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Durante suscripción de Acuerdo sobre Minas Antipersonales

DISCURSO DEL SECRETARIO GENERAL DE OEA

Bogotá, 5 mar (CNE). El siguiente es el texto del discurso pronunciado hoy por el secretario general de la OEA, César Gaviria Trujillo, durante la firma del Acuerdo de Cooperación y Asistencia Técnica relativo al Plan de Acción Integral contra las Minas Antipersonales, suscrito con el Gobierno de Colombia.

“Es doble mi honor y mi orgullo como colombiano y Secretario General de la OEA, el estar hoy aquí en presencia del presidente Álvaro Uribe, del vicepresidente Francisco Santos y de tan distinguido auditorio, para refrendar el acuerdo de cooperación entre Colombia y la Organización de Estados Americanos para fortalecer el Plan Nacional de Acción Integral contra las Minas Antipersonales en Colombia.

No es en modo alguno casual que estemos hoy en la sede de la Vicepresidencia. Usted, señor Vicepresidente Santos, ha jugado un papel esencial en la forjación de este Acuerdo.

Hay incontables historias que sirven de relato viviente de la terrible historia de las minas antipersonales. Todos los días mueren niños en algún lugar de Cambodia, Nicaragua o Colombia, al pisar una mina, mientras juegan al lado de una trocha veredal o camino a sus escuelas. El año pasado cerca de 23 mil personas fueron víctimas de las minas, en su mayoría civiles, a lo largo y ancho del mundo.

Hoy por hoy existen en el mundo entre 80 y 100 millones de minas sin explotar, agazapadas bajo la tierra, esperando su víctima en una emboscada que a veces demora años. Hay también más de 200 millones de minas antipersonal almacenadas en unos 100 países.

Detener esa infame arma que genera un daño inmenso, cruel y desproporcionado en la mayoría de casos a civiles indefensos, es una prioridad para el Hemisferio Americano. Armas que destruyen de manera igual la vida de un combatiente y la de una madre que recorre el campo en compañía de sus hijos, no tienen ni sentido ni lógica en pleno siglo XXI.

La gigantesca movilización de la sociedad civil que comprometió a más de un centenar de estados por medio de la Convención de Ottawa a no usar jamás de nuevo este instrumento y a destruir sus arsenales de minas, es una conquista de la civilización y de la historia contemporánea. Los esfuerzos para reducir los efectos de la guerra sobre la población civil y por respetar los derechos de los mismos combatientes es una victoria de la humanidad sobre la barbarie.

Este no es, pues, un acto simbólico. Este acuerdo compromete al Gobierno de Colombia y a sus Fuerzas Militares en la lucha contra las minas antipersonales. Es sin duda un acto de extrema valentía del Gobierno, el cual en medio del escenario del conflicto interno que padece el país, ha decidido emprender acciones para evitar poner en peligro a la población civil vulnerable a la acción de estas armas y también ha iniciado la tarea de asistir a los cientos de víctimas inocentes que en los últimos meses aumentan en dos por día el luto en los hogares colombianos.

De igual forma enaltece a las Fuerzas Militares de Colombia, quienes ya han destruido todo su equipo de producción de minas antipersonales. El compromiso adquirido de hacerlo con las minas restantes en un plazo prudente de tiempo es de gran trascendencia, .

Colombia no es un recién llegado al tema del desminado. Desde hace años, el país ha apoyado en forma decisiva el programa de desminado de la OEA en Centroamérica, enviando más de veinticinco militares, entre oficiales y suboficiales, a los países de la región que aún tienen en su territorio miles de minas antipersonales. El programa no sólo ha contribuido a una efectiva acción de remoción de minas sino que ha servido para entrenar a los militares que el día de mañana emprenderán tareas de desminado humanitario en Colombia.

Señor Presidente, señor Vicepresidente, honorable cuerpo diplomático, señores y señoras:

En la OEA ya en 1996 se tomó la decisión de adoptar como meta la eliminación global de las minas terrestres antipersonales y la conversión del hemisferio occidental en una zona libre de ellas. Y desde entonces se hizo un llamado a los Estados miembros para que declararan una moratoria en la producción, uso y transferencia de todas estas minas en el hemisferio occidental. Se ha apoyado a los estados para la remoción de 19.000 minas en Costa Rica, Honduras, y Guatemala.

Tal vez el mayor desafío lo hemos tenido en Nicaragua donde había sembradas por lo menos 100.000. En los últimos dos años, en cumplimiento de los mandatos de la Convención de Ottawa, se han destruido más de 500.000 minas que permanecían almacenadas en los depósitos de Ecuador, Honduras, Nicaragua y Perú.

Hoy nos encontramos aquí reunidos para iniciar de manera conjunta todos –gobierno, comunidad internacional, organismos multilaterales, organizaciones no gubernamentales, fundaciones privadas– la larga batalla para erradicar de Colombia estas minas.

Como quiera que Colombia está aún en medio del conflicto con grupos irregulares y terroristas de diferentes características, somos todos conscientes de que el programa tendrá un alcance limitado. Pero es urgente iniciar programas educativos para alertar y educar a la población y especialmente a los niños sobre los peligros de las minas sembradas en nuestra geografía .

Las campañas de educación preventiva y de sensibilización propiciadas por el Programa han contribuido ya a la reducción del número de víctimas potenciales.

Es tarea también urgente darle continuidad e intensificar los programas de rehabilitación. Las víctimas merecen nuestro apoyo y solidaridad. Usted presidente Uribe da muestras de su gran sensibilidad al dar inicio a este programa.

Para las personas que han sido discapacitadas por las minas, el Programa contempla la posibilidad de apoyar en la rehabilitación física y sicológica de las víctimas, dándoles la oportunidad de recuperar una vida digna y productiva: 450 personas han sido beneficiarias ya de esta ayuda.

La cooperación y asistencia técnica que hoy ofrecemos a Colombia, será proporcionada mediante el entrenamiento de personal nacional para la ubicación, catastro y remoción de minas antipersonales y artefactos explosivos abandonados sin detonar; así como la provisión de equipos especiales y suministros para ese efecto así como a la destrucción de los arsenales .

La dimensión multilateral, el fortalecimiento de las capacidades nacionales, la cooperación cívica-militar y su alto contenido humanitario, han hecho del Programa de Acción Integral Contra las Minas Antipersonal de la OEA, un programa modelo, que no podría llevarse a cabo sin la valiosa contribución de la comunidad donante. Invito a todos los países vinculados a Colombia a contribuir a este programa de tan grande impacto humanitario. Es esta una manera muy importante de expresar su solidaridad y su compromiso con Colombia.

Apreciados amigos:

Yo no podría dejar pasar esta ocasión sin expresarle, señor Presidente, en nombre de la OEA y en la mía propia, nuestra admiración por la lucha sin cuartel que usted ha emprendido contra la violencia y el terrorismo, vengan de donde vengan. Usted esta ejerciendo un liderazgo que sin duda estimula y compromete a nuestras Fuerzas Armadas, que ha permitido conseguir una amplia colaboración ciudadana y que ha generado una vigorosa solidaridad internacional.

Tal vez como en ningún otro momento en las últimas décadas, usted ha logrado que los colombianos adopten como propia su política de seguridad y comparten con usted la idea de que ella es la espina dorsal de la construcción de una Colombia próspera y justa, donde tenga plena vigencia el imperio de la ley, de la autoridad, de los derechos humanos, en fin, de los ideales democráticos que con tanto esfuerzo hemos cultivado en el hemisferio americano.

En la OEA los 34 estados con una sola voz han emitido una vigorosa declaración de apoyo a su gobierno en la lucha contra el terrorismo que repudia y condena tales actos de barbarie.

En particular todos los 34 países han condenado el atentado del Club el Nogal de las Farc y han adquirido un vigoroso compromiso de cooperación para perseguir, capturar, enjuiciar, sancionar y cuando corresponda acelerar la extradición de los perpetradores, organizadores y patrocinadores de ese acto insensato y despiadado.

Tiene también una gran importancia la decisión de denegar refugio y albergue a quienes financien, planifiquen o cometan actos terroristas en Colombia o a quienes les presten apoyo; haciendo notar que los responsables de dar ayuda, apoyo o protección a los autores, organizadores, patrocinadores de estos actos son igualmente cómplices de hechos de terrorismo.

En el marco de la OEA hemos avanzado, más que otras latitudes, en la lucha democrática contra el terrorismo. En junio del año pasado fue aprobada por los Estados Miembros de la OEA la Convención Interamericana Contra el Terrorismo. Los gobiernos americanos tienen ahora una poderosa herramienta de cooperación.

Esta Convención, la primera del mundo en su género, así como la manera como viene trabajando y operando el Comité Interamericano contra el Terrorismo (CICTE), está siendo utilizada como modelo de cooperación y coordinación por parte de las Naciones Unidas .

La agenda del Hemisferio coincide en su totalidad con las preocupaciones y las prioridades de seguridad de Colombia. La resolución del Consejo Permanente del 12 de febrero condenando los actos terroristas en Colombia es un éxito diplomático para el país, gracias a la voluntad y persistencia del Presidente Álvaro y Uribe y el Vicepresidente Santos para que ésta reflejara los intereses de Colombia y el compromiso internacional en la lucha contra el terrorismo.

Apreciados amigos:

Nuestro mayor homenaje a los niños y niñas, mujeres, y hombres, muertos o lisiados por las minas, es hacer realidad el anhelo conjunto de que nunca jamás tales armas vuelvan a ser utilizadas y las tragedias causadas por ellas desaparezcan por siempre y para siempre de Colombia.

Muchas gracias”.

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