido honorablemente. Y puede, si lo estima, para acelerar el ritmo de construcción de infraestructura, vender un poquito de Ecopetrol y aplicarlo a grandes obras de competitividad.

Empezábamos el Gobierno, empezábamos nuestra reforma laboral y pensional de Ecopetrol, y le pregunté al entonces Presidente de Ecopetrol, doctor Isaac Yanovich –hemos tenido la fortuna de contar con dos excelentes presidentes de Ecopetrol: el doctor Yanovich y el doctor Javier Gutiérrez aquí presente–. Le dije: ‘¿Cuánto vale Ecopetrol?’. Me dijo: ‘Por ahí 13 billones’. Después cuando dimos la tercera reforma, que fue la capitalización, ¿salió en cuanto, doctor Javier? En 25.

Hace tres semanas la pregunté al Director de Planeación cuánto vale? Y me dijo: ‘Presidente, por ahí 100’. Que no vaya a decir eso, que se la arrebatan.

Entonces una empresa que ha pasado de 13 por ahí a 120 – 130 billones, y que la Nación es dueña de 89 y medio, creo que si la Nación dispone de un poquito, de un poquito, puede hacer un gran financiamiento de infraestructura.

Anotando esto: nosotros en alguna forma estatizamos lo que habíamos privatizado, porque una de las primeras decisiones que tomamos en Ecopetrol, muy difícil, mucha discusión en el Gobierno, fue desvincular la refinería de Cartagena de la empresa matriz, convertirla en una entidad independiente y vincular el socio privado, y después de un proceso tortuoso, que ustedes conocen, eso revertió a Ecopetrol.

Entonces veo que aquí hay un espacio esto de infraestructura.

Felicito a Cartagena por los esfuerzos de inversión que se vienen haciendo aquí, son sumamente grandes, como decía el Capitán Salas, eso va a tener que ayudar mucho a generar empleo de buena calidad, a reducir pobreza. La verdad es que sin inversión, uno no ve camino para reducir pobreza, para construir prosperidad.

La revolución cultural de la Seguridad Democrática

He visto una revolución cultural en Colombia, porque es que el tema político, cultural, no se puede perder de vista en estos análisis.

Era yo joven, estaba en las bancas de la universidad, y a uno le insistían mucho, lo imbuían permanentemente de política social, pero no le decían de dónde va a salir el dinero. Y era una época en la que se destilaba odio por la inversión privada, en ese proceso mundial de la universidad marxista.

La verdad es que hoy hay una gran revolución cultural en Colombia, hoy las grandes mayorías colombianas empiezan a reflexionar mucho sobre la necesidad de vincular inversión y superación de pobreza, inversión y construcción de equidad.

Como en la otra revolución que ha ocurrido. Tal vez por temores históricos, por fundamentalismos ideológicos, a mi generación se le dijo que la seguridad era una categoría fachista, dictatorial. A mi generación en alguna manera se le indujo a despreciar la seguridad.

Creo que hoy hay una revolución cultural en Colombia bien importante. Las grandes mayorías colombianas entienden que la seguridad es un presupuesto fundamental para los recursos, para la inversión, para los valores democráticos.

Entonces esa conexión seguridad, inversión, política social, es bien importante.

Muchas gracias a ustedes. Y creo que es importante escuchar las experiencias de cada uno de ustedes, que nos digan cómo han desarrollado esos proyectos, cómo los van sacando adelante y el impacto que esos proyectos pueden tener en empleo de buena calidad y en afiliación a la seguridad social y en reducción de pobreza.

Capitán, nos sentimos muy honrados que sobre su pecho vaya la Cruz al Mérito Industrial. Usted es un colombiano ejemplar.

Muchas gracias a todos”.
 
     
 
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
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