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HOMENAJE AL SENADOR HERNÁN ANDRADE
Octubre 28 de 2005 (Neiva – Huila)

Compatriotas:

El ejercicio de la Presidencia me ha permitido venir con frecuencia a esta tierra, compartir horas, eventos, inquietudes, dolores y expectativas con ustedes.

El penúltimo de los viajes fue para celebrar el primer centenario de la gran ocurrencia del presidente general Rafael Reyes sobre la creación de este departamento.

Y acudo hoy de nuevo a participar del homenaje a unos de los más destacados huilenses, el senador Hernán Andrade Serrano.

Hemos escuchado esta noche unas intervenciones que consagran este homenaje como un acto de alta política en los términos del doctor Fernando Londoño.

El señor ex gobernador Jaime Losada se refirió a la carrera política del senador Andrade, a sus logros, a las decisiones recientes que se han tomado en las fuerzas democráticas del Huila. Reclamó para que avancemos más en materia de cohesión social y propuso unos sentidos razonamientos sobre el tema del acuerdo humanitario.

Tuve la oportunidad como Gobernador de Antioquia de compartir con el doctor Jaime Losada cuando él era gobernador del Huila, y desde esa época me une a él una estrecha amistad y profeso por él profunda admiración.

Escuchamos al ex ministro Guillermo Plazas Alcid, opita inconfundible, opita atípico, la ilustración en niveles superiores, la audacia con la transparencia y todo con el disimulo de la humildad.

Hace muchos años recorrí este departamento en su compañía, pude descubrir las bellezas, la variedad, la diversidad, las oportunidades del Huila, recorriéndolo con Guillermo Plazas Alcid, quien tan generosamente ha acompañado la acción del Gobierno que presido y quien tan agudamente analiza en cada momento la realidad nacional.

Reclamaba él una atención prioritaria para los 400 años de Neiva, que están por allí cerca de los 400 años de El Quijote.

Escuchábamos a uno de los colombianos de mayor erudición, de más vasta cultura, de más creativa fogosidad, el ex ministro Fernando Londoño Hoyos, hablándonos de la necesidad de una nueva política, de responder con todo el esfuerzo y la capacidad realizadora a la confianza del pueblo, y de hacer el esfuerzo para que esta nueva política tenga como respaldo fundamental la elección de un Congreso excelencia.

Escuchábamos las ponderadas palabras de la señora presidente del Senado Claudia Blum de Barberi, refiriéndose a Hernán Andrade, a la tarea cumplida por el Congreso y llamando a trabajar para que en estos meses finales redondee acertadamente el cumplimiento de su tarea, la agenda que aún tiene pendiente.

Y acabamos de escuchar a quien nos congrega esta noche, al senador Andrade, a quien tanto apreciamos porque en él hemos tenido la compañía en los propósitos superiores de la patria.

Un día lo escuchamos reclamando por los agricultores del Huila, reclamando por el acueducto de Neiva al siguiente, reclamando por el plan vial.

Un día lo vemos en la tarima de lo local, y al otro día visionando los grandes derroteros nacionales.

Andrade, como quienes han hecho grande el Huila, ha sabido alternar bien esa preocupación por lo local, con la asunción de responsabilidades frente a los grandes retos de la Nación.

Esta noche nos han recordado su trabajo legislativo, sus debates, la importancia de las leyes que tienen su impronta, como la Ley 617, que es uno de los episodios más importantes de la vida legislativa de Colombia, y que ha ayudado a que los departamentos pasaran de un déficit de más de un punto del PIB, a un superávit hoy superior a un punto del PIB. Y en semejantes proporciones para que se diera también ese gran alivio que empiezan a sentir los municipios.

Yo quiero simplemente decir que Hernán Andrade es un patriota con inteligencia, con preparación, con energía, con honradez y con valor civil.

Mi relación con él no se ha dado en clubes sociales, ni en tertulias en lugares seguros, ni tampoco convocados por cócteles. Mi relación con él se ha dado visitando el Putumayo o el Guaviare, o enfrentado los problemas del Huila, o de cara a las grandes angustias de la patria.

Cuando llego a Puerto Asís y encuentro a Hernán Andrade, y al otro día me acompaña a San José del Guaviare, o a los nuevos departamentos, o está presente en las horas de dificultad del Huila, eso me hace decir: Hernán es un político con aquello tan importante, con valor civil, un político corriendo, sin preocuparse, sin angustias, todos los riesgos personales en función de los superiores intereses de la comunidad.

Y es un compañero necesario en el curso de la patria, en el sueño de una Colombia democrática, pluralista, una Colombia cuyo jardín de las ideas sea un jardín de diversidad, sea un jardín de contradicciones para la armonía, una Colombia sin exclusiones, pero sin odios, una Colombia consciente de que es tan grave una sociedad regida por los odios, como una sociedad indiferente frente las exclusiones.

Una Colombia en permanente debate, pero no en debate ácido, no en debate para infligir heridas, no en debate de antagonismos insuperables. Una Colombia en debate, pero debate solidario, debate creativo, debate siempre con la vocación de construir el consenso, de desarrollar con espíritu innovativo nuevas opciones, de encontrar soluciones a los graves problemas de la patria.

Hernán Andrade es un compañero irremplazable, insustituible, para el trabajo cotidiano a favor de la patria y para la visión de largo plazo de la patria.

Es la visión de Colombia que queremos construir para el año 2019, cuando estaremos cumpliendo los 200 años de la Batalla de Boyacá, de vida independiente, fecha para la cual Hernán Andrade estará en la plenitud de su madurez intelectual.

La patria necesita visión de largo plazo y trabajo cotidiano. La visión de largo plazo construida democráticamente ayuda a producir ese sentimiento de adhesión a las instituciones que los políticos contemporáneos denominan gobernabilidad.

La visión de largo plazo genera confianza en el puerto que se está buscando. La visión de largo plazo estimula el trabajo cotidiano, porque todos los ciudadanos saben para donde reman. La visión de largo plazo construida democráticamente se constituye en el hilo que va uniendo a un ciudadano con el otro, para formar ese bello todo colectivo que se denomina Nación.

Pero ahí también es bien importante el trabajo cotidiano, el esfuerzo por lo pequeño y por lo de todos los días. Porque si éste no se da, la visión de largo plazo deja de ser una ilusión, se va desvaneciendo como quimera y termina convertida en frustración.

El país necesita el trabajo esforzado de todos los días, acompañado de una visión de largo plazo.

El pasado lunes, en un Consejo de Ministros con los gobernadores, presididos por el distinguido gobernador del Huila y noble amigo, Rodrigo Villalba Mosquera, invitaba a los gobernadores de la Patria a que cada departamento constituya su anexo, lo construya democráticamente, sobre esa necesidad de la Nación, que es la visión de largo plazo.

Visión de largo plazo que se hace más necesaria cuando el doctor Fernando Londoño Hoyos, en esa inteligentísima intervención de esta noche, nos proponía grandes desafíos que tienen que constituirse en esperanzas de la Patria, y que no tienen camino diferente a obtenerlos que el esfuerzo de todos nosotros.

Y también Hernán Andrade es un compañero insustituible para la construcción de credibilidad nacional ante propios y extraños.

La Patria, para honrar su pasaporte, para reivindicar las virtudes de su ciudadanía, para la credibilidad internacional y la confianza interna, necesita, a mi juicio, tres elementos: la seguridad con su acepción, su significado, su práctica democrática; el cumplimiento de las metas sociales del milenio, y la derrota de la corrupción.

Las metas sociales del Milenio son inaplazables, no podemos pedir extensión de plazos, ni merecemos que nos den extensión de plazos. Hay que cumplir las metas sociales del Milenio. Tiene que ser esto una determinación fundamental.

Veo con optimismo que vamos a cumplir esas metas en educación. Por ejemplo en educación básica necesitamos un ciento por ciento de cobertura, como lo exige la meta. Estamos en el 91 y lo vamos a lograr.

Pero no nos podemos quedar allí, hay que superar esa cobertura en educación básica con cobertura universitaria, con capacitación técnica, con pertinencia, con calidad, con ciencia, con tecnología.

Las sociedades democráticas necesitan un elemento fundamental para la respetabilidad popular en las instituciones democráticas: que haya movilidad social, que los hijos de los pobres no sean condenados a ser pobres, que el capital del conocimiento esté al alcance de todos como expresión de la igualdad más importante, de la única que ha conocido la historia de la humanidad, de la igualdad por la que hay que luchar: la igualdad de oportunidades.

La meta social del Milenio en materia educativa está entrañablemente unida a lo que llamamos en nuestras siete herramientas de equidad la Revolución Educativa, alrededor de la cual giran las otras herramientas de equidad, como quiera que para que el país sea equitativo en el ingreso y en la propiedad, para que el país sea de igualdad de oportunidades, para que sea de alta productividad y de competitividad, tiene que mantenerse en una revolución educativa permanente.

Las metas sociales del Milenio, como las metas de salud, estamos obligados a alcanzarlas. Hemos avanzado mucho en la disminución de los índices de mortalidad infantil y de mortalidad de madres al momento de dar a luz, pero hay regiones bastante atrasadas.

El reto es igual por arriba las metas nacionales, y poderle decir al mundo que hemos cumplido esa meta del Milenio.

Cuando empezó este Gobierno, 10 millones y medio de colombianos estaban vinculados al Régimen Subsidiado de Salud; este año terminamos con más de 18 millones. Pero tenemos que llegar muy, muy rápidamente a una plena cobertura en seguros de salud para los estratos uno, dos y tres de la población, los más pobres.

Suman 26 millones de colombianos, suponemos que hay 4 millones en el Régimen Contributivo de Salud. Al terminar este año, con 18 millones en el Régimen Subsidiado, nos faltaría subsidio de salud para 4 millones de colombianos de los sectores más pobres.

Los esfuerzos que se están haciendo en el Congreso y en el Ejecutivo, la ley recientemente aprobada por el Senado de la República, a consideración de la Cámara, todo ello nos puede permitir que en dos años Colombia le pueda decir al mundo que ha logrado plena cobertura en seguro de salud para los estratos uno, dos y tres de su población.

¿Cuánto honraría la credibilidad en nuestra democracia cumplir esta meta y anticiparnos así a otra meta social del Milenio?

Por supuesto que tenemos desafíos. A mí me preocupa muchísimo ver que no tenemos la misma seguridad para el cumplimiento en la meta de saneamiento básico. Solamente el desafío del acueducto de Neiva pone muchísimas dudas sobre la exigencia de cumplir esa meta. Vamos a proponernos esa tarea, hay que sortear muchas dificultades.

Cuando se discutía la Ley 715 sobre transferencias, finalmente hubo en el Congreso dos tendencias: la una que quería dejar esos recursos libres para que departamentos y municipios definieran su destino; y la otra, la que finalmente impuso su mayoría, que definió dedicar un porcentaje importante de las transferencias al saneamiento básico, que en el presupuesto de este año equivalen a 900 mil millones.

Se han aplicado recursos cuantiosos, pero no ha habido un beneficio proporcional. Han crecido los recursos, pero no ha crecido la cobertura de agua potable, no ha crecido la cobertura en saneamiento de aguas residuales.

Bogotá, Medellín y Cali, los tres grandes focos contaminantes, tienen que hacer un esfuerzo de mostrarle al país su compromiso para avanzar en saneamiento básico.

Gobiernos departamentales, locales y el Gobierno Nacional, nos tenemos que dar a la tarea de lograr que el país cumpla estas metas.

Pero miren: si hay alguna meta que ha sido obstaculizada por la corrupción, es esta meta de servicios públicos. Si no derrotamos la corrupción definitivamente, no habrá confianza para invertir en Colombia, los jóvenes no tendrán motivos para creer en las instituciones de nuestra Patria, no habrá recursos, por cuantiosos que se destinen, suficientes para poder atender las necesidades de reivindicación de los pobres.

Cuando pienso en esa meta, la meta de saneamiento básico, la uno con un imperativo necesario para la sociedad colombiana: la derrota de la corrupción.

El doctor Fernando Londoño Hoyos se refería esta noche a la necesidad del crecimiento económico. Hemos mejorado, pero estamos inconformes.

Hace unos pocos años la inversión privada se había reducido en Colombia a un 6 – 8 por ciento del PIB (Producto Interno Bruto), el año pasado estuvo en el 12, podemos terminar este año con el 15, pero estamos inconformes, tenemos que acelerar el paso para llegar al 25.

Hace pocos años la inversión extranjera directa se había reducido en Colombia a 500 millones de dólares por año, el año pasado el Banco de la República registró 3.015 millones de dólares. Este año, sin sumar permutas de acciones, puede superar los 5 mil millones de dólares, pero estamos inconformes, necesitamos mucho más.

A pesar de que esa inversión extranjera directa está no solamente concentrada en el sector de los hidrocarburos, sino que, para bien de Colombia, está llegando a muchos sectores de la economía.

Cuando empezaba este Gobierno, el ministro Juan Luis Londoño, que en paz descanse, me decía: Presidente, no vamos a tener éxito en la revisión del desempleo.

¿Por qué Juan Luis? Me dice: porque ha crecido tanto, en tan breve período de tiempo, que tiene una fuerza inercial que lo va a llevar a niveles del 25%.

Sí. En el año 2000 el país tocó el 20% de desempleo, cuando 6 años atrás solamente se había tenido el siete y medio. En desempleo de jefes de hogar, el país rápidamente saltó del 4 al 10%.

Esa es la más grave de las expresiones del desempleo. Porque cuando el jefe de hogar pierde el empleo, la cónyuge entra en desespero, tiene que abandonar los niñitos en el hogar, saltar desesperadamente al mercado de trabajo, y esa pérdida de empleo en los jefes de hogar es una de las causas eficientes de la deserción escolar.

El mes pasado el desempleo se situó en el 11,3. Pero no podemos estar conformes con ese desempleo del 11,3 y con ese subempleo tan alto.

Si la economía sigue recuperándose, confiamos que en diciembre de este año el desempleo esté en el 10. No podríamos anticipar que en el año 2006, en promedio mes a mes, esté en el 10, pero si seguimos trabajando con tesón y acertamos, con la ayuda Dios, en el año 2007 Colombia pueda tener un desempleo promedio mes a mes del 10 o por debajo.

No para que esté conforme, sino para que siga la tendencia de construcción de empleo digno, estable, bien remunerado para nuestros compatriotas.

En todos esos desafíos la ayuda de la inteligencia, del carácter, de la personalidad de Hernán Andrade, es fundamental en las instituciones democráticas de la patria.
Y vamos, apreciados compatriotas del Huila, a seguir esta tarea.

Aquí mencionaban el tema de Familias en Acción, un gran programa de nutrición vinculado a la educación. Lo consiguió la administración presidencial anterior, lo ha implementado este Gobierno. Vamos a terminar este año este año con 500 mil Familias en Acción en 700 municipios de la patria.

Pero no estamos conformes. El año entrante vamos a hacer el esfuerzo para que sean 650 mil Familias en Acción, y rápidamente el país tendrá que llegar a un millón de Familias en Acción, para que ese subsidio garantice la asistencia escolar de los hijos de las familias más pobres y adecuados niveles de nutrición.

Otros programas tan importantes como el programa de Familias Guardabosques. Tenemos apenas 33 mil en Colombia. El Huila participa con un buen porcentaje.

Las circunstancias presupuestales no nos han permitido seguir creciendo, pero en la medida que recuperemos la economía agrícola, se crearán condiciones para que estos programas salgan adelante.

Si continuamos en el camino de la derrota de la corrupción y de la recuperación de la economía, con gran conciencia social, vamos a poder ver aumentos sustanciales en los programas del Sena, de Bienestar Familiar.

Cuando empezó este Gobierno, Bienestar Familiar tenía 6 millones 100 mil usuarios, vamos a terminar el año con cerca de 10 millones.

Hemos creado programas nuevos, como el programa de alimentación para niñitos menores de 5 años, que ya está ajustando un millón 6 mil usuarios.

Como el programa de atención de adultos. Este año terminaremos con 190 mil ancianos recibiendo un subsidio monetario y 400 mil ancianos recibiendo una comida al día.

Pero ni lo uno ni lo otro son suficientes, nos declaramos inconformes.

Sí, hemos aumentado medio millón los beneficiarios de los restaurantes escolares, trabajando con gobernadores, alcaldesas y alcaldes, pero nos declaramos inconformes, necesitamos resolver totalmente los problemas de la miseria y de la pobreza del hombre y de la mujer colombiana.

Esa tarea de las metas sociales del Milenio, la ubico en un parámetro necesario para que una democracia sea una democracia moderna, el de la cohesión social.

Yo no creo que podamos seguir dividiendo las democracias entre democracias de izquierda y de derecha. Eso estaba bien para la época en la cual había dictaduras militares que confrontar en América Latina. Pero hoy, cuando todo el mundo gira alrededor del respeto a la regla democrática, ha quedado rebasado por los acontecimientos de la política el viejo concepto de dividir a los pueblos entre pueblos de izquierda y de derecha.

Además es polarizante esa división, como se demostró recientemente para elegir al Secretario General de la OEA, y no es sostenible en términos prácticos.

Una periodista internacional me preguntaba hace algunas semanas: Presidente, el Gobierno de Colombia se tiene que sentir muy mal en América Latina, porque América Latina tiene una tendencia de gobiernos de izquierda y usted preside un gobierno de derecha.

Y le dije: creo, señorita, que esa división no es práctica. Y le hice esta pregunta: dígame usted una actuación del Gobierno del Presidente Lula para que lo califiquen de izquierda y una actuación del Gobierno que presido para que lo califiquen de derecha. Y enmudeció.

Entonces siguió nuestro diálogo y le dije: ¿por qué insiste tanto en el tema? Y me contestó: porque soy de izquierda.

Le dije: dígame usted por qué es de izquierda. Y enmudeció.

Esa vieja clasificación está pasada de moda, la utilizan unos para auto-exaltarse y otros para desacreditar a sus émulos en la competencia de la política.

Lo que hay que buscar, apreciados compatriotas del Huila, es una democracia moderna, una democracia que derrote el terrorismo, una democracia que derrote las drogas ilícitas, una democracia que derrote la corrupción, una democracia que reivindique a los pobres, una democracia que estimule el debate fraterno y creativo.

Hay que buscar en la democracia, no de caudillos caprichosos, sino de líderes constructivos, gentes con liderazgo constructivo como Hernán Andrade.

Una democracia regida por el ordenamiento jurídico, por el debate permanente. No una democracia regida por la imposición de los violentos.

Y entonces para saber si esa democracia es incluyente, moderna, de liderazgo constructivo, hay que calificarla a la luz de cinco parámetros: la Seguridad Democrática, el respeto a las libertades públicas, la cohesión social, la transparencia y el respeto a las instituciones independientes. La primera de las cuales, por supuesto, es la expresión democrática del pueblo.

Y allí entra ese tema de la cohesión social, al cual nos venimos refiriendo. Diría que la cohesión social es el camino para hacer el tránsito de la Seguridad Democrática a la paz. Y allí entra el tema de las libertades y el tema de las instituciones y el tema de la transparencia y el tema de la Seguridad Democrática.

¿Por qué Seguridad Democrática? Para hacer una diferencia con períodos recientes de la historia y para proyectar el futuro de Colombia. Democrática, porque la nuestra no es la seguridad que se quiso imponer en el continente con la doctrina de la seguridad nacional para suprimir libertades para acallar a los disidentes, para maltratar a la oposición.

La nuestra es para honrar las libertades públicas, es para proteger por igual al campesino que al empresario agrícola, al líder sindical que al líder empresarial.

La seguridad nuestra es democrática, porque es para proteger por igual al más entusiasta defensor de las tesis de gobierno que al más duro crítico de las tesis de gobierno.

Ese compromiso democrático con la seguridad amerita que los colombianos continúen acompañando y que todos los días acompañen más de fondo la decisión de la Seguridad Democrática.

Sé que falta mucho. Hablo con mis compatriotas del Huila y me dicen: Presidente, cuidado que están extorsionando en Neiva.

Capturamos unos extorsionistas en Neiva y me cuentan: cuidado, que como los están presionando en el Cauca se han venido al suroccidente del Huila.

Presidente, se habían superado unos retenes en las carreteras que van de La Plata y de Isnos al Cauca, y ya se han restablecido por la guerrilla.

Presidente, sí, está funcionando bien en Balsillas el contingente del Ejército que allí se desplegó, pero cuidado con los problemas de Algeciras, etcétera.

Esta batalla es una batalla dura, pero en ella no se puede claudicar. Ningún triunfo superior obtienen los violentos que cuando los gobiernos y los pueblos se fatigan de luchar por derrotarlos.

La gran derrota de la violencia es la persistencia de los gobiernos y de los pueblos en derrotar el terrorismo. Persistencia es el arma secreta para el triunfo.

Mañana en Pitalito, a tiempo que estemos en el Consejo Comunitario, examinando temas grandes y pequeños de la comunidad huilense, las Fuerzas Militares estarán también escuchando al pueblo del Huila sobre sus quejas en materia de seguridad.

Y déjenme decir, apreciados compatriotas del Huila, que la Seguridad Democrática no se opone a la paz. La Seguridad Democrática es el camino de la paz.

Si los sectores violentos todavía tienen reclamos políticos, sociales y económicos, la seguridad con su alcance democrático es la garantía de que los puedan hacer en plena actitud de respeto a la Constitución.

Deberían pensar los colombianos que persisten en el terrorismo, que la Seguridad Democrática es la gran garantía para que ellos se incorporen sin riesgos a la vida constitucional de Colombia.

Esta reflexión la quiero sembrar en el Huila, una de las tierras de la patria más golpeadas por la violencia: la reflexión de que la Seguridad Democrática no es la antítesis de la paz, no es el obstáculo de la paz, sino el camino de la paz.

Y lo importante no es que lo diga la expresión del Gobierno, sino que lo procese el raciocinio popular y que llegue al oído de los violentos.

Qué mejor garantía, si su pretensión es trabajar por modificaciones a la vida económica y social y política de la Nación, que tener un esquema de seguridad que proteja la expresión de las ideas, que proteja la sana emulación de la democracia.

La Seguridad Democrática con cohesión social puede ser un gran puente para llegar a la paz. Y la paz que tantos colombianos reclaman por la vía negociada y que yo desearía, fundamentalmente como padre de familia, todos la queremos. Cuánto antes, mejor.

Yo quiero decir desde Neiva a los violentos que nuestra decisión no es permitirles que lleguen al poder por la vía de las armas, pero sí es nuestra decisión invitarlos a que depongan las armas y a que ejerzan todas las garantías para poder trabajar en la emulación de la democracia.

La paz, como nosotros la concebimos, no es una claudicación para que ellos se tomen el poder. ¿Entonces qué ofrecemos para la paz? Garantías democráticas para que ellos depongan las armas y compitan, si es que tienen mensaje, ideas, ilusiones y vocación por la patria.

El doctor Jaime Losada se ha referido esta noche al acuerdo humanitario. Para mí el tema sí que es difícil, porque pertenezco a ese 50 por ciento de las familias colombianas directamente afectadas por este terrorismo, enlutadas, doloridas.

Para mí el tema sí que es difícil, porque por un lado brotan los sentimientos de solidaridad con mis compatriotas entristecidos por el secuestro, y por otro lado mis responsabilidades con el Estado.

Apreciados compatriotas, era yo candidato a la Presidencia y dije: para haber un acuerdo humanitario, tiene que reiniciarse un proceso de paz a partir de un cese de hostilidades.

Lo repetí en las primeras semanas del Gobierno, después me reuní con el secretario de Naciones Unidas, Kofi Annan, con el Presidente de Francia, con familiares de los secuestrados, y me pidieron, y acepté, que separara la aspiración de un proceso de paz de la posibilidad de un acuerdo humanitario.

Hemos autorizado a muchos compatriotas, personas naturales y muchas instituciones, a realizar tareas de facilitación. Instituciones nacionales e internacionales.

¿En qué estamos hoy?

El Gobierno tiene dos elementos esenciales. El primero, que no haya zonas de despeje, y el segundo, que los guerrilleros que salgan de la cárcel no vuelvan a delinquir.

¿Por qué que no haya zona de despeje? Porque este país, que se sintió despejado por la presencia de las instituciones, también se sintió copado por el terrorismo.

A mí me dicen los campesinos colombianos, me lo decían esta mañana humildes moradores de Florida en el Valle del Cauca, donde inaugurábamos la primera planta de producción de alcohol carburante: “Presidente, no despeje”.

La gente se sentía en una ausencia de instituciones y en una presencia dominante de grupos terroristas, y ahora la gente colombiana lo que quiere es tener la tranquilidad de que las instituciones acudan a defenderla.

Despejar es un contrasentido, despejar es reversar.

Si la razón del despeje es darle seguridad a la guerrilla, ¿por qué hay que darle seguridad a la guerrilla, al precio de negarle seguridad al pueblo que vive en esas zonas?

Por eso he dicho: no al despeje. Pero no es un no irracional, no es un no fundamentalista, es un no con alternativas.

Hemos ofrecido un sitio, hemos ofrecido una embajada, hemos ofrecido la sede de la Nunciatura en Bogotá, hemos ofrecido cualquier sitio en la Colombia urbana o en la Colombia rural.

Y que los guerrilleros que tengan que ir a ese sitio, sean conducidos hasta él en condiciones que les den total seguridad, por organizaciones nacionales o internacionales que ellos mismos sugieran. Y que mientras estén negociando en ese sitio, esas mismas organizaciones les garanticen plenamente la seguridad y que cuando termine esa negociación, los regresen al sitio de origen.

Esto es un sitio con todas las condiciones de seguridad. Yo creo que es una propuesta lógica como alternativa a aquello que el Gobierno ha dicho, con razones, sin caprichos: no al despeje. También tenemos un segundo punto, apreciados compatriotas del Huila, cual es el de exigir que los guerrilleros que salgan de la cárcel no vuelvan a delinquir. Hay 1.700 compatriotas, entre policías y soldados, que han resultado en los últimos años mutilados por las minas antipersona de estos grupos terroristas.

¿Ustedes se imaginan qué piensa un soldado con su pierna perdida, arrasada, mutilada por una mina antipersonal, que se encuentra en un proceso de adaptación a una prótesis, en un batallón de sanidad, de hospitales militares, al oír la noticia de que los guerrilleros fueron liberados para volver a delinquir?

La verdad es que la Fuerza Pública no necesita solamente más hombres y más armas y más aviones, sino voluntad política de sus dirigentes civiles.

Y este Gobierno tiene que tener toda la voluntad política hasta el último momento, y la voluntad política tiene también que comunicarse a la Fuerza Pública con motivación.

Yo estoy íntimamente convencido que si los guerrilleros en virtud de un acuerdo humanitario salieron de la cárcel para volver a delinquir, eso se constituye en una gran desmotivación y en una gran desorientación a la política de Seguridad Democrática.

Yo dije a la Iglesia, uno de nuestros primeros facilitadores, que los guerrilleros que salieran de la cárcel se fueran a Francia, lo había consultado con el Gobierno de Francia y la Iglesia me dijo: “Presidente, no aceptan”.

Dije: Obispos, entonces busquen una alternativa, que nos garanticen que no vuelven a delinquir.

Y a los meses se dijo que aquellos que salgan de la cárcel, o se vayan al extranjero en garantía de que no van a regresar a delinquir en las filas de las Farc o que entren a un programa de reinserción.

El tema es este: que nos garanticen que aquellos que salgan de la cárcel no vuelvan a delinquir.

Yo no tuve inconveniente en abrir las puertas de la cárcel para que Francisco Galán del ELN saliera, pero él ha salido a disfrutar la libertad. No para reintegrarse a delinquir con el ELN sino para buscar la paz.

Yo no tendré inconveniente, doctor Jaime Losada, y lo digo con toda solidaridad, en facilitar la liberación de unos guerrilleros para que se dé un acuerdo humanitario, pero que no vuelvan a delinquir.

Que nos den la garantía eficaz de que no vuelvan a delinquir, permaneciendo en Colombia en un proceso de reinserción o en el extranjero.

Que les demos todas las facilidades para que estudien, trabajen, hagan política, para que realicen plenamente su existencia, pero que no vuelvan a delinquir. Estos son los dos puntos, apreciados compatriotas.

¡Qué bueno que en algún momento, más temprano que tarde, pudiéramos decir que estamos haciendo el tránsito de la Seguridad Democrática a la paz negociada!
¡ Qué bueno que en un momento, más temprano que tarde, pudiéramos decir: estamos ya asistiendo a la liberación de los secuestrados!

El Gobierno tiene esa voluntad, pero, déjenme decir, yo no puedo ocultarles a ustedes que tengo con esta Patria el compromiso interior, en las raíces de mi ser, de no ablandar la voluntad de la derrota del terrorismo en ninguna de las horas del Gobierno, que el pueblo me ha permitido presidir.

Esa voluntad férrea contra el terrorismo nos tiene que llevar, nos tiene que llevar a que propios y extraños crean en esa política.

Nos conducirá a que la sigan auspiciando compañeros como Hernán Andrade, y que en algún momento más tarde la entiendan nobles colombianos de la oposición como Jaime Dussán, que generosamente nos acompaña esta noche.

Yo tengo un sentido de apreciación de mis compatriotas, creo en la deliberación y en el debate, pero con afecto, con fraternidad. Siento algo que he dicho: compatriotas en el acuerdo y compatriotas en el desacuerdo.

Si persistimos en esta política, logrará crear un consenso ante los colombianos, que será el mejor camino para el acuerdo humanitario y para los acuerdos definitivos de paz.

Hernán, gracias por lo que ha hecho por esta tierra del Huila. Por su conducto me comprometo ante sus coterráneos a luchar con todo el afecto por las aspiraciones que ustedes a diario presentan.

Confío que al negociar el TLC, a los sectores agricultores de la Patria les podamos dar la noticia de un tratamiento equitativo.

No estamos luchando por el TLC por razones ideológicas, no estamos luchando por el TLC por razones de dogmas; estamos luchando por el TLC porque necesitamos acceso a mercados, porque si nosotros tuviéramos una economía de excedentes petroleros, seguramente no necesitaríamos estos acuerdos de comercio, porque los mercados arrebatan el petróleo sin que haya que negociar tratados de comercio.

Pero tenemos una agricultura, una economía agrícola que necesita mercados, una economía manufacturera que necesita mercados, tenemos una economía caracterizada por unos productos que necesitan mercados.

Comprendo las angustias del pueblo del Huila, y antes de que empiece la última ronda de negociación, el Gobierno va a realizar un Consejo Comunitario, ya en los próximos días, ordenado, para que todos los sectores de la producción y de los servicios manifiesten allí sus inquietudes, antes de la ronda final del TLC.

Hernán, siga trabajando por esta tierra.

Apreciados compatriotas del Huila, la reiteración de mi afecto y del compromiso con esta gran tierra de la patria.

 
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