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FORO ¿AMENAZA TERRORISTA O CONFLICTO INTERNO?
Abril 26 de 2005 (Chía – Cundinamarca)

Compatriotas:

Me gusta este debate porque es una prueba más del proceso de profundización de la democracia colombiana. Y ese es un referente necesario para calificar esta acción violenta como expresión de un conflicto o como una amenaza terrorista.

¡Qué bueno que esta democracia nos vaya igualando al Presidente de la República con todos los panelistas! No creo que en los otros países, donde se aplicaron doctrinas de seguridad, esto hubiera ocurrido.

Y por eso, doctora Socorro (Ramírez, docente del Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales de la Universidad de la Sabana), empiezo por decirle que hay profundas diferencias entre nuestra política de Seguridad Democrática y la doctrina de la Seguridad Nacional, que auspició los Estados Unidos en algunas décadas en el Continente, que se utilizó para perseguir disidentes, para acallar la oposición, que omitió cualquier expresión de interés por la democracia.

La política de Seguridad nuestra es Democrática, justamente porque representa todo lo contrario: es una política para profundizar la democracia, para permitir que en esa democracia se practique el pluralismo, para proteger a todos los ciudadanos, independientemente de su identificación o de sus diferencias ideológicas con el Gobierno, independientemente de su estatus social o económico. Para proteger por igual al líder sindical que al líder gremial, al empresario que al trabajador.

Voy a hacer, apreciados estudiantes y profesores, unos comentarios a las exposiciones de mis tres distinguidos antecesores. Porque me parece que no contribuiría al Foro si paso por alto esas intervenciones. Entonces le hice unas anotaciones y voy a tratar de que estos comentarios comprendan todos los puntos que ellos trataron.

Empiezo por el doctor César Mauricio (Velásquez, decano de la facultad de Comunicación Social y Periodismo de la Universidad de la Sabana). Dice que la extradición es una dificultad para la solución del problema que vive Colombia.

Primero que todo, la política de Seguridad Democrática y la calificación que le damos a la acción de los violentos en Colombia, de acción terrorista, no excluye la solución negociada. Pero hay un elemento práctico. A mí me han preguntado en el país y en el extranjero: ‘¿cómo los califica de terroristas y simultáneamente acepta negociar con ellos?’ Por eso se ha pedido el cese de hostilidades.

El último intento ha sido con el Eln. Hemos dicho: ‘mientras ustedes estén en acciones violentas, esas acciones violentas ejercidas en un medio en cuya democracia se profundiza todos los días, no pueden calificarse de manera distinta a acciones terroristas. Los gobiernos democráticos no pueden negociar con acciones terroristas, por eso es necesario el cese de hostilidades’.

Y les hemos propuesto urgencia para el cese de hostilidades, como condición para empezar un proceso de negociación, sin que haya urgencia para el desarme, para la desmovilización. Creo que es una propuesta práctica, generosa, que concilia o explica cómo una política cuyo polo determinante es la Seguridad Democrática, es una política que no se cierra a la negociación. Y los resultados están a la vista, doctor César Mauricio, el discurso no los puede omitir y me extraña que usted los omita.

Este Gobierno, supuestamente de arrogancias militaristas, supuestamente –según sus palabras–, que niega el diálogo, tiene hoy más de 12 mil reinsertados: seis mil de los grupos paramilitares y seis mil de las diferentes guerrillas. Y ese número es creciente y es muy importante compararlo históricamente.

Cuando el M–19 se reinsertó, eran 280 guerrilleros. Sumándole los apoyos subían a 700, 800. Cuando el Epl se reinsertó, eran 600 guerrilleros. Sumándole los apoyos eran 1.600, 2.000 personas. En la Corriente de Renovación Socialista se reinsertaron 280. Sumen eso y compárenlo contra 12 mil reinsertados en este Gobierno.

Que hay problemas en la reinserción, por supuesto, pero el Gobierno ha procedido con toda la generosidad democrática, con todo el afecto patriótico a enfrentar el tema de la reinserción, a dar todas las posibilidades, a financiarlo. Este año la reinserción nos puede costar 200 mil millones.

Aquí, por ejemplo, para el desplazamiento había un presupuesto anual de 25 mil millones de pesos. E año es de 180, 200 mil. Las Familias Guardabosques –que es otra gran alternativa a los colombianos desorientados en la droga, que ya son 30, 33 mil–, nos cuestan este año también entre 150 y 200 mil millones de pesos.

Esos tres proyectos, que los analistas de la inversión social desconocen, valen la suma de 240 millones de dólares este año. Y eso demuestra el gran esfuerzo que está haciendo el Gobierno para que la acción militar –que es un componente del concepto de Seguridad Democrática y que es el polo determinante de esta política–, no excluya lo que es procesos de negociación, soluciones políticas, que todo desemboca, finalmente, en actos individuales o colectivos de reinserción.

LA EXTRADICIÓN NO ES OBSTÁCULO PARA PROCESOS DE PAZ

El tema de la extradición. Uno tiene que escoger, si sigue unos caminos de dudas y de negociaciones turbias, que finalmente le han hecho mal al país, o si evita que al país lo sienten como un país “paria” en el banquillo judicial.

Si alguna duda hubo con relación a algún aspecto de la Constitución del 91, fue la manera como allí se suprimió la extradición. Si alguna cosa tuvo que hacer Colombia, y todavía no sabemos hasta qué grado con autonomía, fue revivirla.

No voy a cometer el error de poner a mi país nuevamente de país “paria” por entrar a hacer un manejo imprudente de la extradición. Por eso hemos dicho que no es objeto de negociación, que no es objeto de reforma constitucional en este Gobierno, que no es objeto de reforma legal. Y también hemos dicho que no es obstáculo para procesos de paz.

Y lo dijimos claramente, en un comunicado del 27 de abril del año pasado, que hemos cumplido rigurosamente. Dijimos: la extradición no es negociable, no podemos volver al país un país “paria”. Aquellos que de verdad quieran rectificar, que de verdad tengan actos de contrición sobre sus conductas, que quieran abandonar la droga, la tipificación de delitos objeto de extradición, tienen la oportunidad de hacerle una demostración de sus reales intenciones a la comunidad nacional e internacional. Por eso ya tenemos un caso de una extradición suspendida, pero sometida a esas condiciones.

Entonces lo primero que le quiero disiparle, doctor César Mauricio, es que no es válido decir que la posición de este Gobierno frente a la extradición, es un obstáculo para que haya procesos de paz en Colombia.

Ahora, esa es una institución que todos los días hay que desmitificar. Eso no se puede seguir manejando con ese frenesí patriótico. Nosotros todos los días estamos institucionalmente más internacionalizados.

Yo no entiendo cómo se estimula que Colombia sea parte de la Corte Penal Internacional y simultáneamente se quiere negar la extradición.

Yo no entiendo cómo se dice que estos delincuentes, están anclados en una organización internacional –lo que les da cierta legitimidad para que el Gobierno no los denomine terroristas, sino para que se le denomine actores de un conflicto armado interno–, se reconoce ese factor internacional y simultáneamente se quiere negar la extradición.

Y Colombia, como parte de la comunidad internacional, tiene que entender que las obligaciones en la comunidad internacional hay que ejercerlas por todos los asociados, hay que cumplirlas por todos los asociados.

Nosotros no podemos negar la extradición aquí y pedir extradición en los casos en los cuales requerimos pedirla. Por ejemplo, ahora estamos solicitando la extradición –ya la ha autorizado la Corte Suprema de Venezuela– de un señor de la Farc –a mí no me gusta referirme a ellos por apodos–, que está preso en una cárcel de Venezuela.

Hay un punto bien importante: dice el doctor César Mauricio que “dominan el territorio”. Dominaban.

Este problema que estamos teniendo ahora en el Cauca es porque allá llevaban 40 años tranquilos. Este Gobierno encontró 16 pueblos del Cauca sin policía: Toribío, Tacuelló, Jambaló –donde estamos ahora– no tenían policía. Eso era domino total de estos señores.

La selva donde tenemos la operación Patriota, era de dominio total de estos señores. La circunferencia cundinamarquesa, alrededor de Bogotá, se había convertido en un dominio total de ellos y de las Auc. Y lo propio en la Sierra Nevada.

Hoy todos esos grupos están en disminución, hacen intentos que nos hacen mucho daño y que algunos tratan de convertirlos en victorias políticas del terrorismo –como el intento del Cauca–, pero todos los días tienen menos posibilidades de dominio territorial. Del Cauca los vamos a sacar, como de todo el país, y eso nos cuesta todas las dificultades del mundo.

Ahora, lo que no puedo hacer en este Foro es traer una ideología diferente a la que practico, ni un pensamiento diferente. Sí, yo soy un convencido que esta Patria necesita vivir sin droga, sin guerrilla y sin paramilitares. Y aquí se gastaron muchos años, simplemente dándoles consejitos, y mientras les daban consejitos llegamos a tener una Nación derrotada, sin crecimiento económico, empobrecida, con su democracia sitiada, con 50 mil guerrilleros y 170 mil hectáreas de droga.

Creo en la democracia, pero la democracia no funciona sino a partir del ejercicio de la autoridad.

Recuerdo al doctor Antonio Navarro Wolf (ex guerrillero del M – 19 y hoy senador de la República) alguna vez decir, que lo que hizo que el M–19 tomara la decisión de negociar, fue que el Ejército los copó militarmente. Recuerdo a los salvadoreños decir: ‘tomamos la decisión de negociar cuando nos dividimos al interior de la guerrilla y unos decían, ‘no tenemos ya perspectiva de avance militar’ y los otros decían, ‘estamos derrotados’.

¿Qué pasó en el Caguán? Toda la buena fe del Gobierno colombiano de entonces, la guerrilla nunca tuvo allí intención seria de negociar. Eso lo aprovecharon, simplemente, como una ventaja para poder avanzar. Avanzaron en droga, avanzaron en armamento, abusaron y maltrataron más al pueblo colombiano. Aplicaron aquel principio que tomó Marx de Maquiavelo: “cuando tu enemigo tenga un gesto de generosidad contigo, no lo tomes como un gesto de generosidad sino como una debilidad y golpéalo”.

Entonces si aquí estamos en el propósito de profundizar esta democracia, ¡hay que defenderla! Mientras yo sea Presidente, doctor César Mauricio, no se la vamos a entregar. Tenemos todas las dificultades del mundo, como las que hemos tenido en el Cauca, pero los vamos sacar de allá y de todos los sitios del territorio.

Es que mi generación no ha tenido un día de paz. Yo saludaba ahora a los jóvenes de la Universidad y decía: ¿y por qué ellos tienen que vivir lo mismo? Entonces mientras mi generación creció, se educó y se envejeció, lo que hicimos fue ver una gran cantidad de gobiernos con un discurso en el cual confundieron la civilidad con debilidad, despreocupado por los sectores sociales del país y totalmente pendiente de darle satisfacciones al bandolerismo, no. Ese no es el cuento nuestro. Esos señores van a negociar cuando sientan que los van a derrotar.

No crean que las negociaciones con ellos, sean guerrillas o paramilitares, son por mera liberalidad de ellos. Ahí está el testimonio del doctor Antonio Navarro, está el testimonio de los salvadoreños. Las autodefensas ilegales de Colombia no han llegado a este proceso de negociación por mera liberalidad. La acción militar de este Gobierno ha sido implacable y ha tenido un efecto determinante en que unos sectores de las autodefensas tengan voluntad de negociar hoy.

Entonces, doctor Cesar Mauricio, a mí me preocupa mucho que siga haciendo carrera la tesis de que el polo principal es una debilidad y una actitud totalmente concedente a estos grupos, porque eso no hace sino crecerlos.

Usted lo dice con mucha bondad aquí en la universidad y ellos allá se saben favorecer de sus palabras y aprovechan esas actitudes para crecerse y para martirizar más al pueblo colombiano.

INVERSIÓN SOCIAL Y SEGURIDAD DEMOCRÁTICA

Los desequilibrios sociales, eso y el tema democrático –me voy a referirme a algunos puntos del doctor Eduardo Pizarro Leongómez (presidente del Instituto de Ciencias Políticas de la Universidad Nacional)–, hay que mirar qué es la causa de qué hoy.

Yo veo algunos países con desequilibrios sociales más profundos que el nuestro sin estos fenómenos.

La verdad es que la guerrilla que vimos nacer en los años 60’s, que tuvo una base ideológica –como lo dice el doctor Pizarro Leongómez–, finalmente, en nombre de la reivindicación de los pobres, lo que produjo fue el ahuyentamiento del capital. En compañía de los mal llamados paramilitares, desplazaron 2 millones de colombianos internamente, desplazaron 4 millones de colombianos al exterior y llevaron este país a una crisis fiscal, económica y social que no se resume sino en este cuadrito clínico:

Cuando el Presidente Barco terminó, en el año 90, el endeudamiento del país era del 10, 12 por ciento. Cuando yo asumí, 12 años después, era del 56 por ciento. En esa época, prácticamente, las finanzas estaban en equilibrio. 12 años después yo recibí un déficit del 4.2 por ciento. Entre los años 1994 y 2000, el desempleo de jefes de hogar subió del 4 por ciento al 10, y el desempleo abierto subió del 7.5 a casi el 20 por ciento.

Entonces aquí hay que empezar a mirar cuáles han sido –en ese proceso de círculos viciosos, en los últimos quinquenios–, las causas determinantes de esta gravísima situación social del país.

Ahora, creo que el tema no hay que seguir dividiéndolo en términos de izquierda o derecha.

Doctora Socorro, yo no subestimo ningún gobierno democrático. Lo que sí creo es que es una equivocación, cuando se ha adoptado la regla democrática en toda América Latina, tratar de hacer divisiones a los gobiernos con la vieja medición de si son de izquierda o de derecha. Esa es una categorización totalmente obsoleta.

Y se lo voy a decir por una cosa baladí: mire usted los resultados económicos de algunos gobiernos, supuestamente de izquierda, y compárelos con otros supuestamente de derecha. Cuando hay buen manejo no hay diferencia. Hay algunos gobiernos, supuestamente de izquierda en el continente con resultados sociales catastróficos y con menos interés en reformar el esquema social que algunos gobiernos supuestamente de derecha.

Mi llamado de atención a los colombianos es que no sigamos cayendo en esa trampa. Adoptada la regla democrática, hay que medir todos estos movimientos, hay que medir a los gobiernos en la región, en función –creo- de cinco variables: la transparencia, la seguridad, el respeto a las libertades públicas, la cohesión social y el respeto a las instituciones.

Por ejemplo, mis críticos, dicen: ‘Uribe derechista, militarista, etcétera’. Este es un Gobierno totalmente sometido a instituciones. Yo no puedo ir a imponer un programa de televisión, eso aquí lo define una Comisión independiente. Yo no puedo decir: ‘las tarifas de energía son estas’, hay una Comisión Reguladora.

Cuando releo a Bobbio, que no alcanzó a entrar en sus disquisiciones sobre izquierda y derecha, en el significado de la solidez institucional, pienso: si Bobbio estuviera examinando el tema diría: ‘hoy ser de derecha es apropiarse de las instituciones. Desconocerlas y ser más progresista, es respetarlas’.

Paradójicamente este Gobierno es más respetuoso de la solidez institucional, que supuestos gobiernos de izquierda, donde se da un fenómeno de destrucción de instituciones, un fenómeno de monopolización de poder, que niega la virtud democrática de esos gobiernos.

RECHAZO INTERNACIONAL AL TERRORISMO

Me voy a referir a los cinco elementos que trajo el doctor Eduardo. Él dice que el conflicto ha sufrido participación internacional, creo que todos los días más rechazo internacional.

Es distinta la participación internacional al rechazo internacional. Cuando hacía esos viajes como gobernador de Antioquia al extranjero, y lo que refería la doctora Socorro, recuerdo que esas embajadas nuestras eran muertas de miedo de atacar a estos bandidos.

Lo que pasa es que Colombia no había hecho un esfuerzo por tener apoyo a una política de Seguridad, había hecho esfuerzos por tener una política de diálogo, había hecho esfuerzos por tener apoyo a la política de la zona de distensión del Caguán, se hizo un esfuerzo con el Plan Colombia para atacar la droga, porque veníamos con unos procesos de cooperación los Estados Unidos, que los consideraban insuficientes.

Yo veo que en Europa hay un rechazo hoy en un nivel que no lo había. En este Gobierno, en Europa se declaró terrorista al Eln, en los Estados Unidos todos están declarados terroristas, en América Latina el rechazo es creciente.

Mire, cómo es de importante haber oído y haber visto la práctica en el esquema de cooperación con Colombia, del rechazo al terrorismo colombiano en los gobiernos de Ecuador, de Perú. Cómo es de importante haber oído al presidente Lula hace pocas semanas, en la reunión de Venezuela, rechazar ese terrorismo. Cómo es de importante ver este proceso positivo de Venezuela, que confiamos que sea de la mayor utilidad para Colombia.

Entonces rogaría revisar ese concepto. Más que una internacionalización hay hoy un rechazo, un creciente rechazo que bastante nos ayuda.

Tuvo raíces ideológicas, no lo discuto doctor Eduardo, más aún, le agregaría esto: era yo estudiante de la universidad pública, a principios de los años 70’s en Medellín, veíamos en un extremo una guerrilla ideológica y en otro extremo el narcotráfico, simplemente mercenario. Lo que no alcanzamos a anticipar es que 30, 40 años después fueran a estar juntos.

¡Increíble lo que le ha tocado ver a mi generación! Yo no creí. A nosotros nos dividían allá a ver quiénes se afiliaban a la línea de Cuba o a la línea Moscú o la línea Pekín. Ahora que fui a la Universidad de Pekín me sorprendió, dije mire, la vida es un prodigio: recibir yo, que era una especie de voz disidente en ese movimiento estudiantil, y que enfrentaba las tendencias mayoritarias con toda convicción, recibir un Honoris Causa en la universidad de Pekín.

Es bien importante el tema, eso nos desviaría a ver el tema evolutivo de las sociedades. Con José Obdulio Gaviria (asesor presidencial) veíamos que allá no se murió el comunismo por otra razón, no se murió el esquema. Mientras en otras partes mantuvieron ese dogmatismo sobre la lucha violenta de clases y la instauración de la dictadura del proletariado, allí se valieron de las tesis evolucionistas de Mao Tse Tung: detrás de cada contradicción hay que resolver otra. Mao Tse Tung no vio un horizonte finito, sino infinito. Decía: no sabremos cuándo se van a agotar las contradicciones. Los otros teóricos del marxismo sí lo veían. Y venían un horizonte finito donde íbamos a llegar a la plenitud de la dicha, una vez se eliminara la sociedad de clases y se instaurara totalmente el comunismo.

Y Deng Xiao Ping, con un gran pragmatismo, dijo: ‘no, mire, nosotros no podemos tener aquí un socialismo pobre sino de ricos, hay que hacer compatible la economía de mercado con nuestra economía planificada y hay que abrir esto a la inversión extranjera’.

Esos procesos evolucionistas se han dado en Colombia pero al revés. Aquí, este proceso de unas guerrillas con unas bases ideológicas –que no se puede desconocer las tuvieron-, cedió para abandonar totalmente la ideología, -le queda muy poquito- y para evolucionar hacia el enriquecimiento a través de la droga y hacia el mercenarismo, prolongado -por supuesto, eso no se lo discuto-, de baja intensidad.

Le voy a proponer una discusión, doctor Eduardo: yo no creo que se pueda seguir midiendo el tema de homicidios en Colombia, diciendo que el 15 por ciento lo cometen estos grupos y el resto es por diferentes causas y por diferentes actores. Estos grupos han sido asesinos directos o indirectos. Las comunas de Medellín aprendieron a matar y sus profesores fueron la guerrilla, el narcotráfico y el último que entró en escena, el paramilitarismo.

La política de Seguridad Democrática, las dificultades que tenemos, no nos pueden hacer desfallecer. Esto lo vamos a ganar, que no quepa la menor duda. Por eso acudo a estos foros, también animado con un propósito. Unas dificultades de orden público no son para darles el triunfo político a estos delincuentes.

¡Aquí hay que persistir, perseverar, que es lo que le ha faltado a Colombia! Y el Gobierno tiene que dar ejemplo de compromiso para derrotarlos. Ellos solamente van a negociar el día que sientan que de verdad los podemos derrotar. Aunque lo disimulen. Es posible que con otro Gobierno digan: ‘sí negociamos’, porque ya sienten una debilidad proveniente del anterior que los obliga a negociar, así digan que negocian por simpatía con el nuevo.

En esto hay que poner mucho cuidado en los delitos que se le imputan. Porque lo que usted dice, algunos lo han utilizado para subestimar la capacidad de daño en la sociedad de estos grupos. Para decir: ‘no, es que aquí hay tantos homicidios, pero estos grupos solamente son responsables del 15 por ciento.

Mire, nosotros hemos visto, como consecuencia de nuestra política de Seguridad Democrática, una gran reducción del homicidio en Colombia. En el año 2003, en relación con el 2002, el homicidio se redujo en Colombia un 20 por ciento. En el 2004, en relación con el 2003, se redujo un 14 por ciento. Y este año se ha reducido, en relación con el mismo periodo del año pasado, un 24 por ciento.

En Bogotá, este año, por ejemplo, hemos tenido cosas buenas y malas. Bogotá este año lleva cero secuestro extorsivo. A mí ni me gusta decirlo, porque eso parece un desafío, pero no es casual. Entre el 2002 y el 2003 la reducción del secuestro en Colombia fue del 27 por ciento. En el 2004 del 34 por ciento, en relación con el 2003. Y en lo que va corrido de este año hay una nueva reducción del secuestro del 60 por ciento.

Sin embargo, mientras en el consolidado nacional el homicidio se ha disminuido un 24 por ciento, Bogotá lleva 80, 85 homicidios más, en lo cual tenemos que trabajar para revertir esa tendencia. Eso nos causa inmensa angustia, que viene de una base más baja de Bogotá.

¿Y qué hemos visto? A medida que hemos venido desarticulando jefes milicianos –aquí se decía que no había milicias y era una ciudad plagada de las milicias Antonio Nariño de la Farc–. Y a medida que hemos venido encarcelando jefes de autodefensas, uno de los factores que ha contribuido a este incremento en algunas partes de Bogotá (el homicidio), es que esos grupos hoy no tienen jefe y están en un proceso de atomización. ¡Hay que combatirlos hasta devolverle plenamente a la ciudad, la tranquilidad!

Y esos homicidios en Bogotá, las estadísticas no los contabiliza como homicidios imputables a estos grupos. Para hacer, muchachos, simple y claro: estos grupos han sido, en unos casos, asesinos directos, y en otros casos profesores del asesinato. Yo, de la edad de ustedes, tengo el recuerdo de haber visto dos escuelas de asesinato en mi ciudad, en Medellín: la escuela de asesinato de la guerrilla y la escuela de asesinato del narcotráfico y posteriormente apareció una tercera, la de los paramilitares.

Dice el doctor Eduardo que el país ha sufrido de creciente degradación terrorista. Ahí hay que considerar otro tema para ver si es terrorista o no: miremos esta acción frente a la democracia colombiana, porque, simplificando, estos grupos en muchos momentos de sus proposiciones ideológicas, le propusieron al país una serie de reivindicaciones sociales y le propusieron al país una lucha contra una democracia cerrada.

¿Qué pasó en materia social? Su resultado fue todo lo contrario. Agudizaron profundamente la pobreza, condujeron al país a grados de miseria tremendos –que nos vamos a demorar en superar-.

Viendo la sociedad China, con todas las dificultades del mundo a pesar de todos los avances, diría que Colombia, uno la puede ver en dos grandes grupos: un 52 por ciento en qué aguda pobreza que hay que reivindicar, y preguntémonos ¿quién ha sido el culpable de ese 52 por ciento de pobreza? El otro 48 por ciento. El otro 48 por ciento vive en un modelo relativamente justo, presentable en cualquier parte del mundo.

El empresariado colombiano paga tasas de contribución a la seguridad social más altas que en muchos países de supuestos gobiernos de izquierda.

Las tasas contributivas de Colombia, especialmente en los últimos años, son más altas que en muchos países con gobiernos supuestamente de izquierda.

Hay todos los elementos de juicio para decir: la pobreza de un 52 por ciento, la culpa no la tiene el otro 48 por ciento. Ese 48 por ciento hace un gran esfuerzo en lo fiscal y en lo social.

No es sino comparar un trabajador de Bogotá del sector informal, callejero, con un trabajador de salario mínimo de una empresa organizada. El trabajador del salario mínimo de una empresa organizada vive con relativas y aceptables garantías frente al informal, y tiene seguridad social y deriva dos veces y medio lo que deriva el informal. Creo que en los últimos lustros, en las últimas décadas, el factor determinante para llegar a ese 52 por ciento de pobreza, ha sido la acción del terrorismo.

Frente a la democracia. En América Latina hubo muchas guerrillas –todos las conocemos-, conflictos internos. Esas guerrillas lucharon contra dictaduras militares o contra dictaduras civiles, contra regímenes donde se concentraba en una persona o en un grupito el poder militar, el poder político, el poder económico; caso Somoza, etcétera, las dictaduras del Cono Sur. Y eso le dio algún halo de legitimidad a esas luchas, en Colombia no. En Colombia hay una democracia en profundización.

DE LAS GARANTÍAS RETÓRICAS A LAS GARANTÍAS EFECTIVAS

Miren el gobierno de la Seguridad Democrática: las elecciones del 2003 son bien importantes para analizarlas. Candidatos de partidos de izquierda, supuestamente, de partidos alternativos a los tradicionales, de partidos que venían de antiguas guerrillas, tuvieron en Colombia, por primera vez, garantías efectivas. Siempre tenían garantías retóricas. Es bien importante el examen de esta aseveración y quisiera que los profesores universitarios la vieran y la examinaran.

En las elecciones del 2003, con la Seguridad Democrática, el país empezó a hacer el tránsito de las garantías políticas retóricas a las garantías efectivas. Antes había las mismas garantías retóricas, pero los mataban.

A este Gobierno no se le puede atribuir, como excusa para no creer en la democracia, lo que pasó con la UP (Unión Patriótica). Me he propuesto la tarea de que la Fuerza Pública sienta que no es la Fuerza Pública de Uribe sino de la Constitución, para proteger por igual a los colombianos, sean mis críticos o mis seguidores.

Creo que los congresistas de oposición nunca habían tenido un discurso más radical que el que han tenido contra este Gobierno y ¡nunca! habían tenido una protección más efectiva que la que han tenido frente a este Gobierno. Muchos de los intelectuales que han combatido, acremente, mi carrera política, han regresado al país. Paradojas de la vida. En el Gobierno según el cual, según ellos, deberían estar desterrados, ha sido el Gobierno que les ha posibilitado regresar al país.

El referendo del 2003: tuvieron más espacios televisivos opositores y abstencionistas que el Gobierno. No tuvo un solo punto populista. Ahí estamos bregando a enmendar en el Congreso es problema de pensiones tan grave.

El Gobierno no pudo sino ganar uno de los puntos del referendo. ¿Ustedes se imaginan qué hubiera pasado donde el Gobierno los hubiera ganado todos y le hubieran imputado al Gobierno los vicios que el Gobierno le imputó al Consejo Electoral? Es que el Consejo Electoral desconoció ésto. El Consejo Electoral, para definir el censo electoral, sumó cédulas de quienes no podían votar: de 38 mil militares, de 500 mil muertos.

¿Qué hizo el Gobierno?: lo reclamó en público y en privado. El Consejo Electoral no desconoció esos hechos, dijo que no podía cambiar las reglas de juego para enterrar el referendo. Y las reglas de juego nos las dejaron conocer a las 9 de la noche del viernes anterior al referendo.

¿Violó este Gobierno las instituciones?: no, las respetó a pesar de sus equivocaciones. Pero eso hay que reivindicarlo como algo demostrativo de la profundización de la democracia en el Gobierno de la Seguridad Democrática.

Entonces, ¿cuál es mi tesis allí? Mi tesis es la siguiente: quienes quieren legitimarse como actores de un conflicto armado, tuvieron en algún momento una orientación ideológica en procura de reivindicaciones sociales. El resultado de su acción violenta ha sido lo peor, ha sido lo contrario, ha sido causa determinante de la profundización de la miseria y de la inequidad. Hablaron en nombre de la apertura democrática y han sido los verdugos de la democracia.

Recuerdo, antes de la aprobación en Colombia de la elección popular de alcaldes, que la Farc hacía llegar a las universidades, a los directorios políticos, a las curules del Congreso, a muchas partes, unos comunicados justificando su lucha armada porque en Colombia no había elección popular de alcaldes. Y el país la aprobó. Y años después, en la Constitución del 91 aprobó la elección popular de gobernadores y aprobó una gran cantidad de mecanismos de democracia directa, de democracia de participación. Un buen equilibrio entre democracia representativa y participativa.

¿Qué hicieron estos grupos, cuál fue su respuesta?: matar alcaldes, coaccionar alcaldes. Los alcaldes del Cauca, si no hacían lo que la Farc les ordenaban, los mataban.

Esta lucha del Cauca no es un reverdecer de la Farc, sino que la Fuerza Pública ha empezado a entrar allí. La Fuerza Pública ha hecho presencia en 16 municipios donde no había presencia, y estos señores se sentían allí, intocables, invulnerables.

Cuando este Gobierno llegó, casi 400 alcaldes no podían despachar en sus municipios. Recuerdo que al amanecer del 8 de agosto de 2002, al día siguiente de mi posesión, llegué a Valledupar antes de las 6 de la mañana. ¿Qué encontré allí? Un colectivo secuestrado, una economía quebrada, una agricultura sin posibilidades de sembrar una mata, unas carreteras totalmente bloqueadas por estos grupos. Y compartidos: en un pedacito los paramilitares, en otro pedacito la guerrilla.

¿Qué fue lo primero que hicimos? Empezar a destaponar esas carreteras, devolverles a los colombianos la posibilidad de viajar por ellas. Ese es un factor importantísimo de la integración de Nación, del concepto de Nación, del sentido de pertenencia de cada uno al colectivo, un factor importantísimo para la economía.

Y por la tarde volé a Florencia, encontré todos los alcaldes del Caquetá guardados en Florencia, porque la guerrilla nos los dejaba actuar en sus municipios. Hoy, si me equivoco, no me equivoco en más de uno, dos casos, todos los alcaldes de Colombia, del más diverso origen político, con la protección del Estado, están actuando en sus municipios, y les hemos respetado su campo.

Si hay algo bien importante en esta democracia es cómo hemos manejado la gobernabilidad con gobernantes popularmente elegidos, con ideas contrarias al Gobierno. Se ha manejado con total respeto, con total espíritu de cooperación. Algún día le voy a decir al Alcalde de Bogotá (Luis Eduardo Garzón) que cuente cómo le ha ido con el Gobierno Nacional en todos los temas que me ha planteado. No hemos tenido sino respeto, prudencia, espíritu de cooperación.

Ese esfuercito de todos los fines de semanas en los Consejos Comunales de Gobierno, entre las muchas cosas que busca, busca legitimar esta democracia. Integrar al gobernante nacional con el gobernante local, a la comunidad con todos los niveles de Gobierno. Construir gobernabilidad democrática.

Cuando hay ese proceso democrático, la acción armada contra él es terrorismo. Me he puesto a investigar y me gustaría que los investigadores aquí presentes profundizaran ese tema, uno en la vida política no puede ser el mejor investigador. Pero me he preguntado muchas veces: ¿por qué los ingleses no le dieron el estatus de actores legítimos de un conflicto a los señores del IRA (por sus siglas en inglés, Ejército Republicano Irlandés)? ¿Por qué los españoles no se lo han dado a los señores de la ETA (grupo separatista vasco, que quiere decir Patria Vasca y Libertad)?

Entre muchas explicaciones he encontrado la siguiente: las democracias europeas definen como terrorismo el uso o la mera amenaza de uso de fuerza por razones económicas, ideológicas, religiosas, políticas. Y me pregunto: ¿y por qué? Porque ellos son orgullosos de su democracia y dicen: ‘si tenemos una democracia que superó regímenes fascistas, limitaciones, toda suerte de restricciones, una democracia pura y profunda, no debemos legitimar a quienes atenten por la vía armada contra esa democracia’.

Por eso he dicho: en Colombia hay un problema social muy grave que tenemos que resolver, pero la acción de los violentos no la podemos enmarcar ni definir como una acción dentro de un conflicto armado interno. Es una amenaza terrorista contra un Estado que está profundizando la democracia pluralista.

No creo que haya que aceptarles todas las vías. ¡Que se ganen una alcaldía a votos! Y ¡que el Estado no deje que se repita lo de la UP!, que ha sido una constante en mi Gobierno.

He dicho en todas partes, en privado y en público, a la Policía y al Ejército: hay que cuidar por igual a Juan Hurtado, representante de Risaralda, el más entusiasta defensor de mis ideas, o al doctor Wilson Borja, el más duro crítico de mis ideas. Y eso se ha visto no solo en la teoría y en mi discurso sino en la práctica.

¡Yo cuidé, con toda la dedicación personal, los diputados de la UP, siendo gobernador de Antioquia! Los mataban en todo el país y allá no los mataron. Recuerdo que alguna vez me acusaron en Europa de que había asesinado a los sindicalistas, los trabajadores de la gobernación de Antioquia. Todos esos libros que han producido allá para deformar la realidad colombiana. Y me estaban esperando con esa acusación en un Foro en la Universidad de Londres y allá están todos vivos. Si ustedes no creen que yo soy un hombre de bien, por lo menos entonces vayan a preguntar si las víctimas existen como víctimas o como seres gozando plenamente sus libertades.

Este no es un cuento que me he inventado ahora. Yo he sido partidario de una acción fuerte para que las nuevas generaciones puedan vivir tranquilas en este país y dejar de seguir consintiendo a estos bandidos, pero al mismo tiempo soy tan convencido de esa acción de seguridad y de autoridad como de la necesidad de profundizar la democracia. Y cuando eso se ve en la práctica, doctor Eduardo y doctora Socorro, el atentado contra la democracia no tiene sino un calificativo, que es terrorismo.

Doctora Socorro, yo no he inscrito esta lucha en las dinámicas internacionales de lucha contra el terrorismo. Ayer me entregaron en España –de paso, de regreso- un libro, voy a ver en qué momento lo leo, que iguala a la Farc con Al Queda y otros grupos, que se acaba de publicar. He tenido el buen cuidado de pedir toda la cooperación internacional, de llamar la atención sobre los riesgos para nuestros vecinos, pero no he inscrito esta lucha nuestra en las corrientes internacionales de lucha contra el terrorismo.

A mí no me avergüenzan las cosas de las que estoy convencido. Yo soy un pecador que no avergüenza darme la bendición. A mí no me avergüenza decir que debemos tener una alianza con los Estados Unidos y profundizarla. A mí no me avergüenza defender el esquema social de economía privada.

En el discurso político colombiano ha habido mucha hipocresía sobre esos temas, pero mire cómo hemos sido de cuidadosos: antes que empezar la negociación del TLC con los Estados Unidos, hicimos la negociación Can–Mercosur, y más que una señal de comercio eso fue una señal política de nuestra apertura hacia todos los países.

Yo no he tenido inconveniente en pedirle al Presidente Castro, en privado y en público, que me ayude frente al Eln. Y la actitud del Eln frente a Cuba y de la Farc frente a Cuba, demuestra que ellos hoy tienen no apoyo internacional, sino rechazo.

Ese es un punto bien importante. Yo no tuve inconveniente en pedirle al Presidente Castro que me ayudara a superar el reciente impasse con la hermana República de Venezuela.

Yo creo que no hay un solo elemento de juicio para probar la afirmación de que ‘Uribe ha insertado la lucha contra los terroristas colombianos en las luchas universales contra el terrorismo’. ¡Porque yo soy cuidadoso! Si bien hemos tenido aquí unos problemas judiciales con gentes aparentemente vinculadas a otros grupos terroristas internacionales, hay que tener muy presente lo que aconsejaba Lincoln: “Yo no voy a poner a mi Patria a luchar contra todo el terrorismo”, primero tenemos que poder con los de aquí. O sea que en eso hemos tenido todos los cuidados, doctora Socorro.

“La droga no agota la dinámica de estos grupos”. Doctora Socorro, yo creo que hoy sí. Si no tuvieran la financiación de la droga, hace mucho rato habrían negociado porque se les habría debilitado lo suficiente, como para que entendieran la necesidad de la negociación.

Sobre todo que cualquiera que quiera discrepar en Colombia hoy tiene todas las alternativas democráticas. Cuando yo hablaba de esas cinco características para medir una democracia me refería a la de las libertades públicas. ¿Puede decirse que este Gobierno ha censurado una sola cátedra? ¿Puede decirse que este Gobierno ha afectado la investigación en la universidad pública? ¿Puede decirse que este Gobierno ha maltratado un solo medio de comunicación?

He llegado hasta a tener el buen cuidado de no decirle a las empresas estatales que le quiten patrocinio a noticieros de oposición. Cuando así se procede, se gana toda legitimidad para decir: frente a una democracia profunda, que todos los días quiere ser una democracia más viva, no se puede aceptar legitimidad en la lucha armada contra ella. Lo único que hay que hacer es señalarlos de terroristas. Y quitarles ese calificativo cuando tengan un gesto de buena fe y faciliten un proceso de paz.

¿Amenaza regional? Claro, claro, mire, algunos de nuestros vecinos ¿por qué nos imponen visas? Porque los que van allá a secuestrar son los nuestros, y no es la gente de bien de Colombia, sino los de estos grupos.

Los sacamos de un departamento de Colombia y nos ha tocado ver lo siguiente: mientras en ese departamento en algún momento hay cero secuestros, en el estado del país vecino, por esos mismos grupos, hay 50 secuestrados.

Todos le dicen a uno: mire es que les tenemos que imponer visas para que no se vengan esos grupos de Colombia que tanto daño nos hacen aquí. Yo les digo: hombre, por Dios, ellos son los que llegan sin visa, la restricción de la visa no afecta sino a la gente bien, pero la utilizan como pretexto.

Claro que es una amenaza a la seguridad regional, claro que es una amenaza amazónica. Es que estos grupos destruyeron un millón 700 mil hectáreas de selva tropical en Colombia para sembrar droga. Colombia tiene 118 parques naturales y la gran amenaza de esos parques es la tala de su bosque para sembrar droga.

¿Cómo no va a ser una amenaza amazónica? Claro que la es. En el Ecuador ya tienen cinco o siete mil hectáreas de droga, ahí cerca de la frontera. En un decir amén, en un descuidito, les pasa lo de Colombia.

Aquí se decía no, nos preocupemos por el consumo, que la población colombiana no es consumidora. Hoy tenemos el problema de más de un millón de consumidores. No nos preocupemos por la siembra, que aquí hay tráfico, pero aquí no hay siembra. Llegamos a tener 170 mil hectáreas, todavía tenemos el problema de 86 mil hectáreas de droga. Eso les puede pasar a los vecinos.

¿Cómo no nos vamos a preocupar si esa unidad amazónica la afectan o con la tala de bosques o con la contaminación de los ríos? Pregúntenle a los campesinos más viejos del Putumayo y a los que están allá del lado de los otros países, ¿qué les ha tocado en su ciclo vital? Encontraron una Amazonía virgen, y con la llegada de todos estos grupos y la droga, han visto la contaminación de los ríos, la desaparición de especies de fauna, de especies de flora. Cómo se ha acabado la diversidad de los peces.

¿Cómo no va a ser un factor de preocupación? Ahora, eso no puede ser objeto de la proposición de una contradicción entre la comunidad amazónica y los Estados Unidos, de ninguna manera. Es que el tema ecológico no se puede proponer en esos términos. El tema ecológico nos interesa a todos.

El tratado que estamos negociando con los Estados Unidos es el primer tratado de comercio donde un país, en este caso Colombia, propone unas salvaguardias en temas ambientales para la utilización de esas materias primas.

Nosotros no le hemos pasado a los vecinos la responsabilidad de la Seguridad Democrática. Nosotros la ejercemos, lo que pasa es que si entre todos no nos colaboramos, hoy por mi mañana por ellos, hoy por nosotros mañana por ellos. Ellos han sentido lo que es la presencia de estos grupos allá.

Dinámica bilateral, no diálogo regional. Ya le decía, nosotros tenemos una alianza con los Estados Unidos, le pido a este país que la mantenga y la profundice, y abiertamente, abiertamente, no podemos tener hipocresía en el discurso. ¿Ustedes creen que yo puedo decir un discurso aquí y otro en la Universidad Nacional? ¿O decirle mañana a la señora Rice al oído: ayúdenos, apóyenos, qué bueno, y aquí venir a renegar de los Estados Unidos? Hay que tener consistencia, decir lo mismo en toda parte. A mí me parece útil esa alianza con los Estados Unidos, como la estoy buscando con China.

¿Usted sabe qué le dije al Gobierno chino y que día en la Universidad de Pekín? Nosotros nos sentimos muy orgullosos con esta alianza con los Estados Unidos, y qué bueno poder decir que estamos muy orgullosos de una eventual alianza con ustedes. Eso tiene una expresión democrática importantísima. Es la búsqueda de este país de la alianza con todos los pueblos del mundo. Aquí estamos en una alianza, pero en una alianza democrática, grande. Y por eso abónenme ese pasito, de que antes de habernos embarcado en el TLC, negociamos el tratado de la Comunidad Andina con Mercosur.

Pero debe haber aquí muchas inquietudes, cuestionamientos, preguntas y les he tomado mucho tiempo. Entonces si hay espacio de unas preguntas de los panelistas, objeciones o de quienes están en el público.

Pregunta: ¿Cuáles son los réditos que espera usted, como Presidente, conductor de la política de Seguridad Democrática, de utilizar el término de “terroristas” para referirse a la guerrilla, réditos con miras a la pacificación del país?

Presidente de la República: Primero, para hacer una proposición hay que tener una causa justa. ¿Cuál es la justeza de nuestra causa? Nuestra devoción por la democracia.

¿Entonces qué rédito? Cuando uno puede decir: hay una democracia operante y hay una acción armada destructora, la comunidad internacional tiene que poner ambos elementos en la balanza.

Creo que es más fácil para la comunidad internacional apoyarnos, cuando ven que nuestra democracia es defensable. Y apoyarnos, o por lo menos negarse, a seguir dándole acogida al discurso del otro lado, cuando ven que aquí, a partir de una democracia operante, se les señala de terroristas. Y cuando advierten además que eso no obstaculiza que cuando haya un cese de hostilidades, se pueda negociar.

Pregunta: Hablando sobre el control que debe tener usted como cabeza de las Fuerzas Militares, y sobre lo que ha sucedido con el Plan Patriota, que se ve un retén militar y un retén la guerrilla, quisiera saber cómo ve usted el control que tiene sobre las Fuerzas Militares, debido a los problemas geográficos colombianos.

Presidente de la República: Los problemas geográficos colombianos son inmensos. El país tiene todavía, por fortuna, 578 mil kilómetros de selva. Déjeme hacer una desviación que es importante: ¿sabe cuál es una de las preguntas que hace la comunidad internacional? ¿Por qué si toda esa geografía suramericana tiene cobre, níquel en grandes cantidades, Colombia no? El terrorismo no lo ha dejado buscar.

¿Por qué si Ecuador produce 600 mil barriles diarios de petróleo y Venezuela tres millones y Colombia está en la mitad, por qué no hay petróleo en Colombia? Porque el 87 por ciento del territorio no se ha explorado. ¿Y qué pasó? Aquí no quiso venir la gente a explorar petróleo por miedo al terrorismo.

Control sobre las Fuerzas Militares: el Presidente de la República tiene que asumir el liderazgo. Yo procuro ejercerlo todos los días. A toda hora, mujer, con total devoción.

Ese es un elemento importante. Yo trato, con mi conducta, con mi devoción, con mi dedicación al tema, que los policías me sientan otro policía y los soldados otro soldado.

Lo que pasa es que esto no es fácil ni produce milagros de la noche a la mañana. Y tenemos dificultades.

Pero, mira, una de las cosas importantes es la siguiente: en la medida que vamos avanzando en la selva, van a tener más dificultades para alimentar el terrorismo urbano.

Porque nada ganamos con perseguir las milicias de Medellín, si los grupos terroristas están intactos en la selva. Simplemente, miliciano preso, miliciano remplazado. He ahí una de las consecuencias importantes de esa política. Nada ganamos con controlar unas carreteras, si no controlamos la retaguardia.

Nosotros hemos propuesto en la política de Seguridad Democrática el concepto democrático –que la distingue de la vieja doctrina de la seguridad nacional–, el control territorial –que estamos haciendo en el Cauca con muchas dificultades, porque allá tenían ellos posiciones, hoy no tienen, allá tienen que estar hoy permanentemente movilizándose de una parte a otra–, el aislamiento y el desabastecimiento, la confianza ciudadana.

Y por otro lado hemos propuesto, en la táctica, afectarles las áreas campamentarias, los corredores de movilidad y la retaguardia. Y en esta última, la selva ha sido un papel muy importante. Una retaguardia muy importante para ellos.

Pregunta: Una pregunta relacionada con el Protocolo II de Ginebra: ¿qué sucede si, con estos grupos terroristas, declaramos una amenaza terrorista con ese Protocolo para nuestro país?

Presidente de la República: No lo han cumplido. Tú los puedes declarar hijos de la congregación mariana y no te cumples esos protocolos. Entonces aquí lo importante es que nuestra política sea eficaz y transparente. La de ellos no ha sido transparente, llevan embolatando con cuentos al país 40 años de que van a cumplir con el derecho humanitario y no lo han cumplido.

Lo importante es que nuestra política sea definida con una total voluntad política, agresiva y al mismo tiempo transparente. A mí me preocupa más la transparencia de nuestra Fuerza Pública, que la ilusión de que ellos cumplan con los tratados humanitarios.

Pregunta: ¿En su Gobierno qué papel cumplen los jóvenes en la reconstrucción del país, primero que todo?

Presidente de la República: La verdad es que lo primero que uno quisiera es que la generación de ustedes pueda vivir feliz en Colombia. Que no le toque lo de la generación nuestra, Eduardo o Socorro. ¿Ustedes recuerdan algún día que hayamos podido vivir en plena paz en nuestra generación? Nunca. Yo no quiera eso para la generación de ustedes.

Lo segundo: el interés del Gobierno es darles instrumentos. Por eso la política de la Revolución Educativa que, a pesar de todo lo que falta, ha avanzado mucho en cobertura, en calidad –los exámenes a los egresados, los concursos a los profesores, etcétera–, en capacitación técnica con ese formidable crecimiento del SENA. Estamos mirando a ver cómo avanza mejor en investigación y en pertinencia.

Pregunta: Nosotros en un grupo universitario tenemos un proyecto que ayudaría un poquito más a la reconstrucción del país. Entonces queremos discutir contigo este proyecto, obviamente no acá, pero quisiera que nos dieras una audiencia.

Presidente de la República: Con el mayor gusto. Estúdienlo con la doctora Jimena Garrido y hacemos lo siguiente: yo abro un espaciecito en la oficina de la Presidencia para recibirlos a ustedes, pero previamente miramos los temas a ver quiénes del Gobierno me acompañan, para que no tengamos que arrancar ese día desde cero.

Pregunta: Quisiera preguntarle cuál es su postura ante los grupos paramilitares, porque constantemente se está hablando del terrorismo, pero en cuanto a las insurgencias como tal, y se están tratando de negociar muchísimas cosas entre las partes que están en el conflicto, pero mientras tanto los paramilitares crecen y tienen ya los mismos ideales que tienen las mismas insurgencias: se expanden y también se están metiendo en problema y están cometiendo un número de masacres mayor al de los grupos insurgentes.

Presidente de la República: Crecen no, crecían. Lo que pasa es que el tema se mantenía relativamente cubierto. Este Gobierno cataloga por igual de terroristas a guerrilleros y a paramilitares. Y se les da las mismas oportunidades. Hoy hay 12 mil reinsertados, hablando en grandes cifras: la mitad de guerrillas y la mitad de paramilitares. Se le ha dado el mismo tratamiento.

La oferta para ambos es la misma: a su acción violenta, toda la contundencia de la autoridad del Estado. A su intención de paz, generosidad del Estado.

Me voy a referir ahí a la ley de justicia y paz y a los resultados militares frente a los paramilitares.

No hay antecedente en Colombia de un Gobierno, en épocas de paramilitares, que pueda decir: en este gobierno se ha dado de baja más de mil paramilitares y más de siete mil han sido traídos a la cárcel. De la Sierra Nevada, por ejemplo, hemos estado sacando por igual paramilitares y guerrilla.

La ley de justicia y paz. Nosotros hemos dicho que debe ser una ley universal para guerrilleros, para paramilitares. Que debe ser una ley en equilibro. Que debe ser una ley creíble. El equilibrio tiene que ser un buen balance entre paz y justicia. En nombre de la paz no se puede llegar a la impunidad y en nombre de la justicia no se puede llegar al sometimiento. Esa ley no es de impunidad, ni es de sometimiento.

No es de impunidad: tiene unas obligaciones muy precisas de reparación. No permite la amnistía ni el indulto para los responsables de delitos atroces. Exige un mínimo de cárcel para ellos.

No es de sometimiento: tiene beneficios a quienes se sometan a ella, a diferencia de las leyes de sometimiento. Es una ley para procesos de paz.

Es la primera vez en la historia de Colombia que en un proceso de paz, la preocupación va más allá de la reconciliación y la desmovilización. Aquí la preocupación ha sido por la justicia y por la reparación.

Y es muy importante pensar en este tema no sólo frente a la coyuntura actual sino alguna coyuntura que se dé en el futuro. Porque lo que me preocupa a mí es que algunos, que son muy duros frente a los paramilitares, cuando se trata de procesos de paz con las guerrillas ahí sí son muy blandos.

Y hay que tratarlos por igual. Yo no puedo aceptar hoy que sea diferente el delito del guerrillero al delito del paramilitar. Los dos están atentando contra la democracia. Perturban su funcionamiento. No es posible distinguir entre el dolor que se la causa a una familia por una acción violenta de los paramilitares, o el dolor que se le causa a una familia por una acción violenta de la guerrilla. El objetivo debe ser una Colombia sin guerrilla, sin paramilitares y sin narcotráfico.

Pregunta: Usted dice que es un Gobierno abierto al diálogo, a las posibilidades de negociación. Pero quiero saber cómo un Gobierno que todos los días sale en los medios de comunicación a tildar a estos grupos de terroristas, de bandoleros, puede llegar en algún momento a negociar, cuando lo que propone es un sometimiento y no realmente una negociación. Generalmente cuando uno va a negociar con alguien trata de bajar un poquitico más el discurso y tratar de llegar a un acuerdo. Entonces me preguntó: ¿cómo se puede llegar a un acuerdo y no a un sometimiento con esas palabras en los medios de comunicación por parte de todo el Gobierno?

Presidente de la República: Si el Gobierno se ablanda, terminamos sometidos, como vi a Colombia 40 años. En alguna forma la postura que tengo, es la reacción a la que vi que otros tenían. Y el punto de quiebre es en el momento en que haya cese de hostilidades.

Yo me reuní con Felipe Torres, guerrillero del ELN. Salió de la cárcel. Me reuní con él en el Intercontinental de Medellín y eso después salió a la luz pública. Le dije: Felipe, ¿el ELN por qué no acepta lo que les hemos propuesto? El cese de hostilidades y negociamos sin desarme y sin desmovilización. Me dijo: porque nos matan. Le dije: el Gobierno es combativo, pero transparentemente. En un cese de hostilidades no habrá acciones ofensivas contra ustedes.

Fui a México. Allí hubo unas preguntas bastantes prefabricadas y además convenientes. No sé quién las prefabricó, pero me llegaron en público. Me dicen:

– ¿Está en firme su propuesta al ELN?

– Está en firme.

– Pero es que usted los hace matar si ellos entran en cese de hostilidades.

– No. Yo soy combatiente, pero no soy mansalvero.

– ¿Habrá alguna garantía?

– Toda la que quiera.

– ¿Podría ser el Gobierno de México garante?

– Que lo sea.

Hemos hecho todos los esfuerzos a través del Gobierno de México. Nadie que me ha pedido ser facilitador, le he negado que sea facilitador.

¿Pero qué me pasó con el ELN? Lo último que dijeron es que aceptaban el cese de hostilidades, pero no el cese del secuestro. Razón tienen las cosas. ¿Usted se imagina que yo pueda ir a negociar y los tipos secuestrando?

Con el cese de hostilidades el Gobierno facilita la negociación con todo el entusiasmo.

Moderador: Vamos a la extrema izquierda y volvemos al centro.

Presidente de la República: No siga haciendo esas divisiones. Le recuerdo que hay gobierno supuestamente de izquierda de América Latina con peores modelos sociales que los supuestamente de derecha. Y hay gobiernos supuestamente de izquierda que no respetan las instituciones.

Pregunta: Mi pregunta es acerca del tema ambiental: es válido afirmar que la fumigación con glifosato afecta el normal desarrollo de la vida en el campo. Ante esta situación, ¿la completa erradicación manual no sería más efectiva para apaciguar la banca de la guerra?

Presidente de la República: Es muy difícil pensar en la erradicación manual en un país que todavía tiene 86 mil hectáreas. Conceptos científicos, como algunos que transmitió la OEA la semana pasada, indican que el glifosato no produce el daño que se la ha atribuido. Pero estamos haciendo un gran esfuerzo para incrementar la participación manual en la erradicación.

Ayer tuvimos un fracaso porque nos mataron a un policía que estaba cuidando a un grupo de personas que erradican manualmente en el Guaviare. Ahora: hay unas áreas extensísimas donde es imposible la erradicación manual.

Me gustaría que entrara a la página de la OEA y buscara ese concepto sobre el glifosato que se liberó la semana anterior.

Pregunta: ¿Cómo garantizar la reinserción social que se viene dando a los desmovilizados?

Presidente de la República: Es un tema bien difícil. ¿Qué estamos haciendo nosotros? Les estamos ayudando en vivienda, les estamos ayudando con unos ingresos al mes, los estamos proveyendo con asistencia sicológica, con trabajo de grupo, con capacitación técnica. Vamos a ver cómo podemos llegar a la fase de los procesos económicos. Es un tema bien difícil. Si hay algo difícil es reinsertar.

Una de las cosas que me da a mí alguna tranquilidad es que, al parecer, estos grupos ya han perdido su capacidad de reclutar.

Ahora: con la reinserción hay que tener toda la generosidad. Cuesta y es muy difícil. Tenemos también, para evitar que vuelvan a la droga, 30 mil familias guardabosques. Se les paga por cuidar el bosque, la recuperación del bosque, y por cuidar una determinada área libre de droga.

Pregunta: ¿Qué piensa la comunidad internacional sobre el Gobierno?

Presidente de la República: Pues, hombre, yo a muchos no les gusto. Aquí y afuera. Pero creo que todos los días hay más apoyo a Colombia. Indudablemente.

Mire, cuando eligieron al presidente Rodríguez Zapatero, dijeron: se tragó la tierra a Uribe. Con ese Gobierno de España, ya España no lo va a apoyar. Ahí está firme apoyando a Colombia en la lucha contra el terrorismo.

Cuando eligieron a Lula, decían lo mismo. Ahí nos está apoyando en la lucha contra el terrorismo.

Decían: va a ganar Kerry, qué bueno, porque pierde Bush y se queda Uribe sin apoyo. Los senadores demócratas inicialmente nos mandaron unos cuestionamientos y oiga cómo son las cosas de la vida cuando uno procede de buena fe: después le dieron un gran apoyo a Colombia. Y el último discurso del senador Kerry sobre Latinoamérica fue una censura muy dura a uno de nuestros vecinos.

Procediendo de buena fe, con tenacidad, sin miedo: porque es que en Colombia no se puede repetir el mal ejemplo de algunos que han hecho política frente a unos delincuentes por miedo y frente a otros delincuentes por complicidad.

Muchas gracias a todos.

 
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