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REUNIÓN CON LA ANDA
Octubre 19 de 2005 (Bogotá – Cundinamarca)

Compatriotas:

Quiero agradecer a la Asociación Nacional de Anunciantes (Anda), a sus directivos, al doctor Carlos Delgado, su presidente ejecutivo, a la doctora Patricia Sarmiento, la presidente de su junta directiva, esta amable invitación.

Ha sido muy grato tener la oportunidad de reflexionar en el país con motivo de estas reuniones de la Anda. Por supuesto, a esta reunión hay que quitarle cualquier elemento de homenaje. Aquí la única que merece homenajes a toda hora es la Patria colombiana. Los problemas de la Patria son inmensos y nosotros, que hemos tenido el privilegio de la elección del Pueblo y del acompañamiento popular permanente, lo que tenemos que hacer es esforzarnos por cumplir un día bien el deber, y por cumplirlo al siguiente día de manera mejor.

El motivo de la convocatoria es de generosidad de la Anda y lo que sí es muy grato es poder compartir con ustedes algunas reflexiones sobre la Patria colombiana.

El proceso de mejoramiento de la confianza en la Patria lo hemos propuesto, desde un principio, basado en la Seguridad Democrática, en la recuperación de la economía, en la reactivación social y en la transparencia, elementos fundamentales para que la ciudadanía, todas las generaciones de ciudadanía tengan un alto nivel de confianza en nuestra Patria colombiana.

Permítanme empezar hoy por el tema económico. Vamos a dividirlo en el tema fiscal, de endeudamiento, y en el tema de comportamiento del sector privado.

En el fiscal y de endeudamiento avanzamos en un proceso de saneamiento, pero no suficiente. La administración anterior del presidente Andrés Pastrana introdujo, en buena hora, la Ley 617, que mucho ha ayudado al saneamiento de las finanzas municipales y departamentales.

Este Gobierno la ha aplicado con total rigor. Salvo casos excepcionales, hoy vemos unos municipios y unos departamentos en su mayoría con superávit, cuando vienen de un déficit del año 2000 que era superior a un punto del PIB. Y además han reducido sustancialmente el endeudamiento.

De todas maneras hay unos casos todavía con severas complicaciones, en Ley 550, etcétera, que el Gobierno Nacional está conduciendo, ayudando a que salgan adelante.

En ese mejoramiento de la situación fiscal de los departamentos han influido, pues, dos elementos: la aprobación de la Ley 617 y la aplicación rigurosa por parte de la actual administración.

Para citarles un ejemplo, apenas se está abriendo la licitación para el Transmilenio de Barranquilla. ¿Por qué nos demoramos tanto? Porque la aplicación de la Ley 617 nos impedía hacer unos acuerdos con el Distrito de Barranquilla para financiarle obras, hasta tanto el Distrito de Barranquilla no se pusiera al día con la Ley 617. Hemos preferido aplazar esas decisiones de cofinanciación, en lugar de ablandar los resortes sobre el saneamiento fiscal de los departamentos y de los municipios.

El otro elemento que viene contribuyendo positivamente a ese saneamiento, lo dividiría en dos partes. Primero, una cesión de nuevas rentas que, por petición del Gobierno, aprobó el Congreso de la República en diciembre de 2002. Me refiero concretamente al impuesto al valor agregado a los licores importados, cedido a los departamentos, y al mejoramiento general de la economía.

Hemos avanzado también en otros temas para facilitar el recaudo de los impuestos locales y para poder mejorar los controles de evasión. Este Gobierno, a la fecha, ha actualizado el 100 por ciento del catastro urbano de Colombia y nos proponemos, antes del 7 de agosto del año entrante, que esté actualizado el 70 por ciento del catastro rural.

Ese fue un tema bien importante, porque los activos patrimoniales han sido gravados de diferente manera, y esa es una respuesta al clamor que uno ve en muchos economistas pidiendo más impuestos sobre la tierra, pidiendo más impuestos sobre la propiedad inmobiliaria.

Quiero recordar el impuesto al patrimonio, que derramamos por una sola vez en septiembre de 2002, para financiar la Seguridad Democrática.

Quiero recordar las reformas tributarias que revivieron el impuesto al patrimonio en Colombia por un período de tiempo más largo.

Quiero recordar la sobretasa de renta y estos esfuerzos que se están haciendo en materia de actualización del catastro.

Hasta allí las finanzas locales.

LAS FINANZAS NACIONALES

Las finanzas nacionales empezaron con un déficit del 4,2 en agosto de 2002. Este año debemos terminar con un déficit que oscile alrededor del 2. Creemos que hay más posibilidades hoy de que esté por debajo del 2, que por encima del 2.

Diría que en principio hay una evolución muy favorable, pero todavía tenemos circunstancias muy delicadas. Por ejemplo, el Gobierno Nacional central llegó a tener un déficit del 6,5. Todavía este año será del 5,5.

Allí tiene el país un problema para enfrentar con medidas profundas, que aún faltan. Nosotros hemos logrado, con una serie de decisiones en ingresos, en egresos, en control de evasión, en ampliación de base, reducir ese déficit del Gobierno Nacional central en un punto del PIB. Pero todavía un déficit en ese nivel del 5,5 es muy alto.

Ha influido para no poderlo reducir más, la circunstancia de que este Gobierno ha debido enfrentar el agotamiento de las reservas del Seguro Social. Este año el Seguro Social recauda 2 billones aproximadamente, pero en pensiones tiene que girar alrededor de 6 billones. La diferencia de casi 4 billones debe ser transferida por parte del Gobierno Nacional.

Eso nos ha representado una transferencia al Seguro Social –que se había anunciado durante mucho tiempo, en la cual no se creía, porque había muchos escépticos de que se agotaran las reservas del Seguro, y se agotaron–, una transferencia de 1,3 puntos del PIB.

Si al punto en el cual hemos reducido el déficit del Gobierno Nacional central le hubiéramos podido sumar este ahorro, pues la situación del Gobierno Nacional central sería muy diferente para bien. Sin embargo, seguimos enfrentando ese problema.

¿Qué hemos hecho? Las reformas tributarias, de las cuales quisiera destacar algunos de sus puntos cardinales y lo que falta.

Puntos cardinales de nuestras reformas tributarias: la ampliación de la base. ¿Cómo ha operado la ampliación de la base en renta? Hemos pasado de 400 mil contribuyentes de renta, un poco menos, a alrededor de un millón. Pero estamos apuntando a llegar a dos millones.

¿Qué ha pasado con la ampliación de base de IVA? Cuando este Gobierno empezó, el 37 por ciento de los bienes y servicios de Colombia estaban gravados con IVA. Hoy está gravado el 53 por ciento de los bienes y servicios.

Tomamos una decisión, que nos aprobó el Congreso, de gravar el resto con un IVA pequeño del 2 por ciento. Sacrificamos normas técnicas en materia de tarifas para tener una tarifa proporcional decreciente. Decreciente a medida que se acerca al corazón de la canasta familiar.

Creo que ese fue un gran paso de verdadera reforma estructural en tributos. Un gran camino para la formalización de la economía y para el combate eficaz de la evasión.

La Honorable Corte Constitucional declaró inexequible esa norma. Sigue pendiente un gran debate nacional sobre cómo vamos a sustituirla.

Un Gobierno que ha aumentado los impuestos tiene que pensar en dos cosas. Primero, ¿cómo va a garantizar la competitividad del país en la arena internacional? Y segundo, durante estos períodos de aumento de impuestos, ¿cómo se garantiza también el aumento de la inversión?

Para dar confianza nos hemos propuesto controlar severamente la evasión. En este Gobierno no hemos nombrado en la Administración de Impuestos una sola persona por recomendación política. Todos han sido movimientos de promoción de funcionarios de carrera o de concursos de mérito.

Tenemos en plena marcha el programa Muisca, un programa bien eficiente para controlar la evasión, que en poco tiempo va a permitir que todos los contribuyentes realicen sus diligencias con la administración de impuestos a través de internet.

En esto que llamo un “período impositivo transitorio”, donde hemos revivido impuesto de patrimonio y creado y aumentado el impuesto de renta, hemos introducido unos incentivos para poder hacer compatibles los mayores impuestos con el estímulo al crecimiento de la inversión.

Incentivos para garantizar que se cumpla en este período transitorio en materia impositiva, un lema: mayores impuestos para quienes no quieran crecer, incentivos para quienes quieran crecer.

Ustedes conocen una serie de incentivos introducidos por este Gobierno al alcohol carburante. En poco tiempo vamos a tener la producción de un millón de litros diarios de alcohol carburante, ya se acaba de concluir la instalación de la primera de las cinco plantas que están en proceso.

También un estímulo de exención a los cultivos de tardío rendimiento, donde están la palma africana, el caucho, el cacao, los frutales.

Un incentivo al biodiesel. Si ustedes me preguntaran: ¿prospectos importantes de la economía colombiana?, no vacilaría en encabezar esa enumeración con el alcohol carburante, con el biodiesel.

Apenas estamos dando los primeros pasos y ahí tiene el país un enorme potencial, en lo nacional y en lo internacional, habida cuenta de la crisis de insumos energéticos que encuentra la economía internacional.

Y hay otros incentivos bien importantes, como el incentivo generado de una deducción del 30 por ciento durante los años 2004, 2005 y 2006 a cualquier inversión nueva generadora de renta.

Las inversiones que se hicieron el año pasado, que han reclamado la deducción este año, le han representado al fisco un sacrificio en ingresos cercano al billón de pesos. Sin embargo se ha probado nuestra tesis de que eso tiene una tasa de retorno muy alta. La estamos viendo en inversión, la estamos viendo en empleo y la empezamos a ver en recaudo tributario.

A pesar de esos incentivos tan incomprendidos por algunos analistas de la economía, pero que se han aplicado en otros países con mucho éxito y que transitoriamente le implican sacrificios al fisco, llevamos tres años consecutivos de muy importantes incrementos en el recaudo.

En el primer año de Gobierno el incremento en recaudo fue del 18 por ciento, el año pasado fue del 22 por ciento y este año vamos por encima del 14 por ciento.

Pensando en la competitividad a futuro, creo que necesitamos definir varios elementos. Primero, la relación con las regiones una vez expire el acto legislativo de transferencias aprobado por iniciativa del entonces ministro de Hacienda, Juan Manuel Santos. El país tiene que dar allí un debate que genere mucha confianza.

Indudablemente hay transferencias que están ligadas al cumplimiento de las metas sociales del Milenio y con las cuales tenemos que ser muy severos para la aplicación transparente, pero muy cuidadoso para no incurrir en un discurso de disminución de transferencias, que podría entenderse como una decisión de no cumplir las metas sociales del Milenio.

Confío que el país pueda salir adelante en ese debate y adoptar un acto legislativo o unas leyes, como lo manda el artículo transitorio de la Constitución, que den plena confianza en materia fiscal.

Tenemos que introducir otros elementos para la confianza y para la competitividad del país. Uno de ellos se refiere a la tarifa de renta. Queramos o no, hay que disminuir la tarifa de renta. De lo contrario no podremos ser internacionalmente competitivos.

Y como los mensajes hay que darlos a tiempo, para poder construir con suficiente antelación confianza inversionista, quiero reiterar hoy el compromiso ante ustedes del actual Gobierno de hacer un esfuerzo, en el término que resta, para que se avance a la disminución de la tarifa de renta.

Necesitamos también, para estimular más la inversión internacional, eliminar el impuesto de remesas. La proposición ya está incluida en un proyecto de ley a consideración del honorable Congreso.

Y vendrá nuevamente la discusión sobre el tema del impuesto al valor agregado, a lo cual ya me refería hace algunos minutos.

Diría que la parte fiscal que más tranquiliza, es la evolución del superávit en las entidades descentralizadas del Gobierno Nacional. Allí hemos experimentado dos fenómenos, positivos ambos y bien importantes.

Por un lado, el superávit en las entidades del Gobierno Nacional ha pasado del 2 al 2,9 por ciento sobre el PIB. Ese es un crecimiento de casi un punto. Y el segundo elemento positivo es que antes ese superávit se causaba solamente en Ecopetrol, y hoy se causa en todas las empresas del Gobierno Nacional, gracias a la reforma.

Este Gobierno ha reformado 152 empresas y 111 hospitales públicos. Nos falta muchísimo. Pero cuando ya unas finanzas que estaban en rojo, por ejemplo en todas las electrificadoras nacionales, empiezan a ser finanzas en negro, la situación empieza a mostrar un panorama distinto.

Diría que el mejor legado fiscal que deja este Gobierno es el de la reforma de la administración, que empezó por Telecom, que ahora está en Granahorrar, que ha pasado por el Banco Cafetero, por Inravisión, por el IFI, por el Inurbe, etcétera.

152 entidades del Estado, pero falta mucho. Por ejemplo, cuando vemos el Seguro Social, allí hicimos un gran avance al desprender las clínicas del sector central del Seguro, porque eso nos permite que los funcionarios vinculados a las clínicas no tengan que estar regidos ya por esa desproporcionada convención colectiva vigente en el Seguro Social.

Tan difícil de modificar, como quiera que en el pasado se firmó que para poder denunciar la convención del Seguro Social y modificarla, no bastaba con la decisión del Gobierno Nacional sino que tenían que concurrir a denunciarla y a modificarla el Gobierno Nacional, la administración del Seguro y los sindicatos del Seguro. Casi que se hicieron unos pactos para que jamás se pudieran modificar.

Sin embargo, estamos en la tarea de lograr la segunda y la tercera reforma, que nos falta en el Seguro Social.

La segunda, poder introducir total austeridad en la parte central del Instituto, donde tenemos el tema de pensiones, donde tenemos el tema de la EPS y donde tenemos el tema de riesgos profesionales.

Y la tercera reforma, la reforma de las clínicas, que en una primera etapa fueron desvinculados del sector central del Seguro, pero que están esperando una reforma profunda que las ponga en equilibrio.

En síntesis, ha sido muy afortunado el resultado de la reforma administrativa del Estado, pero falta un largo camino por recorrer.

Por ejemplo, además del sector salud, uno piensa en Telecom. La empresa estaba condenada a desaparecer. Cuando nosotros propusimos que de todas maneras subsistiera una empresa pública del orden nacional, nos dijeron: ¿pero de dónde, si la actual Telecom está para expedirle partida de defunción?

Sin embargo la nueva Telecom ha sido bien exitosa. El año pasado dio 900 mil millones de utilidad y este año puede repetir la cifra.

Pero hay señales de peligro. Las señales que empiezan a sentirse en la facturación de la telefonía fija, el crecimiento de la telefonía móvil, el crecimiento y la necesidad de la oferta en otros subsectores de las comunicaciones, como la banda ancha, etcétera, advierten un futuro negro para nueva Telecom, si no la aliamos estratégicamente en condiciones que pueda responder a los nuevos desafíos.

El Gobierno Nacional ha procedido en todos estos casos con las cartas sobre la mesa, contándole al país estas reformas antes de perfeccionarlas, como le ha contado al país rigurosamente, antes de perfeccionarlos, los acuerdos de transacción con los inversionistas extranjeros con quienes teníamos conflictos judiciales.

Confiamos poder continuar recorriendo el camino de la búsqueda del aliado estratégico para que Colombia despeje el futuro de Telecom. No quisiera ver el otro escenario de la nueva Telecom quebrada, su Gerente acudiendo al Ministro de Hacienda para que le transfiera 500 mil millones al año para pagarles a los pensionados, sin recursos para atender muchas regiones de Colombia, que en materia de comunicaciones dependen de la nueva Telecom. Hay que perseverar hasta el último día de la administración para conducir hacia delante estas reformas.

Estas reformas han coincidido con otros temas bien delicados: el ajuste que los colombianos han tenido que pagar en combustibles y en pensiones. Eso no ha sido fácil. Le hemos venido trasladando al pueblo colombiano una parte muy considerable del incremento del precio del petróleo. Nuestros compatriotas, abnegadamente, lo han asimilado.

Sobre el tema hay mucha discusión, porque una cosa aprecian algunos analistas que no le asignan consideración al precio de la gasolina en la vida social de la Nación, y otra cosa es reunirse por ejemplo con el sector del transporte o con los taxistas. Allí el proceso ha sido bastante difícil de asimilar.

Y hemos también adelantado un gran ajuste en materia de pensiones y en materia de servicios públicos.

Este Gobierno en materia de pensiones introdujo una Ley en diciembre de 2002, liderada por el ministro Juan Luis Londoño, que en paz descanse y que tanta falta haces. Esa Ley nos trajo un gran ahorro. Después, con el liderazgo del ministro Fernando Londoño, les propusimos a los colombianos una norma para eliminar los privilegios pensionales en el referendo.

Para aprobarla faltaron 40 mil votos. No faltaron 40 mil votos. Lo que pasa es que el censo electoral, que no hubo manera de que el Consejo Electoral ni la Registraduría ajustaran de acuerdo con la realidad, contabilizó 500 mil cédulas de personas muertas, 38 mil cédulas de personas de la Fuerza Pública que no pueden votar, y alrededor de 600 mil cédulas que no habían sido repartidas.

En teoría nos faltaron esos 40 mil votos. Pero de haberse ajustado, de acuerdo con la objetividad, el censo electoral, el pueblo colombiano habría aprobado, en un ejercicio bellísimo de democracia directa, la eliminación de los privilegios pensionales.

Por fortuna, el Congreso de la República, en una decisión lúcida, de gran responsabilidad política, nos aprobó hace poco el conjunto de los ocho debates que nos permitió introducir la reforma constitucional que elimina privilegios pensionales. Por supuesto, con unos períodos de transición, que nos lleva a que los beneficios no los sienta el fisco en el corto plazo, pero sí a tener un camino más despejado en el mediano y largo plazo.

Y todas las entidades públicas que hemos reformado han eliminado los privilegios pensionales. Me refiero al caso de Ecopetrol.

Ecopetrol en su existencia no había denunciado la convención colectiva de trabajo. En alguna oportunidad la denunciaron, después se retiró la denuncia, el Gobierno le quitó el respaldo al entonces Presidente de Ecopetrol, él tuvo que renunciar. Se quedó Ecopetrol sin un buen gerente y con la carga de la vieja convención.

Este Gobierno enfrentó el problema laboral y logramos, vía tribunal de arbitramento, el laudo que reforma la convención de Ecopetrol y que elimina para los nuevos trabajadores los viejos privilegios en materia pensional y laboral.

Todas estas reformas en pensiones implican una reducción del déficit pensional aproximadamente de 70 puntos del PIB. No estamos al otro lado, porque el déficit pensional llegó a subir al 200 por ciento del PIB. Hemos reducido esto en 70 puntos. Hay un camino muy importante que recorrer, pero creo que hemos avanzado de manera sustancial. No es fácil encontrar que en una democracia pluralista, un Congreso pluralista se atreva a tomar la dificilísima decisión de eliminar, vía reforma constitucional, privilegios pensionales.

Para el saneamiento de las empresas de servicios públicos, donde está Emcali, el Acueducto de Cúcuta, la Empresa de Teléfonos de Barranquilla, todas las electrificadoras de las cuales es socio mayoritario la Nación, han confluido tres elementos: buena administración, eliminación de politiquería y, por supuesto también, un proceso de tarifas.

Por eso diría que el proceso de reformas necesita alguna gradualidad. Porque en este Gobierno han coexistido muchas reformas, que se han convertido en un gran peso para el pueblo colombiano, que el pueblo colombiano, con abnegación, ha aceptado llevar para ir saneando nuestras cifras fiscales.

En materia de endeudamiento, el país mantenía un endeudamiento prudente hasta hace no muchos años. Pero el endeudamiento público se nos subió al 54 – 56 por ciento del PIB. Creo que terminemos este año con el 43. Todavía es muy alto. Lo tenemos que efectuar por debajo del 40.

¿Qué hemos hecho? Hemos logrado transformar mucha deuda en dólares, por deuda en pesos. Con una buena coordinación con el Banco de la República, para evitar que se desaten presiones inflacionarias. Y eso nos ha permitido aprovechar la revaluación, a la cual nos oponemos por su daño en las exportaciones, pero que el Gobierno tenía la responsabilidad política de aprovecharla para reestructurar su deuda. A la fecha llevamos más de 3 mil millones de dólares convertidos, y confiamos convertir otros 2 mil en el corto plazo. Eso ha ayudado muchísimo.

La reestructuración la hemos avanzado también aplicando la moda colombiana: construyendo confianza en los mercados y sustituyendo bonos de corto plazo y de altas tasas de interés, por bonos de más largo plazo y de menores tasas de interés.

Hace un mes en Nueva York logramos colocar unos bonos, por 500 millones de dólares, a 20 años, a una tasa de interés ligeramente superior al 7, para pagar la misma cantidad, que estaba a menos plazo y a una tasa de interés cercana al 12 por ciento.

Cuando el Gobierno empezó, los spreads –que miden el diferencial de tasa de interés entre los bonos de los países que se examinan frente a la referencia, que son los Bonos del Tesoro de los Estados Unidos –, se encontraban por encima de 700 puntos. Hoy están por debajo de 300.

Vemos que hay un mejor momento para la deuda colombiana, hasta el punto de que se nos dificulta pago anticipado. Porque los tenedores de bonos colombianos no quieren desprenderse de ellos, por confianza en el país.

Veo para el sector privado un momento bien importante en materia de endeudamiento. Por varias razones: se ha saneado muchísimo la cartera, hay reestructuración agotada exitosamente en muchas de las empresas, mejores perspectivas de mercados externos y mayores posibilidades de mercado interno.

Para la gran empresa colombiana encontramos un momento estelar, benéfico sin antecedentes, en materia de facilidad de acceso al crédito y de tasas de interés.

La ley aprobada recientemente por el Congreso, que introduce nuevas instituciones obligatorias en su adopción en las empresas que participen directamente en el mercado de capitales, les va a facilitar a estas empresas acudir más exitosamente al mercado de capitales, liberando recursos, intermediados por el sector financiero, para las pymes y para las microempresas.

Las empresas organizadas, con una EPS que abrió esta semana a 651 y con confianza en el mercado financiero para otorgar crédito a más largo plazo, gracias al buen comportamiento que tenemos que preservar en materia de inflación, esas empresas grandes están en un momento muy positivo para crecer.

En el otro extremo, la microempresa también. Hace parte de nuestra Herramienta de Equidad que denominamos Construcción de un País de Propietarios. En este Gobierno, en el consolidado, el saldo de cartera de la microempresa ha crecido cerca al 200 por ciento. Casi 2 millones y medio de colombianos se han favorecido con microcrédito. Teníamos una cartera de 735 mil millones en junio de 2002, y hoy esa cartera supera los 2 billones y medio.

Nos quedan unos problemas. Por eso nunca podemos decir, en una Patria con tantas dificultades, violencia y pobreza como la nuestra, que estamos conformes. Hay que estar a toda hora en la batalla a ver cómo vamos resolviendo los nuevos problemas.

La preocupación del Gobierno sobre el microcrédito es que está bastante desbalanceado entre regiones. Hay unas regiones donde hemos avanzado muy bien, otras regiones rezagadas. Pero en un trabajo armonioso con las fundaciones del sector privado, el Fondo Nacional de Garantías y el sector financiero, estamos buscando cómo logramos equilibrio regional.

La preocupación que nos ha persistido es por la mediana empresa. Con la ayuda de las Cámaras de Comercio estamos trabajando con frecuencia, con disciplina, las ferias de crédito, en diferentes ciudades colombianas.

Aquí en Bogotá han sido un ejemplo. Dentro de pocos días vamos a hacer una nueva revisión. Creamos un software, que se llama People Point. Ese software permite la búsqueda virtual de crédito. Ese software tiene el apoyo de varias Cámaras de Comercio. Y ahí especialmente medianos y pequeños empresarios acceden en busca de crédito y hacen el apareamiento con quienes están ofreciendo crédito.

Cuando fracasamos en la etapa virtual, realizamos las etapas de revisión personal en las diferentes ciudades colombianas, como lo vamos a hacer nuevamente, dentro de pocos, días en la Cámara de Comercio de Bogotá, para buscar resolver los problemas de quienes no han logrado acceder.

Ayer con la doctora Patricia Cárdenas y la Asociación Bancaria, veíamos sin embargo unas cifras, más optimistas que la percepción del Gobierno, sobre el crecimiento de la cartera en favor de las pymes.

Esas cifras son una realidad, pero tengo que confrontar esa realidad con muchos medianos empresarios que aparecen en las diferentes ciudades colombianas a decir: yo todavía no he podido acceder al crédito, todavía sigo reportado.

Hace algunos meses el ministro Botero me decía en una reunión: “Presidente, pero es que todo lo que ha crecido el microcrédito y el crédito de las pymes, ¿y por qué aquí la gente se queja tanto?”.

Le dije: “por eso, Ministro, uno no se puede quedar en el power point. Uno tiene que defender al power people, porque si usted y yo nos ponemos a ver cifras de power point en una oficina de Bogotá, lo vemos todo color de rosa. Y cuando llegamos a estas reuniones, aquí aparecen los que no han podido obtener crédito, aquí aparece lo que nos dice que al power point no le creamos tanto. El power point generalmente nos muestra en qué se ha avanzado, pero no nos muestra aquello en lo cual falta. Ahí tenemos un problema”.

Hemos creado un ambiente, diría que todavía poco percibido pero sí sentido en muchos ciudadanos de la Patria. Es un ambiente de mejor entendimiento entre el sector financiero y los sectores reales.

A mí me parece muy grave para una democracia que se incube odio de medianos y pequeños empresarios contra el sector financiero. Me parece tan grave como el odio de clases, que haya odio entre los sectores de la economía. Una Nación que necesita estar con un elemento común denominador que es la solidaridad, tiene que crear esa empatía, tiene que crear esa solidaridad de todos los sectores de la economía y su sector financiero.

En esa tarea hemos venido trabajando, y hemos encontrado una respuesta muy positiva de la Asociación Bancaria y de sus afiliados. Pero el camino apenas empieza. Nada mejor para esta democracia que lograr que los colombianos sientan que aquí hay plenas oportunidades de acceso al crédito.

Dentro de pocos días el Gobierno va a revelar las cifras de los colombianos que en esta administración, por primera vez, han accedido al crédito. Un indicador fundamental de posibilidades democráticas, tiene que ser aquel indicador que mida cómo acceden los ciudadanos de un país, ampliamente, todos los estratos del universo poblacional, a la posibilidad del crédito.

Encontramos una gran recuperación de la inversión extranjera en Colombia. Hace 15 días Naciones Unidas certificó que el año pasado la inversión extranjera creció 95 por ciento en Colombia. Llegó a reducirse a 500 millones de dólares al año. El año pasado superó los 3 mil millones de dólares. Ojalá este año esté por encima de 5 mil millones de dólares. Confío que vaya a estar por encima de 5 mil millones de dólares, y no incluyo en esa cuenta lo que son permutas de acciones. Simplemente, la inversión directa que ha llegado, excluyendo, repito, permutas de acciones.

Hay otro elemento más importante que el crecimiento: es la diversificación. Hay una inversión muy importante en búsqueda de hidrocarburos, pero se encuentra bastante diversificada. Vemos inversión extranjera en todos los sectores de la economía.

Y la inversión privada en su conjunto muestra una gran recuperación. Llegamos a verla participando apenas en el 6 – 8 por ciento del PIB. Cerramos el año pasado con una participación de la inversión privada en el 12 por ciento del PIB. Qué bueno que este año podamos decir que llegó al 15 por ciento del PIB. Pero necesitamos prepararnos y trabajar muy intensamente en la construcción de confianza inversionista en Colombia, para que la inversión privada llegue a situarse en el 25 por ciento del PIB.

Este tiene que ser un cambio dialéctico permanente: de dónde vamos, de dónde venimos, dónde estamos y para dónde vamos.

Por eso nos hemos propuesto combinar el trabajo intenso cotidiano con la visión de largo plazo. El 7 de agosto, Planeación Nacional les propuso a los colombianos para la discusión pública, el primer borrador de lo que llamamos “Colombia: Visión de Segundo Centenario”, para que el país trabaje orientado por una meta al 7 de agosto del 2019, cuando cumpliremos la segunda centuria de vida independiente. Y que eso tenga unas metas parciales el 20 de julio del 2010, cuando Colombia cumpla los 200 años del Grito de Independencia.

Es fundamental para la unidad democrática de la Nación y para la gobernabilidad. Cuando un pueblo no ve metas claras de su colectivo, no siente total confianza en la pertenencia a ese colectivo. Para que cada colombiano sienta mayor pertenencia por ese colectivo que es nuestra Patria, nuestra Nación, es bien importante la visión de largo plazo.

Y es imposible construir gobernabilidad en una democracia pluralista, afectada por tantos problemas sociales, económicos y de orden público, si no hay una visión de largo plazo que gane un mínimo de unidad nacional.

Y para que esa visión gane unidad nacional, nos proponemos un debate que ya se está adelantando con todos los segmentos de la población colombiana, y periódicamente publicar un nuevo borrador que recoja los debates al anterior borrador.

Confiamos que en el primer trimestre del año entrante, podamos producir la segunda edición del ejemplar que se denomine “Segundo Borrador”, y que haya recogido los debates de este segundo semestre de 2005.

Es tan necesaria la visión de largo plazo, como el trabajo de todos los días. Porque si hay visión de largo plazo pero no hay un esfuerzo cotidiano, con toda la intensidad, esa visión de largo plazo se convierte en quimera. Se convierte no en un sueño sino en una pesadilla.

Cuando las visiones de los pueblos no se están acercando a través de metas parciales, dejan de generar optimismo y se convierten en pesados negativos fardos.

Entonces hay que trabajar intensamente en el corto plazo. Mostrar metas parciales para que los colombianos tengan más credibilidad en la visión de largo plazo. Combinar el corto plazo con el largo plazo es una necesidad, apreciados compatriotas.

EL EMPLEO

Veo alguna contradicción entre el comportamiento del empleo y las cifras que nos dan sobre crecimiento económico. Pero tengo también alguna explicación al tema.
El empleo, que todavía tenemos tantísimos problemas, se ha comportado mejor de lo que esperábamos.

Cuando el desempleo en un país, en un período de tiempo corto, salta del 7,5 por ciento al 20 por ciento, y el desempleo de jefes de hogar del 4 al 10 por ciento, eso crea un enorme pánico, una gran incredulidad en la posibilidad de frenar ese ascenso del desempleo y de revertir la tendencia.

Ese salto, tan abrupto, en plazo tan corto, se constituye en una masa inercial, que lo único que anticipa es mayor desempleo.

Basado en esas razones, en sus profundos conocimientos de doctor en Economía, me decía Juan Luis Londoño: “Presidente, no vaya a estar esperando reducciones del desempleo. Al contrario, esperemos verlo llegar al 25 por ciento”.

Sin embargo, se ha venido reduciendo. Estamos en el 11,3. Hay oscilaciones de un mes a otro. Confiamos que si el país sigue por un buen sendero en la marcha de la inversión y de la economía, el año 2007 le puede permitir a Colombia ver un desempleo promedio, mes a mes, del 10 por ciento o menos.

Con elementos importantes: el programa de microcrédito ha ayudado muchísimo a crecer el autoempleo. Cuando tiene éxito el buen autoempleo, entonces hay menos deserción escolar, la esposa o compañera no tiene la misma urgencia de salir a participar por el mercado laboral. Eso ayuda muchísimo a la vida familiar de la Nación.

Hemos logrado reducir el desempleo de jefes de hogar del 10 al 8 por ciento. Hoy está en el 5 – 6 por ciento. Pero tenemos que volver a situarlo en el 4, donde estuvo y aún por debajo del 4. Esa es una gran necesidad.

Hemos visto otro tema importante en empleo, que es el crecimiento de las empresas que contribuyen a las Cajas de Compensación: el crecimiento de los ingresos del Sena, el crecimiento de los ingresos de Bienestar Familiar, la recuperación en la actividad de las cuentas y en el número de afiliados de los fondos privados de pensiones, y que se frenó la deserción del Seguro Social.

Diría que estos son indicadores de que está mejorando la calidad del empleo. Sin embargo, no es suficiente. Nos proponemos que rápidamente se aplique en Colombia una medida que hemos venido buscando desde principio del Gobierno: que todos los empleadores unifiquen sus declaraciones parafiscales y de seguridad social. Eso simplifica la vida empresarial y controla evasión.

¿Cómo la simplifica? Un empleador hoy mínimo tiene que hacer cuatro pagos. Un pago de régimen contributivo de salud, que puede constituirse en tantos subpagos como EPS hayan escogido sus trabajadores. Un segundo pago en pensiones, que tiene el mismo riesgo. Un tercer pago que aglutina Cajas de Compensación, Sena y Bienestar Familiar. Y un cuarto pago de riesgos profesionales.

Eso complica mucho la vida empresarial y facilita la evasión. Por ejemplo, si un trabajador está afiliado a pensiones, a un fondo, el trabajador vigila y no permite evasión, porque su pensión va a depender del monto acumulado y de la rentabilidad de esa cuenta.

Pero no es igualmente cuidadoso en materia de evasión en salud. Porque nuestra solidaridad en el sistema de salud exige que le den el mismo plan obligatorio en salud al trabajador que gana 10 salarios mínimos, para citar un salario medio alto, que al trabajador que gana un salario mínimo. Entonces allí hay una subdeclaración de salarios muy elevada.

Nosotros confiamos que la unificación del sistema de declaración de pagos parafiscales y de seguridad social y de los pagos, simplifica la vida empresarial y elimina evasión.

Ya empezó a avanzar gradualmente la medida. El sector financiero, las cajas de compensación, nos están ayudando con los software requeridos para poder llegar al 100 por ciento de cobertura.

Hay preocupación sobre el subempleo. Veo lo siguiente en subempleo: cuando lo mido en función del crecimiento de afiliados a la seguridad social, veo que el subempleo que aún tenemos tiene componentes que no son negativos.

Tiene unos muy negativos, de empleo deprimido y de informalidad pobre, pero tiene otros que se deben más a la falta de pertinencia entre el aparato educativo y las tendencias de la economía, que al subempleo con depresión en salarios y con ausencia de afiliación a la seguridad social.

Sin embargo mantenemos un subempleo muy alto. Hemos tenido más suerte en la reducción del desempleo, que en la reducción del subempleo.

Confío que con uno de los puntos cruciales de nuestra Revolución Educativa, que es el ajuste en materia de pertinencia, el país en seis o siete años empiece a ver una declinación más importante del subempleo.

Y muchos colombianos se preguntan y me preguntan: ¿por qué nuestra economía no crece al ritmo que están creciendo otras del continente? ¿Por qué hay un mayor descenso del desempleo, en comparación con el crecimiento de la economía?

Eso tiene varias explicaciones: nuestro crecimiento es más firme que el de otros países del continente. Y cuando ya medimos la tendencia 2003, 2004, 2005, lo que se proyecta para 2006, vemos que en el de Colombia hay una gran firmeza.

Segundo, nuestra economía ha sido beneficiada por la economía china pero indirectamente. Porque hay mejores precios del acero, pero nosotros producimos muy poquito. Porque hay mejores precios del carbón, etcétera.

Sin embargo otras economías de la región han visto una influencia directa muy importante de la economía china. Cuando veo las cifras del crecimiento de las exportaciones de Chile, Perú y Brasil, un altísimo porcentaje del crecimiento de esas exportaciones se debe al mayor precio del cobre, del níquel, de la soya, gracias al mercado chino.

Entonces hemos tenido unas economías de la región directamente beneficiadas de la economía china, que no la economía colombiana, que al contrario en sectores como el calzado, los textiles, las confecciones, hemos tenido serias dificultades con la economía china, que nos han llevado a tener que tomar las decisiones de salvaguardia que ustedes conocen, que, como le he explicado al Embajador chino, no llevan ningún mensaje político. Al contrario, lo que queremos es tener las mejores relaciones con China, pero sí tenemos que defender sectores muy sensibles en el empleo, como son estos sectores que les acabo de mencionar.

Y tenemos también un problema de medición de la economía, que confiamos el Banco de la República y el Dane corrijan rápidamente. Quiero explicárselos: hoy seguimos aplicando apenas un deflactor. Para medir la variación del crecimiento industrial de un año al otro, al nuevo comportamiento simplemente lo ajustamos con la inflación interna colombiana.

Y eso es equivocado, porque hay que utilizar el deflactor de la inflación nacional para el componente de la producción que se queda en el país. Pero se requiere utilizar el deflactor de la inflación internacional para el componente de la producción que se exporta.

Y la diferencia hoy es mucha. Porque en 1990 la industria apenas exportaba el 7 por ciento de su producción. Hoy exporta cerca del 40 por ciento de su producción. Era menos notorio en el 90 deflactar con inflación interna del 100 por ciento cuando apenas había la desviación del 7, que hoy cuando hay un error que afecta el 40 por ciento.

Entonces lo que hemos pedido, y el Banco de la República y el Dane lo están haciendo, es que al componente exportado se le aplique como deflactor la inflación internacional.

Y los temas de devaluación y de revaluación también distorsionan. ¿Por qué? Porque cuando hay devaluación, muchas veces aparece un crecimiento artificial del producto, porque aumentan más los ingresos en pesos que el crecimiento de unidades producidas.

Y cuando hay revaluación, como la que vivimos ahora, aparece una desaceleración artificial del producto, porque disminuyen los ingresos en pesos no obstante que haya aumento en unidades producidas.

Y volviendo a lo de los deflactores, algunos economistas me han mostrado que si al componente exportado se le aplica un deflactor que castigue no con el 5 por ciento, que es la inflación nacional estimada este año, sino con el 2 – 2,6, a lo sumo el 3, que es la inflación internacional de los países desarrollados, entonces tendríamos un comportamiento del crecimiento de la industria que puede estar en 2 puntos, 2 puntos y medio por encima de lo registrado por el Dane. Y que es lo consistente con los tamaños de inversión, de recaudo y de generación de empleo.

Pero en fin, que vayan las autoridades competentes poniendo al día las mediciones, y nosotros empujando para lo que le interesa al país: más inversión y más empleo.

En el tema social no quiero fatigarlos haciendo un repaso exhaustivo por las Siete Herramientas de Equidad. Simplemente permítanme decir lo siguiente: el país tiene un compromiso y ese compromiso es inaplazable: cumplir, y ojalá antes de la fecha, las metas sociales del Milenio. Yo diría que este es un gran factor generador de confianza interna y de respetabilidad dentro de la comunidad internacional.

Si nosotros legitimamos, con nuestras acciones y nuestra perseverancia, la Seguridad Democrática ante propios y extraños, si le mostramos al mundo nuestra capacidad de cumplir las metas sociales del Milenio, Colombia ganará mucho en confianza interna y en respetabilidad internacional.

¿Cómo observo las metas sociales del Milenio? En educación creo que las vamos a cumplir. Ya estamos en un 91 por ciento de cobertura en educación básica. La Revolución Educativa en este Gobierno ha avanzado muy bien: primaria, secundaria, universidad, pertinencia, calidad.

Esta tarde vamos a dar en la Presidencia de la República el premio a los Profesionales – Excelencia, porque una de las medidas de calidad es examinar los egresados de los diferentes programas universitarios. Eso lo llamamos las pruebas Ecaes.

Creo que vamos a cumplir con las metas del Milenio en educación. Tenemos que pasar del 91 por ciento, que ya hemos llegado, al 100 por ciento en cobertura de educación básica. Y hay que hacerlo rapidito. Que eso no sea más tema de discurso sino tema de resultado. Yo confío que lo logremos.

Hemos mejorado muchísimo en mortalidad infantil y también en el tema de mortalidad de mamás al momento de dar a luz. Pero ahí tenemos un problema: las diferencias regionales. Entonces nos tenemos que aplicar a corregir esas diferencias regionales.

Y una enorme preocupación que me asalta es con la meta del Milenio que se refiere a agua potable y saneamiento básico. Ahí tenemos un atraso sustancial en muchas regiones de la Patria.

La Ley 715 hizo el esfuerzo de destinar del aumento de las transferencias, un porcentaje que este año significa 900 mil millones de pesos para las regiones, para dedicarlo a agua potable y saneamiento básico.

Se esperaban unos mejores resultados que no hemos obtenido. Le hemos pedido a Planeación Nacional que no solamente nos muestre la gráfica de cómo crece la transferencia para acueductos y alcantarillados y cómo crece en menor proporción la cobertura, sino que se examinen casos típicos de problemas, a profundidad.

Confiamos tener en poco tiempo el informe de esas interventorías encomendadas a Plantación Nacional.

Le decía hace poco al Congreso que tenemos que hacer un esfuerzo de comprensión, porque al Gobierno Nacional no lo pueden obligar a construir las vías de la competitividad, a pavimentar todas las vías secundarias, a sostener las vías terciarias y a resolver el problema que falta, el dinero que falta para los problemas de saneamiento básico, que tenemos que resolverlos para cumplir esa meta del Milenio.

Hoy el Congreso Nacional debe aprobar el presupuesto, entre hoy y mañana. Me preocupa, y así se lo hice saber al Ministerio de Hacienda, que hay una partida más alta para vías terciarias, que debería haber un mayor esfuerzo entre los departamentos y de los municipios, esa partida es superior ala partida complementaria para acueductos y alcantarillados, donde el Gobierno Nacional tiene la responsabilidad de mostrarle al mundo cómo estamos avanzando en el cumplimiento de las Metas del Milenio.

Es bien importante sembrar en mis compatriotas una reflexión: muchas veces se ha querido crear un complejo en Colombia, en el Gobierno y en sectores de opinión pública, con el cuento de que América Latina tiene hoy un predominio de gobiernos progresistas de izquierda y que Colombia tiene una política de derecha. No podemos caer en la trampa de que un complejo de esa naturaleza, que se quiere inocular en la vida colombiana, sea recibido aquí y haga carrera.

Miren: la semana pasada en Salamanca, haciendo del turismo presidencial algo productivo, les pregunté a todos mis vecinos de mesa y escritorio cómo van sus cifras de empleo, de inversión extranjera, qué están haciendo con la confianza inversionista, cómo está el crecimiento de la inversión privada. Y los que con mayor febrilidad y emoción se referían a la inversión extranjera directa y a la inversión privada, eran los más socialistas.

Y decía yo: “pero vea, pues, estas contradicciones. Ustedes esta emoción que tienen con la inversión privada, ustedes son los de izquierda. Y a mí que me señalan de derecha, yo estoy emocionado es con las metas sociales del Milenio”.

Yo creo que nos tenemos que preparar mental y conceptualmente para decir que aquí no hay un proceso de izquierda ni de derecha, sino un proceso de recuperación institucional, de construcción de caminos democráticos, de construcción de un futuro feliz para las nuevas generaciones de colombianos.

Yo le preguntaba a una periodista, que me increpa mucho que porque el presidente Lula es de izquierda y yo de derecha y que entonces cómo va a convivir Colombia con un gobierno de derecha en el medio latinoamericano, y le digo: ¿y qué es lo que ha hecho Lula para que le digan que es de izquierda en el gobierno y qué es lo que he hecho yo para que me digan que, por contraste, soy de derecha? Y ahí enmudece. Ahí enmudece la periodista y me dice: es que yo soy de izquierda. Y entonces le pregunto: dime, ¿por qué te calificas de izquierda? Y no me sabe responder.

Yo creo que ese cuento de dividir a América Latina y de pretender aislar a Colombia sobre ese cuento, lo tenemos que rechazar y lo tenemos que rechazar muy reflexivamente y de manera muy práctica. Esa es una división obsoleta. Una división que tuvo alguna razón de ser para los años de las dictaduras en América Latina.
Y también es un tema polarizante, como lo sufrimos en la elección reciente del Secretario de la OEA, donde quiso dividirse eso entre candidaturas de derecha y candidaturas de izquierda.

La pregunta que hay que hacer es: ¿es esta democracia moderna? ¿Es esta democracia regida por liderazgos o por caudillismos? ¿Es esta democracia una democracia de gobiernos de opinión o de caprichos de gobernantes? ¿Es esta democracia una democracia donde las instituciones son independientes y están sometidas a la ley o donde cada institución hace lo que quiere? ¿Es esta democracia una democracia donde todas las instituciones sirven al concepto de que la soberanía radica en el pueblo, o donde las instituciones arrebatan las competencias de la democracia?

Y para eso es muy importante preguntarse cuál es el grado de Seguridad Democrática, el grado de respeto alas libertades públicas, cómo se avanza en materia de cohesión social, cómo se avanza en materia de transparencia y cómo es la relación entre el respeto a la independencia de todas las instituciones y la relación de todas las instituciones independientes, para reconocer los derechos soberanos que la Constitución declara a favor del pueblo.

Yo creo que eso es lo que hay que preguntar, para que los colombianos podamos decir que esta es una democracia de instituciones, de respeto ala soberanía del pueblo, una democracia que construye cohesión social, una democracia que avanza hacia la transparencia, una democracia respetuosa de las libertades públicas, una democracia con un concepto de seguridad redundantemente democrático.

Una prueba bien importante de la semana pasada. Cuánto nos duelen esos atentados de Bogotá. A mí el atentado contra el senador Vargas Lleras me dolió en las entrañas. Y ayer cuando me contaron algunas pesquisas de los organismos de inteligencia en relación con un posible atentado contra el Alcalde Garzón, me dolían las entrañas pensando que esta Colombia no puede dejar afectar el concepto de respeto ala democracia que hemos venido recuperando.

Pero no nos podemos dejar amilanar. Por eso la semana pasada lo que hicimos para reaccionar frente a estos atentados terroristas, después que infortunadamente no tuvimos la capacidad de evitarlos, fue sacar el Gobierno a las calles, al mismo sitio de los atentados, para que los ciudadanos sientan que la solidaridad va a buscarlos y que no tienen que venir ellos a tocar unas puertas perezosas, sin abrirse, de los despachos oficiales.

No podemos dejar que este tránsito de recuperación de confianza y de optimismo en Colombia, se afecte. El ánimo de los colombianos hay que mantenerlo arriba.

¿A qué creo yo que se estaba jugando la semana pasada? Pienso que nos hicieron mucho daño, pero tuvieron dos fracasos. El primer fracaso, no pudieron asesinar colombianos, gracias a Dios. Y el segundo fracaso, no consiguieron el cometido de que el Gobierno suprimiera las manifestaciones.

¿Qué buscaban con unos actos terroristas, 48, 24 horas de las anunciadas manifestaciones de un paro nacional que se planeó con tanto esmero? Que el Gobierno suprimiera esas manifestaciones, para salir a decirle a la comunidad internacional: es un Gobierno fascista, es un Gobierno que criminaliza la protesta.

Pues bien, ¿qué hicimos nosotros? Separamos tajantemente el tratamiento de lo uno, de la reglamentación de lo otro. Al terrorismo hay que enfrentarlo con todo el peso de la autoridad, pero la protesta social hay que respetarla y simplemente exigirle su respeto al orden.

La única limitación que impusimos a las movilizaciones de la semana pasada fue exigirles a los indígenas que para marchar por las carreteras no las podían bloquear.

Inicialmente hubo un enfrentamiento de algunos indígenas en la Virginia (Risaralda) con la Policía, porque quisieron bloquear la carretera, y la orden perentoria del Presidente de la República es que no se podían bloquear las carreteras. Pero después, cuando aceptaron marchas por las bermas, sin interferir la libertad de sus compatriotas de desplazarse por esas carreteras, se permitió la movilización.

Yo creo que para la democracia es bien importante no haber caído en esa trampa. Por eso hay que seguir hablando y practicando Seguridad Democrática. Seguridad para los colombianos todos, independientemente de que tengan identificaciones o sean oposición del Gobierno. Seguridad para los colombianos todos, independientemente de que sean líderes gremiales o sindicales. Seguridad para los colombianos en medio de la profundización de las libertades públicas.

Eso de enfrentar al terrorismo, sin suprimir, sin limitar libertades públicas, tiene que honrar a la democracia colombiana.

Doctor Carlos Delgado, no se le vuelva a ocurrir invitarme a dar un informe sobre algunos temas de la Nación aquí porque me pongo en una contradicción. Por un lado digo: pero si no explico esto, no doy el informe. Y por el otro lado veo todavía estos platos vacíos.

A todos, muchas gracias.

 
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