Febrero 12

“Hace 20 años tuvimos que dormir en una carpa para poder hospedar a los turistas”

Esta frase demuestra el esmero de los habitantes y empresarios de Nuquí por prestar un buen servicio a los turistas. Ni el inglés ni el alemán se maneja a la perfección en el municipio chocoano, pero es tanta la energía de la gente por mostrar la belleza del Pacífico, que al cabo de unos minutos resultan conversando el idioma que les pongan por delante, explican las autoridades locales.

Nuquí (Chocó), 12 feb (SP). En noviembre de 1987, un grupo de turistas, que días atrás había visitado Bahía Solano, llegó al municipio de Nuquí en busca de una habitación.

Ese día, recuerda Gustavo Posada, gerente del Ecotel Iraka del Mar, “mi mamá, mi papá y mis hermanos tuvimos que dormir en una carpa al lado de la casa”.

Llovía y el agua los despertó. En realidad no pudieron dormir, pero la mejor experiencia fue que atendieron a sus primeros clientes, a sus primeros turistas y a quienes abrieron camino para la llegada de nuevos visitantes.

Los visitantes se quedaron cinco días y cuatro noches. La familia Posada tuvo que fiar los alimentos en la tienda del pueblo, para atender a sus visitantes.

“Ahí arrancamos”. La mayoría de visitantes años atrás eran paisas, afirma Posada.

Sin embargo, la publicidad voz a voz se fue extendiendo por el viejo continente y ahora alemanes, españoles, franceses, canadienses, venezolanos y centroamericanos pasan constantemente por las playas del Pacífico colombiano.

Incluso hace menos de un mes un diplomático francés llegó a Nuquí con el objetivo de quedarse cuatro días.

La sorpresa para los nuquiceños fue que se quedó con toda su familia 15 días, haciendo parte de la familia chocoana. Prueba de ello es que todas las mañanas se levantaba con su esposa a preparar los alimentos en la cocina del hotel, como si fuera uno de los chef con más ganas de aprender sobre la cocina de la región.

“Al turismo extranjero le gusta la tranquilidad, la naturaleza, el contraste entre el verde y el azul del mar, ese es el turismo que buscan los extranjeros”, explica Posada, quien hace más de 21 años llegó a Nuquí con su toda su familia, con el objetivo de generar e impulsar el turismo en la región.

El primero de los Posada en visitar Nuquí fue su hermano, un misionero católico que se preparaba para ordenarse como sacerdote.

“Mi hermano invitó a mi padre, con la tesis de que Nuquí tenía mucho futuro en el ecoturismo”, recuerda Gus, como le llaman los turistas que visitan la región.

Su padre, quien hoy se dedica a direccional las riendas del Iraka del Mar desde Medellín, empezó en una casa alquilada en el municipio, en la cabecera municipal.

En su momento, la familia Posada criticó la decisión del padre y la calificó como un locura, pero hoy celebran la tranquilidad y el amor que les brinda Nuquí, su gente, las autoridades de la región y en especial los forasteros que visitan la región para conocer las maravillas del Pacífico colombiano.

En Nuquí no hay que convencer a los visitantes con palabras. Ellos, con mirar las maravillas del municipio chocoano, se convencen de que están en el paraíso más hermoso del mundo, donde se combina el atardecer con el amor, las olas del mar con el alma y el sol de la mañana con el corazón, explica Posada.

En el libro del alma de los hoteleros de la región, de los dueños de las posadas turísticas y de los nuquiceños, siempre quedará gravada la frase: “Ustedes están viviendo en un paraíso, en un espectacular sitio creado por la mano de Dios, sigan con esa actitud”.

 

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