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Palabras del Presidente Uribe en la entrega del
Libro de Bodas de Oro del Centro de Estudios Colombianos

27 de mayo de 2010 (Bogotá)
     
 

“Quiero agradecerles inmensamente la entrega de estos libros, que valoro muchísimo.

La verdad es que esta producción intelectual no es de extrañar, primero de una colectividad como es el Parido Conservador, que ha mantenido una incesante dinámica intelectual en la Patria desde aquel día de 1849, cuando formalmente lo fundaron Mariano Ospina Rodríguez y José Eusebio Caro.

Y por supuesto, el Centro que ustedes encarnan en estos 50 años, desde la fundación formal que se emprendiera bajo los auspicios de los ex presidentes Mariano Ospina, Laureano Gómez y con el apoyo de tantos ilustres colombianos, ustedes han entregado al país una prolija y muy profunda producción intelectual.

Los quiero felicitar.

Las intervenciones que hemos escuchado aquí son prueba de esa tarea fecunda por la Patria.

Y me parece que todos los días quieren navegar ustedes en lo que podríamos llamar la nave de la iniciativa.

Por eso este importante estudio del doctor Mota Navas, sobre una nueva estructura para la política colombiana, que está contenido en uno de los libros que he tenido hoy el honor de recibir.

Llegada ya la hora final de este Gobierno, es la oportunidad de expresar mi gratitud inmensa a todos ustedes, al Centro de Estudios, al Partido Conservador, por el apoyo en estos años.

Por supuesto los logros son de todos aquellos que nos han ayudado en esta tarea, y yo tendré que asumir las responsabilidades de las deficiencias, de las limitaciones, de las dificultades.

Son unos años de una muy importante coalición que yo siempre agradeceré con el Parido Conservador, con sus centros de pensamiento como el que ustedes representan.

Hemos trabajado por la seguridad, hemos trabajado por la prosperidad, por la inversión, por la política social.

Creo que millones de colombianos se han reencontrado con el sendero de que el orden es el presupuesto para el disfrute de la libertad, que el desorden lo que hace es anular la posibilidad de la libertad.

Estos años de la Seguridad Democrática nos han permitido recuperar unos monopolios que nunca debió perder el Estado: el monopolio para combatir a los violentos, está desmontado el paramilitarismo. Esa palabra surgió para denominar bandas privadas criminales cuyo propósito era combatir a las guerrillas. El Estado ha recuperado el monopolio que nunca debió perder.

La justicia autónoma e independiente había dejado de desempeñarse en varias regiones de Colombia porque el terrorismo narcoguerrillero o narcoparamilitar la había desplazado y quería reemplazarla, gracias a la Seguridad Democrática la justicia hoy se ejerce en toda la Patria.

Las víctimas no reclamaban por temor o porque lo encontraban inútil. Hoy hay más de 300 mil víctimas que han registrado sus reclamos, y vamos en ese proceso de la reparación administrativa.

Pero pensando en la Colombia que habrá de venir, yo sí quiero invitarlos a ustedes a considerar que la más importante reparación es el derecho a la no repetición.

Nada ganaríamos si después de hacer este enorme esfuerzo de indemnizar víctimas, de avanzar en esta derrota de la violencia, la violencia siguiera cundiendo por los campos y ciudades colombianas.

Lo que nos exigen las nuevas generaciones es que en ellas no se repita esta siniestra actividad violenta que ha maltratado a tantas generaciones de compatriotas.

Avances en descentralización

Hemos recuperado la descentralización.

La descentralización en la última parte del siglo pasado tuvo avances muy significativos.

El señor ex Presidente Carlos Lleras con la reforma constitucional de 1968 introdujo el situado fiscal. El señor ex Presidente Belisario Betancur avanzó muchísimo con las leyes 11 y 12. Y Colombia le puso punto final a un debate de aplazamientos por más de un siglo de la elección popular de alcaldes, que se adoptó como reforma constitucional propuesta por el doctor Álvaro Gómez Hurtado.

Después, la administración (del ex Presidente César) Gaviria introdujo la elección popular de gobernadores en la Constitución del 91, y por supuesto el Sistema General de Participaciones, que en alguna forma es un desarrollo del situado fiscal.

Descentralización política y también descentralización en recursos.

Pero cuando llegamos, 400 alcaldes de Colombia no podían desempeñarse por las presiones del terrorismo; el terrorismo había asaltado las regalías de muchas regiones de Colombia, se robaba el Sistema General de Participaciones; el crimen había enseñoreado la corrupción contra esos recursos.

La descentralización, sin la posibilidad del desempeño de los alcaldes y sin la posibilidad del manejo autónomo de los recursos, por la presiones del crimen, estaba condenada a desaparecer, hoy está restablecida.

Todos los gobernadores de Colombia, a pesar de ese revés que tuvimos en diciembre con el secuestro y asesinato del Gobernador del Caquetá (Luis Francisco Cuellar), y todos los alcaldes de Colombia, se desempeñan hoy en sus tareas rodeados por la Seguridad Democrática, independientemente del origen político de su elección.

Creo que es un paso trascendente.

Ahora que se habla tanto de la legalidad, hay que recordarles a los colombianos que la avalancha del crimen había derrotado la legalidad, y que es la Seguridad Democrática la que ha venido recuperando el respeto a la ley en Colombia.

El respeto a la ley empieza por el respeto al derecho de los ciudadanos a vivir en paz, por el derecho del ciudadano a no ser asesinado, a no ser secuestrado, por el derecho de las comunidades a no ser masacradas.

Por allí empieza la recuperación de la legalidad, que nosotros hemos avanzado en la recuperación de esa legalidad apreciados compatriotas.

Un país de libertades

Y algo bien importante: hoy vemos un país de libertades, no porque los gobiernos anteriores hubieran sido adversos a las libertades, sino porque el terrorismo estaba socavando las libertades.

Candidatos situados en todo el espectro, en todos los puntos del espectro de la política han recorrido el país rodeados de garantías, de libertades. Creo que es distinto este proceso, a procesos que nos tocó vivir eludiendo los atentados del terrosismo.

Distintos han sido los procesos que se han llevado a cabo bajo la regencia de la Seguridad Democrática: el proceso 2003, el proceso 2006, el proceso 2007 y este proceso.

Este proyecto de Seguridad Democrática no ha sido regido por normas de estado de sitio, ni en su nombre se ha impuesto la ley marcial, ni tampoco invocándolo como justificación se han suprimido o suspendido libertades.

Este proceso de Seguridad Democrática ha sido regido por la legislación ordinaria, por el más absoluto respeto a las garantías individuales, a los derechos políticos.

Historia de la violencia

Cuando se fundó el Partido Conservador, la Patria ya había tenido varias frustraciones por la violencia.

La primera frustración fue cuando no se consolidó la Independencia, porque emprendimos la violencia entre nosotros mismos y de aquí partió hacia Tunja el ejército de Nariño no a consolidar la Independencia, sino a combatir al ejército de las provincias de Camilo Torres.

En nombre de las tesis centralistas y de las descentralizas se dio aquella primera violencia entre nosotros, que abrió el camino para que viniera la reconquista a sangre y fuego, para que llegaran al cadalso los discípulos de Mutis, esa que podríamos llamar la gran generación de la iluminación colombiana.

La violencia nos frustró la revolución educativa de Bolívar y después la revolución educativa de Santander.

La violencia no nos permite tener al Libertador suficientemente en el gobierno, pues cuando regresaba victorioso del sur tenía que emprender el camino a Venezuela, infructuoso, a buscar el apaciguamiento del general (José Antonio) Páez y a evitar la desintegración de la Gran Colombia.

Y cuando regresaba, frustrado de Venezuela, ya enfermo, emprendió un viaje al Ecuador a buscar lo mismo, que no se desintegrará la Gran Colombia, que el Ecuador liberado por Juan José Flores no se apartara de la Gran Colombia, que tampoco se apartara Pasto en la época gobernada por Obando.

El General Santander como Vicepresidente adelanta una gran revolución educativa, pero todo se muere por la violencia entre nosotros mismos, por los atentados del 25 de septiembre de 1828. A partir de aquel momento el General va al exilio. Y cuando regresa en 1832 a asumir la Presidencia de la República, asume la tarea de otra revolución educativa que muere cuando Obando, su viejo amigo, emprende la Guerra de los Supremos, inexplicablemente en favor de las tesis educativas del Libertador Bolívar, cuando Obando había acompañado las tesis educativas del General Santander.

Y unos periodos muy inestables.

Ese periodo de los gobiernos de los años 1850, de José Hilario López, el Gobierno de Melo, el Gobierno de Mariano Ospina Rodríguez, la llegada de la Constitución de 1863, compatriotas bien importantes como el General Santos Acosta, Murillo Toro, Aquileo Parra, pero tampoco fructifica. La inestabilidad, el desorden y la violencia la condenan al fracaso.

Entre esa Constitución y la Constitución de Núñez pasaron escasamente 23 años, pero se reconocen 30 guerras civiles.

El Gobierno de Núñez crea condiciones de Paz, de orden. Bien importante analizar sus antecedentes. Primero elegido Presidente del Estado de Bolívar, como reacción contra el desorden, y después de la Nación entera, también como reacción contra el desorden.

Detrás de la festividad caribeña hay un gran propósito de disciplina y de orden, que es lo que explica la elevación de Núñez a la primera magistratura.

Y al decir de los estudios de nuestro ilustre compatriota, integrante conspicuo del Partido Conservador, el doctor Rodolfo Segovia Salas, en esos siete años prosperó la industria en el Caribe, la agricultura y la caficultura en la Colombia andina.

Pero rápidamente vino la guerra civil de 1895 y también la guerra civil de los Mil Días.

Y se apagaba esta última con los pactos de paz de 1902, empezó un entendimiento entre los partidos y se rompe a principio de los años 40.

Vuelve la desavenencia y la violencia entre los partidos, y los pactos del Frente Nacional de los expresidentes Laureano Gómez y Alberto Lleras le ponen fin a esa violencia. Pero no ha cesado plenamente y ya se escuchan en Colombia los disparos de los fusiles de las guerrillas marxistas recién llegadas de la revolución cubana, que proponían la dictadura como sustituto del Estado de Leyes, el odio violento de clases como motor de la política para sustituir la lucha argumental ideológica.

Y viene la reacción igualmente cruel del paramilitarismo, y unos y otros cooptados por el narcotráfico.

Es la triste realidad que nos permite decir que desde los años 1940 las generaciones vivas no han vivido un día completo de paz.

He ahí la importancia, en este Bicentenario, de reflexionar sobre la seguridad.

Creo yo que Colombia habría podido tener más prosperidad, pero que una razón de sus frustraciones es esta violencia.

Estamos a la expectativa de qué van a decir los historiadores, los politólogos, los sociólogas, en estos años de vida independiente.

Sin embargo he querido desde mi punto de vista de hombre público, hacer el aporte de asomar esa tesis: Colombia con buenos gobiernos, buenos gobernantes, buenos líderes, buenas políticas públicas, una gran capacidad de emprendimiento, un gran talento en el cumplimiento de la vida laboral, Colombia debería haber logrado mayor prosperidad.

Pienso que no la ha logrado por ese sino histórico transversal que ha sido la violencia. Por eso tan importante la paz para las nuevas generaciones.

Hemos venido trabajando la confianza inversionista.

Ceo que en Colombia en estos años por lo menos ha habido dos fenómenos culturales importantes.

El primero: a mi generación se le formó en la idea de que todo crimen tenía un origen social, era la interpretación extrema de la teoría del derecho positivo.

A mi generación se le formó en la idea de que cualquier política de seguridad no tendría campo fértil en el pueblo colombiano, que era un camino a la dictadura.

Hoy los colombianos, mayoritariamente aceptan lo contrario: que la seguridad es un valor democrático, una fuente de recursos.

También se nos formó en la idea de que había que reclamar lo social, pero nunca se hizo un estudio juicioso sobre las fuentes de recursos para lo social.

Hoy, amplios sectores de la sociedad colombiana aceptan que la inversión con responsabilidad social es fundamental. Sin ella es imposible obtener los recursos para lo social.

Apertura unilateral y acceso a mercados

Esa política de inversión la ubicamos en lo que llamamos una política de prosperidad, que se apoya en la seguridad, se apoya en las normas específicas, que con la ayuda de la bancada parlamentaria hemos aprobado los incentivos a la inversión. Se apoya en el acceso a mercados que sustituye la apertura unilateral.

Entre 1989 y 2003 nuestra Patria hizo una apertura unilateral del mercado, se perdieron 800 mil hectáreas de agricultura, por fortuna hoy tenemos un millón más en este Gobierno. Hemos pasado 4 millones de hectáreas a 5 millones.

Abrimos nuestro mercado a esta época para que llegaran bienes producidos del extranjero, pero no abrimos mercados en el extranjero para que nuestros productos accedieran. Solo tuvimos la Comunidad Andina y un acceso a la postre insuficiente al mercado mexicano.

En estos años hemos buscado revertir esa política, sustituir la apertura por el acceso a mercados.

Por eso nuestro acuerdo Comunidad Andina- Mercosur, nuestro acuerdo con Chile, nuestro acuerdo con Perú, nuestro acuerdo con tres países centroamericanos; ahora la negociación con Panamá, nuestro acuerdo con Canadá, con los Estados Unidos –que pende en su Congreso- nuestro acuerdo con la Unión Europea, nuestro acuerdo con China, nuestro acuerdo con India, ahora el acuerdo que se negocia con Corea.

Con el buen cuidado de los capítulos sociales, del capítulo de la protección de los derechos de los trabajadores, del capítulo de la observación y respeto a los derechos humanos y del capítulo del respeto a las normas ambientales.

Pero cuando hay seguridad, estímulo a la inversión, acceso a mercados, también hay otra pregunta para la prosperidad: ¿Qué se ofrece a esos mercados?

Innovación productiva y Revolución Educativa

El país necesita una gran innovación productiva. Ha sido una de las razones para nosotros fomentar la inversión, para escoger los sectores nuevos como los biocombustibles, el call center el Business Process Outsourcing, el turismo de salud, el software, la producción de medicamentos y de productos cosméticos a partir de materias primas naturales.

Agregarle valor a la producción tradicional y desarrollar una nueva producción que sea competitiva en el mercado mundial es fundamental, y eso necesita una gran Revolución Educativa.

Graduábamos 420 mil bachilleres, ahora graduamos 737 mil.

La cobertura en educación básica era del 78, hoy del 100 por ciento.

La cobertura en educación media era del 57, hoy del 80 por ciento.

Teníamos menos de un millón de estudiantes universitarios, estamos llegando a un millón 700 mil.

El Sena capacitaba millón 150 mil personas, el año pasado 7 millones 857 mil. Hoy le enseña inglés a un millón de colombianos a través de Internet. Tenía en programas titulados de técnica y tecnología 41 mil colombianos matriculados, este año tendrá 500 mil.

El Icetex apoyaba 60 mil estudiantes con crédito, hoy 300 mil 15 estudiantes.

Sabemos todo lo que falta, pero yo creo que ha habido un principio de Revolución Educativa importante.

Infraestructura

Por supuesto el país necesita infraestructura. Creo que están en marcha una serie de proyectos de la mayor transcendencia.

Si nos situamos solamente en Bogotá podemos decir que el aeropuerto en construcción, gracias a la concesión de este Gobierno, caracterizará a Bogotá nuevamente por tener uno de los mejores aeropuertos de America.

Pero en concesión están varios aeropuertos del país, e introdujimos la figura de la concesión grupal.

Teníamos 34 kilómetros de Transmilenio, tenemos hoy 84, en construcción otros 20 y garantizada la (carrera) séptima.

Pero también Transmilenio en otras nueve ciudades colombianas, empezados, unos concluidos; empezados todos por este Gobierno, unos concluidos y otros en avance.

Y quedan unos programas financiados bien importantes para sistemas de transporte masivo en otras 10 ciudades colombianas, entre ellas Santa Marta y Pasto.

Si nos situamos solamente en Bogotá, vemos que todas las vías que comunican a Bogotá con sus destinos económicos quedan en programas de construcción de doble calzada.

Más de 200 kilómetros serán construidos en doble calzada, de la longitud total de 240 kilómetros entre Bogotá y Sogamoso.

Delante de Sogamoso, buscando Cusiana y Yopal, en construcción la carretera de la cordillera oriental, de excelentes condiciones.

De Yopal a la capital araucana, gracias a la obra que hizo este Gobierno entre Tame y Arauca, una gran carretera, queda faltando el puente de San Salvador sobre el río Casanare y unos kilómetros de accesos a ese puente.

De Bogotá hacia Buenaventura toda la carretera en proceso de construcción de doble calzada; construido el Túnel ‘Guillermo León Valencia’ en Melgar; en plena construcción el Túnel de La Línea, que ojala se llamara el Túnel del Segundo Centenario.

En plena construcción la carretera hasta Buenaventura.

Si ustedes van hoy a Villavicencio encuentran que hay 112 frentes de obra construyendo la doble calzada Bogotá-Villavicencio.

Y si ustedes bajan por el Sisga al Llano, ven que ese viejo sueño de la vía alterna al Llano también está en construcción.

Y hemos adjudicado una de las obras colosales de la historia de Colombia: la doble calzada Villeta-Santa Marta ¿Por qué no Bogotá? Porque estamos ya haciendo la doble calzada Bogotá-Villeta.

De Villeta a Santa Marta contratados y entregados a los contratistas los dos tramos principales: el uno hasta el río Magdalena y el otro hasta San Roque, en el Cesar, y en licitación el tramo que va de San Roque en el Cesar a Santa Marta con los ramales: uno que entra a Valledupar, hacia el este, y otro que conecta con el corredor de los contenedores a Cartagena, hacia el sur oeste, entrado por el Carmen de Bolívar.

Y así se ve un proyecto de infraestructura en todo el país.

Es muy importante la inversión, apreciados compatriotas.

El año pasado en la crisis, América Latina tuvo un compartimiento negativo en su economía del 1,7 (por ciento), en Colombia, gracias a la inversión, crecimos un poquito, 0,4 (por ciento).

El año pasado en la crisis América Latina vio aumentar la pobreza, en Colombia la pobreza se redujo a pesar de la crisis.

En crisis anteriores era necesario recortar las transferencias a las regiones, el año pasado la crisis le recortó los ingresos al Gobierno Nacional, pero el Gobierno Nacional no le recortó las transferencias a las regiones; siguieron creciendo al 5, 6, 7 por ciento real anual, lo que ha ayudado bastante a todos los programas sociales y a todos los programas de infraestructura.

Seguridad, inversión y la política social.

Avances en política social

Hemos pasado de 23 millones de colombianos asegurados en salud a 43 millones. Falta un dinero, reconocemos que falta.

Confiamos que el Congreso de la República nos apruebe la ley que está en curso para impuestos a la cerveza, a los cigarrillos, a los licores, a los juegos. Y seguramente el próximo Gobierno tiene que hacer otro esfuerzo.

Yo creo que es significativo el avance de Banca de Oportunidades. Reconozco todo el interés del Partido Conservador, de ese gran compatriota Carlos Martínez Simahan, por quien siento admiración y tengo con él mucha gratitud.

En estos años de Gobierno entregamos siete millones 200 mil microcréditos, de ellos entregamos millón 600 mil a familias que nunca antes habían recibido un crédito institucional.

Cuando el Gobierno empezó, la cartera en poder de los microempresarios –óigase bien- valía 732 mil millones, hoy vale más de ocho billones.

Creo yo que el desempleo en la crisis no volvió a niveles del 16 - 18 por ciento por dos razones: por la política de confianza de inversión y por elementos tan importantes como Banca de Oportunidades, frente a lo cual expreso a ustedes toda la gratitud.

Y hemos procurado cumplir en estos años.

Para nosotros Banca de Oportunidades no fue entusiasmo de un día, sino vocación de todas las horas, y así lo cumpliremos hasta el 7 de agosto.

Esta coalición ha sido útil, venturosa para la Patria.

Cuando yo regrese en la tarde del 7 de agosto al más bello oficio de todos, al de simple ciudadano de Colombia, partiré de aquí con gratitud con la Patria entera, y con este colación de la cual los conservadores, mis compatriotas conservadores, ha sido unos socios muy importantes con todo patriotismo.

Estamos en un momento difícil. La rabia de los criminales disminuidos no sabe cómo expresase, pero ahí lo enfrentamos y le pedimos a Dios buen viento para podernos defender, porque lo importante no es que los criminales vuelvan a la sombra de los débiles, sino que el país pueda seguir un camino firme de derrota de los criminales.

Tendré mucho gusto, con la ayuda de Dios ante del 7 de agosto, de compartir con ustedes el almuerzo del Centro de Estudios Colombianos.

Sigan ustedes en ese magnífico dinamismo, en esa gran creatividad, en esa manera de prodigarle al país ofertas intelectuales para su bienestar.

Les agradezco enormemente ese empuje que manifiestan en todas las horas.

Mi gratitud infinita por entregarnos estos magníficos libros.

Felicitaciones, muchas gracias”.

 
     
 
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
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